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Trump había presionado a Powell para que reduzca la tasa de interés.
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El precio de bitcoin cayó tras el primer discurso de Kevin Warsh al frente de la FED.
Kevin Warsh llegó a la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) como la apuesta personal de Donald Trump para conseguir tasas de interés más bajas.
Sin embargo, en su primera comparecencia pública al frente del Banco Central, el 17 de junio de 2026, el funcionario hizo lo contrario de lo que el mandatario esperaba: dejó la puerta abierta a una subida de tasas y endureció el tono frente a la inflación. ¿Se equivocó Trump al elegirlo?
Trump arrastraba una larga disputa con Jerome Powell, anterior presidente de la FED. Durante su segundo mandato, el republicano sometió a Powell a críticas constantes por no recortar más las tasas, e incluso impulsó una investigación del Departamento de Justicia en su contra.
Cuando llegó el turno de nominar un reemplazo, Trump dejó claro qué esperaba de su candidato: que los tipos bajaran. El mandatario llegó a advertir que se sentiría decepcionado si Warsh no movía la aguja en esa dirección.
En su audiencia ante el Comité Bancario del Senado, la senadora demócrata Elizabeth Warren cuestionó duramente la independencia del nominado y lo presionó para que respondiera si Trump había perdido las elecciones de 2020, algo que Warsh evitó contestar de forma directa.
El economista Kenneth Rogoff, profesor de Harvard, advirtió en mayo de 2026 a DW que la independencia de la FED tiene una importancia única para el sistema financiero global, justamente por el peso del dólar.
Con ese telón de fondo, pocos esperaban que el primer gran acto de Warsh como presidente fuera, precisamente, el mensaje que dio.
El discurso que sorprendió al mercado
El 17 de junio, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió mantener la tasa de fondos federales en el rango de 3,50% a 3,75%. Hasta ahí, nada inesperado. Lo que cambió fue el tono.
Warsh presentó un comunicado más corto y sin la guía prospectiva (forward guidance) que la FED usaba para anticipar sus próximos movimientos. La decisión, además, fue unánime: 12 votos a favor y ninguno en contra.
El verdadero mensaje «trastornador» llegó con el resumen de proyecciones económicas (SEP). El llamado «mapa de puntos» mostró que nueve de los 18 funcionarios que presentaron pronóstico esperan una tasa más alta que la actual para fin de año, y la mediana de proyecciones para 2026 subió a 3,8%, frente al 3,4% que el propio comité había anticipado en marzo. Las proyecciones de inflación también se revisaron con fuerza al alza.
Bitcoin reaccionó de inmediato. El precio de la moneda digital retrocedió rápidamente a la zona de los 64.000 dólares, con una caída superior al 2% en 24 horas, tal como reportó CriptoNoticias tras el discurso (y, al momento de esta redacción, su precio siguió cayendo y se posiciona cerca de 62.000 dólares).

Tasas más altas implican un dólar más caro y menos liquidez para activos volátiles, una relación que la propia Criptopedia de CriptoNoticias explica de forma didáctica.
Warsh no se limitó a anunciar la decisión de tasas. Anunció la creación de cinco grupos de trabajo para revisar, desde cero, las comunicaciones de la FED, su política de balance, las fuentes de datos que utiliza, el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y la productividad, y los marcos de medición de la inflación. Aclaró, eso sí, que el objetivo de inflación del 2% no está sobre la mesa.
¿Se equivocó Trump al nominar a Warsh en la FED?
Aquí es donde conviene separar los hechos de la interpretación. Hay al menos dos lecturas razonables sobre lo ocurrido, y ninguna puede darse por probada con la información disponible hasta ahora.
La primera es que Warsh esté actuando con independencia genuina, más allá de quién lo nominó. De ser así, podría pensarse que Trump subestimó la autodeterminación de su candidato a la FED.
No es un dato menor que el historial de Warsh dentro de la propia FED, entre 2006 y 2011, sea el de un «halcón» que criticó públicamente la política ultralaxa de Ben Bernanke durante la crisis financiera de 2007.
Visto así, el giro de junio no sería una sorpresa ni una traición, sino la confirmación de un perfil que ya existía antes de que Trump lo eligiera, y que el propio mandatario pudo haber subestimado.
El hecho de que haya logrado un consenso unánime de 12-0 entre voces con perfiles distintos dentro del Comité, y de que se haya abstenido de presentar su propia proyección de tasa en el SEP, refuerza la idea de un funcionario que busca distanciarse de cualquier sospecha de actuar por encargo.
La segunda lectura, más especulativa, plantea que el episodio podría encajar en un cálculo político de mayor alcance. Una FED percibida como duro contra la inflación hoy podría ganar credibilidad para recortar tasas con menos resistencia de los mercados más adelante, justo antes de las elecciones de medio mandato de noviembre.
Además, la esperada apertura del estrecho de Ormuz —que ya está haciendo disminuir el precio del petróleo a nivel mundial y, por lo tanto, decrecen también las expectativas inflacionarias— le daría a Warsh un argumento técnico para anunciar una baja de la inflación en los próximos meses sin que parezca una concesión política.
Bajo esta hipótesis, mostrarse duro en la reunión del 17 de junio sería el paso necesario para poder ser flexible, con legitimidad, antes de fin de año.
Ninguna de las dos explicaciones es excluyente, y los propios analistas de mercado están divididos. El especialista financiero Jack Bowman, en una publicación realizada en SeekingAlpha, opina que la tasa actual es terminal y que el discurso de Warsh busca anclar expectativas sin que lleguen subidas reales.
Damir Tokic, también analista financiero de SeekingAlpha, ve el giro como genuinamente más duro de lo esperado y advierte que podría pinchar burbujas de activos sobrevaluados, incluido el mercado accionario estadounidense.
La próxima reunión del FOMC está prevista para dentro de seis semanas, y será la primera oportunidad real para confirmar si el tono de junio se traduce en una subida efectiva de tasas o si, como sugieren algunos analistas, queda como pura retórica.
Hasta entonces, la pregunta sobre si Trump calculó mal con Warsh o si, por el contrario, calculó exactamente lo que necesitaba, seguirá abierta.
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