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Buterin detalla el camino y asegura que Hegotá será la última actualización “normal”.
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Después la actualización, el consenso cuántico seguro impulsará una nueva arquitectura.
Vitalik Buterin publicó este 27 de septiembre un ensayo en el que plantea un cambio de paradigma: Ethereum ya no debe pensarse únicamente como una «blockchain» al estilo de Bitcoin. Según el cofundador, la red se dirige a convertirse en lo que denomina «la computadora criptográfica mundial».
El desarrollador habla de un nuevo sistema que, a su juicio, combina las ideas originales de Satoshi Nakamoto con herramientas criptográficas maduras que ni siquiera existían en 2009.
El texto compara punto por punto el diseño de Bitcoin de 2010 con la red Ethereum de 2015 y la red actual. Y de ahí, proyecta que, para 2030, casi todas las propiedades fundamentales de la red serán transformadas.
La publicación destaca que todo esto será posible porque la criptografía moderna —especialmente las pruebas de conocimiento cero— permite algo que en la década de 2010 era imposible: descentralizar no solo por robustez, sino también para ganar escala y privacidad.
Para el Buterin, el camino hacia ese destino ya está en marcha en Ethereum, pues PeerDAS (el sistema de muestreo de disponibilidad de datos entre pares) marcó el inicio real de la transición. Es así porque permite a los nodos verificar la disponibilidad de datos mediante muestreo, en lugar de descargar y reejecutar todo el bloque.
Se trata de una mejora, ya activa, que reduce drásticamente los requisitos de hardware y prepara el terreno para una verificación basada en SNARKs (prueba de conocimiento cero).
El siguiente hito concreto es Hegotá, la actualización planeada para el próximo año, cuyas propuestas han sido reportadas por Criptonoticias.
Según el ensayo, será el último «fork normal» de Ethereum, con características todavía reconocibles para alguien que conociera la red en 2015. A partir de ahí, la transformación se convierte en la narrativa principal: llegada de STARKs recursivos, verificación formal automatizada, algoritmos de consenso altamente optimizados y medidas para hacer todo el sistema resistente a computadoras cuánticas.
En paralelo, los equipos también trabajan en dos frentes técnicos clave:
- El primero es hacer las pruebas de conocimiento cero lo suficientemente eficientes y seguras. Buterin señala que esta complejidad está «encapsulada» y ya se optimiza con herramientas de inteligencia artificial.
- El segundo, más sistémico, es gestionar y paralelizar el acceso a grandes volúmenes de estado.
Adicionalmente, existen varias propuestas en el horizonte que todavía deben refinarse según las aplicaciones que realmente se construyan.
Dinámica distinta para desarrolladores
El diseño también cambia los incentivos para los desarrolladores. En la arquitectura futura, el mismo volumen de computación costará mucho más si se concentra en una transacción serial opaca, y mucho menos si se organiza en dependencias bien encapsuladas que puedan paralelizarse o agregarse antes de entrar al bloque final.
Con el tiempo, esto empujará a las aplicaciones a publicar on-chain solo la información esencial sobre cambios de estado no conmutativos y a agregar el resto fuera de la cadena.
Buterin insiste en que la descentralización deja de ser únicamente un costo de seguridad, y gracias a la criptografía moderna se convierte, en ciertos casos, en una ventaja de rendimiento y privacidad. La red distribuida puede almacenar y procesar datos en paralelo y ocultar metadatos de formas que los sistemas centralizados no logran.
De esta forma, el resultado proyectado para 2030 es una capa de computación de alta seguridad, más barata, escalable y privada que cualquier cosa posible con la tecnología de la era anterior.
Ya no se trata solo de un libro contable donde se vuelca información, sino de una arquitectura que combina blockchain, criptografía avanzada y componentes descentralizados fuera de cadena.
Esa es, en sus palabras, la «computadora criptográfica mundial». Una propuesta que, de acuerdo con el debate que se generó en redes sociales, es positiva, aunque con matices. Mientras muchos usuarios celebraron la visión como un salto cualitativo más allá del modelo blockchain tradicional, algunos cuestionaron la «economía política» de esta computadora mundial.
Una de las grandes dudas que manifestaron los comentaristas de X es si, tras Hegotá, debería dejarse de decir a los desarrolladores de aplicaciones que «escriben para una blockchain». La respuesta solo la dará el tiempo. Habrá que esperar.











