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El fallo dependía del orden en que la wallet revisaba las direcciones.
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Las monedas de BTC seguían intactas en la red, pero el software no las reconocía.
En Bitcoin, la autocustodia, el modelo en el que el propio usuario controla sus fondos sin depender de un tercero, suele resumirse en una idea simple. Quien conserva la clave privada, el código secreto que permite firmar y mover esos fondos, conserva sus bitcoin (BTC). Esa idea es cierta, pero no cuenta toda la historia.
Antes de mostrar un saldo, una wallet de Bitcoin tiene que reconstruir qué fondos, entre todos los que existen en la red, pertenecen a esa clave privada. Esa reconstrucción ocurre en una capa de software distinta de la que guarda las claves, y esa capa puede fallar.
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