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Solo 17,2% de las direcciones en las tablas de nodos corresponde a uno activo.
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La red descubre 27 direcciones de nodo por cada nodo realmente activo.
Un grupo de investigadores de las universidades de Roma Tor Vergata, Camerino, Aalto e IMDEA Networks combinó seis meses de rastreo de las redes de Bitcoin y Dogecoin con una simulación del protocolo Bitcoin Core para responder una pregunta que parece simple: cómo se conecta realmente Bitcoin consigo mismo.
El resultado, publicado en septiembre de 2026, muestra que la red funciona bien precisamente porque nadie —ni sus propios nodos— puede verla completa.
La seguridad de una red suele resumirse en cuánta visibilidad tienen sus participantes sobre ella. Cuanto más se conoce del terreno, se asume, mejor se puede proteger. Bitcoin invierte esa lógica: su diseño impide de forma deliberada que cualquier participante, o cualquier observador externo, construya un mapa fiable de la red completa.
Cada nodo mantiene lo que el estudio llama una tabla de pares: un registro local de direcciones IP que arma con lo que le cuentan sus vecinos, y que nunca revela por completo a nadie que se lo pida. Es, literalmente, una vista parcial y desactualizada de un sistema que no tiene centro.
Esa arquitectura no es un accidente ni una limitación técnica menor. Es el mecanismo central que este estudio pone bajo la lupa, y que permite entender por qué medir Bitcoin con precisión es mucho más difícil de lo que parece.

El engaño de contar nodos por direcciones IP
El hallazgo más contundente del estudio tiene que ver con un ejercicio que se hace constantemente en el ecosistema: contar cuántos nodos tiene Bitcoin. Los investigadores encontraron que su rastreador descubría en promedio 275.000 direcciones por día, frente a apenas unos 10.300 nodos que realmente respondían a un mensaje de verificación de actividad.
Esa proporción de 27 a 1 no es ruido de medición. La simulación del protocolo confirmó que es una consecuencia directa de cómo funciona Bitcoin Core: solo 17,2% de las direcciones almacenadas en las tablas de un nodo corresponde a otro nodo vivo en el momento exacto en que se mide.
El resto son mayormente direcciones de nodos que existen y funcionan, pero que están detrás de un NAT o cortafuegos y nunca aceptan conexiones entrantes. Sus direcciones circulan, se comparten entre vecinos y ocupan espacio en las tablas, pero un rastreador jamás podrá conectarse a ellas para confirmarlo.
Esto tiene una implicación directa para cualquier cifra pública sobre «cuántos nodos tiene Bitcoin»: la mayoría de esos conteos, si se basan en direcciones descubiertas, están sobreestimando la red activa por un margen considerable.
Direcciones fantasma como defensa pasiva
Lo que en un sistema centralizado se consideraría basura acumulada, en Bitcoin funciona distinto. El estudio calculó que la red mundial rota unas 9.200 direcciones nuevas por día, y que cada rotación convierte una dirección en circulación en un «fantasma» permanente mientras el nodo original sigue vivo bajo otra identidad.
Ese desorden constante dificulta que un atacante externo construya, en un momento dado, un mapa útil de qué direcciones corresponden a nodos reales y alcanzables. Es un objetivo que se mueve todo el tiempo, no por azar, sino por el propio diseño del protocolo.
Los mismos patrones aparecieron, casi calcados, al analizar Dogecoin, una red del mismo linaje de código pero diez veces más pequeña. Esa coincidencia descarta que el fenómeno sea un efecto de escala: es una propiedad del protocolo Bitcoin Core, heredada por cualquier cadena que lo use, no un accidente ligado al tamaño particular de una red.
Una arquitectura de núcleo y periferia
El estudio también expone algo que rara vez se discute: dentro de esa niebla de direcciones, existe una capa de nodos mucho más conectada que el resto. Los nodos alcanzables representan apenas 16% de la red simulada, pero concentran 58% de todas las conexiones existentes.
| Tipo de nodo | Proporción de la red | Participación en conexiones |
|---|---|---|
| Alcanzable | ~16% | 58% |
| No alcanzable (tras NAT) | ~84% | 42% |
Esa desigualdad no compromete la resiliencia de la red; la sostiene. Los nodos alcanzables funcionan como un núcleo que absorbe la carga de conexión de una periferia mucho más amplia mientras mantiene la propagación de bloques y transacciones funcionando con normalidad.
Opacidad y robustez no son fuerzas opuestas
Pese a que la mayoría de las entradas en las tablas de los nodos son inútiles para conectar con nadie, la red simulada mantiene un diámetro de apenas 5 saltos entre cualquier par de nodos, y un componente conectado que abarca 99,72% de la red en promedio.
Ese dato desmiente la intuición de que un sistema tan «sucio» de información debería ser frágil o lento para propagar datos. La conexión efectiva de Bitcoin no depende de que las tablas estén limpias, sino de que los nodos prioricen conectarse con direcciones recientemente verificadas.
Es una distinción importante para quien intente evaluar la seguridad de la red desde afuera: la cantidad de datos visibles sobre Bitcoin dice poco sobre su vulnerabilidad real, porque el sistema fue diseñado para que esos datos nunca sean del todo confiables.
Bitcoin no necesita que nadie vea su red completa para que funcione con normalidad. La opacidad de sus tablas de pares no es un defecto que el protocolo tolera a pesar de sí mismo: es una capa de defensa tan deliberada como cualquier otra regla escrita en su código, y una prueba más de que en este sistema, ver menos no equivale a proteger menos.









