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Redes criminales manipulan el pánico de las familias mediante identidades suplantadas.
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Las alertas por mensajes falsos ya se extienden a familiares de las víctimas en el extranjero.
Las primeras horas posteriores a una catástrofe natural suelen medir el alcance de la solidaridad humana, pero también activan la urgencia de quienes se lucran con la desesperación.
Tras los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el centro y norte de Venezuela el pasado 24 de junio de 2026, dejando un saldo preliminar de más de 920 fallecidos y más de 3.000 heridos, la emergencia salta de los puntos de rescate al plano digital.
En medio del caos y las comunicaciones intermitentes, redes criminales comienzan a suplantar identidades para captar los fondos destinados al auxilio humanitario.
Este fenómeno ya encendió las alarmas de agencias internacionales como la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. (FTC) y de equipos en el terreno como la brigada mexicana Topos Azteca.
El mecanismo opera bajo una fórmula de manipulación psicológica conocida como la «estafa de emergencia familiar». A través de mensajes de texto o WhatsApp, los delincuentes contactan a ciudadanos dentro y fuera de Venezuela, especialmente en países con lazos migratorios estrechos como España, Italia o Portugal, haciéndose pasar por un hijo o pariente herido bajo las estructuras.
El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) de España había alertado días antes de los terremotos gemelos sobre las estafas cuyos objetivos central es inducir un estado de pánico inmediato que bloquee la capacidad de razonamiento de la víctima, empujándola a realizar transferencias de dinero urgentes.
Imágenes viejas para una tragedia nueva
La efectividad de estos engaños se ve potenciada por un entorno informativo profundamente contaminado. El Observatorio Venezolano de Fake News documenta la propagación masiva de material audiovisual antiguo, como imágenes del tsunami de Japón de 2011 o demoliciones en Turquía, atribuidos falsamente a la crisis actual.
Este ruido digital no solo incrementa la angustia colectiva, sino que sirve de pantalla perfecta para camuflar cuentas bancarias falsas que se hacen pasar por canales de recaudación legítimos en redes como Facebook, Instagram y X.
La situación plantea un dilema ético para los portavoces humanitarios. Existe el riesgo latente de que la denuncia pública de estas estafas genere desconfianza y termine paralizando la ayuda económica masiva, vital en este momento crítico.

Transparencia y verificación ante la emergencia en Venezuela
Sin embargo, rescatistas en el terreno y actores del ecosistema de bitcoin (BTC) y criptomonedas, como la Academia de Bitcoin de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), defienden que la transparencia y la alerta temprana ofrecen una vía para garantizar que los recursos lleguen realmente a las víctimas y no a las arcas del crimen organizado.
Mientras tanto, con las labores de búsqueda aún activas en las zonas de desastre, la prioridad se desplaza hacia un protocolo estricto de verificación ciudadana para proteger los donativos.
Las autoridades recomiendan suspender cualquier envío de dinero basado en mensajes de texto aislados hasta comprobar la situación del familiar mediante llamadas de voz tradicionales, fuera de los sistemas de mensajería de internet.
Asimismo, la asistencia económica debe canalizarse exclusivamente a través de los portales oficiales de agencias globales y ONGs reconocidas, evitando cuentas personales. Para mitigar incidentes y resolver dudas institucionales, entidades como el INCIBE han reforzado canales de consulta directa como la Línea de Ayuda 017, recordando que en tiempos de crisis la cautela informativa es tan indispensable como los suministros de emergencia.







