-
DOGE sube o baja dependiendo de las palabras de Musk y así actúan estos activos tradicionales.
-
BTC también responde a factores externos, pero su volatilidad denota madurez.
El debate en torno a la volatilidad de bitcoin (BTC) suele situar a la moneda digital bajo el escrutinio de analistas y economistas de las finanzas tradicionales. Sin embargo, si realizamos un análisis comparativo con activos consolidados, como el petróleo y el oro, revelamos una clara narrativa hipócrita en la evaluación de los mercados, ya que estos se mueven tal como dogecoin (DOGE) cuando Elon Musk habla.
Mientras BTC suele atravesar etapas de descubrimiento de precio y maduración, los bienes tradicionales, esos que suelen calificarse de “seguros”, muestran una sensibilidad bastante evidente a temas bélicos y a las declaraciones de políticos en redes sociales.
Dando un repaso por los detractores y críticos de BTC, resalta el economista Paul Krugman, bandera de las finanzas tradicionales al ser ganador del Premio Nobel de Economía en 2008. Él declaró el 5 de febrero a Bloomberg que la tecnología tras la moneda digital representa, según él, “un fracaso” en su intento de establecerse como medio de pago legítimo tras 17 años de existencia, precisamente por ser volátil.
Por su parte, el economista Nouriel Roubini afirmó el 29 de junio en X que el rendimiento del activo digital ha sido negativo para gran parte de los inversores que ingresaron en los picos de mercado de los últimos cinco años, y por eso, subsiste en un entorno financiero “inestable”.
A estas posturas se suman los señalamientos del analista financiero Peter Schiff, recurrente crítico de BTC. El 9 de julio, el economista señaló que, aunque el activo ha mostrado una trayectoria alcista a largo plazo, su cotización se ha mantenido por debajo de los niveles alcanzados en abril de 2021 al medirse frente al oro. Para él, motivo suficiente para desprestigiar el valor intrínseco de esta moneda digital por sus variaciones de precio.
La realidad del oro y el petróleo también es volátil
Ahora bien, la realidad explota en la cara al evaluar las contradicciones que existen en el mercado tradicional y su realidad operativa, pues los movimientos del crudo y el oro son comparables —hasta cierto punto— con los de DOGE cuando Musk, el CEO de Tesla, SpaceX y X, lo menciona. Por supuesto, marcando la diferencia ya que tanto la liquidez como el valor de mercado de esa memecoin son tremendamente menores respecto a los números del petróleo y el metal precioso.
El petróleo, la sangre de la economía mundial que cuenta con más de un siglo de negociación financiera formal, suele registrar oscilaciones de entre un 4% y un 8% en cuestión de horas. Comportándose como una auténtica montaña rusa, el crudo se mueve de manera inestable bien por amenazas bélicas en zonas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+) o publicaciones impulsivas en redes sociales por parte de líderes políticos en Washington o Teherán.
Efectivamente, el “oro negro” es una demostración fehaciente de una volatilidad condicionada por factores externos. Algo de lo que no escapa bitcoin, ciertamente, porque su mercado está compuesto por personas, organizaciones y empresas que son susceptibles al miedo y la incertidumbre, provocando cambios de posturas ante el riesgo.
Un ejemplo de la volatilidad del crudo se dio esta misma semana, cuando el presidente estadounidense Donald Trump amenazó virtualmente con atacar puentes y centrales eléctricas en Irán si ellos disparaban contra barcos que atravesaran el Estrecho de Ormuz. Solo un mensaje en su red social, Truth Social, bastó para que el precio del petróleo Brent se disparara por encima de los 95 dólares el barril. Esto fue un incremento equivalente al 4,2%.
Pero no nos quedemos con ese ejemplo. Vamos a verlo en gráficas.
En lo que va de año, tanto el precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI) y el Brent, que rigen la cotización de referencia en Estados Unidos y el resto del mundo, han visto subidas y bajadas abruptas que, además, han puesto cuchillos en las gargantas de las economías dependientes del crudo.

El oro no se encuentra exento de estas fluctuaciones abruptas. Aunque el metal precioso posee el papel clave de refugio de valor, sobre todo desde la instauración del patrón oro en 1821, también registra contracciones y aumentos severos en momentos de alta tensión internacional.
Este comportamiento dependiente de factores externos sobre el oro quedó demostrado el pasado 16 de julio, cuando el metal amarillo cayó desde los 4.000 dólares y borró cerca de 485.000 millones de dólares de su valor de mercado. ¿Adivinen por qué? Sí, por amenazas en Medio Oriente. En este caso, vinculadas a posibles restricciones en el Estrecho de Bab el-Mandeb.
Pero no quedó allí. Ayer 22 de julio, el oro actuó volátil, recuperó lo perdido y se posicionó en 4.139 dólares la onza. La razón fue la misma: amenazas, retóricas, factores externos.
En el siguiente gráfico se puede apreciar cómo el metal precioso ha subido y bajado con fuerza en lo que va de año. Movimientos igualmente influenciados por comentarios, amenazas y medidas de países enemistados que causan variaciones en los mercados de los “activos duros” y tradicionales.

¿Y qué hay de bitcoin?
No voy a decir que bitcoin no se ha comportado volátil este año. Por supuesto que lo ha hecho. Es que es su naturaleza.
Miremos la gráfica del precio de BTC en lo que va de año. Se evidencia una clara caída del 27%. Una pérdida de valor que pasó de USD 90.000 en enero, a poco más de 65.000 dólares en julio, con subidas y bajadas que, como el petróleo y el oro, respondieron a factores externos, como la guerra en Medio Oriente, la política monetaria estadounidense y la incertidumbre macroeconómica mundial.

Pero hay un claro contraste.
La siguiente gráfica refleja el Índice de Volatilidad Histórica de Bitcoin (BVOL), el cual mide, precisamente, las variaciones del precio de la mayor moneda digital del mundo. Este ofrece una perspectiva técnica distinta sobre el comportamiento del activo y deja ver una maduración más clara, a pesar de ser un activo con apenas 17 de años en el mercado.

El indicador muestra que el activo no opera en un estado de turbulencia continua, sino que alterna fases de baja fluctuación con episodios acotados de alta volatilidad. Durante los periodos de consolidación, los valores del BVOL descienden a niveles cercanos a los 1,5 puntos, mientras que los picos de mayor intensidad oscilan entre los 5,0 y 7,2 puntos.
Actualmente, el índice está en 1,52, lo que significa que la volatilidad reciente de bitcoin es bastante baja en comparación con los picos del año.
Esta dinámica refleja las características de un mercado global que cotiza de forma ininterrumpida las 24 horas del día, los 365 días del año, sin mecanismos de interrupción artificial ni fronteras operativas.
La diferencia fundamental entre los activos radica en sus mecanismos subyacentes. Mientras la cotización de los recursos físicos tradicionales permanece sujeta al control geopolítico y a la diplomacia internacional, la moneda digital opera bajo parámetros matemáticos transparentes y una regla de emisión inalterable en el protocolo desarrollado por Satoshi Nakamoto por allá en 2008.
De manera que juzgar a bitcoin por sus oscilaciones mientras se ignora que el comportamiento del crudo y el oro reaccionan a la violencia a la política global, expone un estándar distorsionado, una hipocresía. La volatilidad es la temperatura del mercado frente a la incertidumbre. La gran diferencia radica en que, mientras los activos tradicionales dependen de quién controle el grifo o la frontera, el código y la emisión matemática de BTC permanecen inalterables.
Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.








