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El cambio estructural se explica inicialmente por la consolidación de bitcoin como activo dominante.
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Las altcoins no han logrado recuperar los máximos de ciclos pasados en capitalización agregada.
El CEO de CryptoQuant, Ki Young Ju, aseguró que terminó la etapa en la que bastaba lanzar un token con una narrativa atractiva para captar valor. En un hilo publicado en X, el analista sostuvo que el mercado entró en una fase mucho más selectiva, donde la mayoría de los proyectos quedará fuera y solo unos pocos conservarán atractivo de largo plazo.
Según Ju, el mercado está entrando en una fase de selección mucho más estricta, donde solo una pequeña fracción de los proyectos tendrá posibilidades reales de consolidarse. El ejecutivo incluso aseguró que estaría de acuerdo con descartar el 99,9% de las altcoins existentes, aunque matizó que eso no significa que todas carezcan de valor.
El argumento detrás de su postura está relacionado con la evolución del mercado durante los últimos años. Mientras bitcoin ha logrado atraer la mayor parte del capital institucional procedente de las finanzas tradicionales, las altcoins han tenido dificultades para recuperar el protagonismo que alcanzaron durante el ciclo alcista de 2021.

Ju señaló que, pese a los distintos repuntes registrados desde entonces, la capitalización agregada del mercado de altcoins apenas ha conseguido superar sus máximos históricos previos. En contraste, bitcoin ha continuado consolidándose como el principal destino de los nuevos flujos de inversión, especialmente a medida que aumentan los productos regulados y el interés de grandes actores financieros.
A juicio del fundador de CryptoQuant, los cambios macroeconómicos observados en 2026 también han contribuido a esta tendencia. Factores como la política monetaria de la Reserva Federal, la incertidumbre geopolítica y la creciente institucionalización del sector han favorecido a Bitcoin frente a los activos considerados más especulativos.
En ese contexto, Ju sostuvo que muchos proyectos enfrentan un problema estructural: dependen casi exclusivamente de la atención del mercado. Cuando desaparece la narrativa que impulsaba el entusiasmo de los inversionistas, explicó, los tokens que no cuentan con ingresos reales, usuarios activos o equipos capaces de ejecutar una estrategia de crecimiento terminan perdiendo soporte y relevancia.
Las tres apuestas de largo plazo que aún ve viables
A pesar de su visión crítica, Ju no considera que todo el universo de altcoins esté condenado. En su análisis identificó tres categorías que, desde su perspectiva, podrían beneficiarse de la siguiente etapa de maduración de la industria.
La primera corresponde a empresas digitales de alcance global que utilizan tokens como parte central de su modelo de negocio. Como ejemplos mencionó a BNB, vinculado al ecosistema de Binance, y Toncoin, asociado a Telegram. Según el analista, estos proyectos poseen características que los diferencian de la mayoría de las altcoins, incluyendo ingresos tangibles, millones de usuarios y capacidad demostrada para ejecutar productos a gran escala.
La segunda categoría está integrada por protocolos de finanzas descentralizadas (DeFi) que generan ingresos verificables. Ju destacó el caso de Hyperliquid (HYPE), cuyo crecimiento en volumen de negociación durante 2026 considera una evidencia de demanda genuina por parte de los usuarios.
En este segmento, señaló que factores como la reputación de los fundadores, la transparencia y la alineación de incentivos con los poseedores del token serán determinantes para identificar a los proyectos capaces de mantenerse en el tiempo.
Su visión encuentra respaldo en algunas proyecciones del sector. Standard Chartered estimó recientemente que el mercado DeFi podría alcanzar un valor de 2,7 billones de dólares para 2030, como explicó CriptoNoticias, impulsado por la tokenización y la integración de activos tradicionales con infraestructura de redes de contabilidad distribuida.
La tercera categoría identificada por Ju está relacionada con tendencias financieras que ya están atrayendo interés institucional. Entre ellas mencionó las stablecoins, la tokenización de activos del mundo real (RWA) y las acciones tokenizadas.
Asimismo, destacó la infraestructura de la red orientada a agentes de inteligencia artificial como uno de los sectores emergentes con mayor potencial. En su opinión, este segmento podría desempeñar un papel similar al de las compañías tecnológicas que surgieron tras el estallido de la burbuja puntocom y terminaron convirtiéndose en algunos de los grandes ganadores de la siguiente etapa de crecimiento digital.
Un mercado que cambia de reglas
Las declaraciones de Ju reavivan el debate entre quienes defienden que la mayoría de las altcoins carece de utilidad y quienes consideran que aún existe espacio para proyectos alternativos a Bitcoin.
Sin embargo, más allá de la polémica, el análisis apunta a una transformación más profunda dentro de la industria. Durante años, gran parte de las valoraciones del mercado estuvieron impulsadas por expectativas futuras y narrativas especulativas. Ahora, según Ju, los inversionistas empiezan a exigir métricas más cercanas a las utilizadas en los mercados financieros tradicionales: ingresos, adopción, generación de valor y sostenibilidad del modelo de negocio.
Bajo esa lógica, el futuro de las altcoins podría depender menos de la próxima tendencia viral y más de su capacidad para demostrar utilidad económica real. La incógnita para la segunda mitad de 2026 será si estos proyectos logran atraer suficiente capital para competir con el creciente dominio de Bitcoin, los ETF y los productos regulados que continúan captando la atención de los inversionistas institucionales.








