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Para la IA, el principal cuello de botella es acceder a la red eléctrica, según el WEF.
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Para 2030, el 10% de las nuevas solicitudes de conexión eléctrica vendrán de centros de IA.
Los centros de datos de inteligencia artificial representan el tipo de demanda eléctrica más difícil que enfrentó la red global, según un informe publicado este 18 de mayo por el Foro Económico Mundial (WEF), que proyecta que la IA concentrará el 11% del consumo eléctrico final mundial en 2060.
El documento, firmado por Knut Ørbeck-Nilssen, CEO de la empresa energética DNV, llega a esa conclusión por contraste, ya que para definir la dificultad que los centros de datos de IA le imponen al sistema eléctrico, el informe los midió contra la minería de criptomonedas.
«Hasta hace poco, la demanda eléctrica de los centros de datos caía en dos categorías: sitios de nube a gran escala, predecibles, aptos para planificación de largo plazo, y minería de criptomonedas, volátil pero frecuentemente interrumpible», señala el texto del WEF.
Los centros de datos de IA, en cambio, combinan alta densidad de potencia, rampas de consumo rápidas e inciertas y baja tolerancia a la interrupción. Esa combinación, según el informe, los convierte en la carga más exigente que cualquier red de transmisión haya tenido que absorber.
La distinción técnica que aborda el artículo del WEF entre la demanda de centros de IA y de minería tiene consecuencias concretas para el sistema eléctrico.
La minería de Bitcoin puede suspenderse y reanudarse sin pérdida permanente de valor. Por ejemplo, si un minero apaga sus equipos durante horas de alta demanda eléctrica, simplemente deja de competir durante ese período, liberando además la energía que consumía, aliviando potencialmente la red.
Un centro de datos de IA que interrumpe sus operaciones, en cambio, puede perder trabajos de inferencia en curso, romper contratos de servicio o interrumpir modelos en ejecución. Esa asimetría explica por qué los operadores de redes eléctricas pueden negociar con los mineros condiciones de corte planificado; con los centros de IA, ese margen es mucho menor.
El cuello de botella de la IA
La principal advertencia del informe apunta a un desajuste de plazos que el mercado aún no resolvió. Conectar una instalación nueva a la red eléctrica puede tomar entre 4 y 10 años, mientras que construir un centro de datos de IA demanda apenas 2 o 3, menciona el estudio del WEF.
La consecuencia es que el acceso a la red, más que el capital o el hardware, se convirtió en el principal cuello de botella para escalar la infraestructura de IA. Para 2030, según las estimaciones expuestas en el informe del WEF por la empresa energética DNV, el 10% de las nuevas solicitudes de conexión a redes de transmisión corresponderán a centros de datos de IA y para 2040, esa proporción subirá al 12%.
Para 2060, conforme a los datos de DNV, el 80% de la demanda eléctrica de los centros de datos provendrá de IA: 6.400 TWh (teravatios por hora) anuales, equivalentes al 11% del consumo eléctrico final global

De la minería a la IA: una década de ventaja en la red eléctrica
Aunque el informe del WEF no lo desarrolla, minería de Bitcoin e IA comparten la misma base física: grandes volúmenes de energía firme, refrigeración industrial y conexión a redes de transmisión de alta tensión.
Desde la perspectiva de un operador de red, ambas actividades plantean el mismo problema de conexión, aunque la diferencia es que la minería tolera energía intermitente y precio variable, mientras que la IA necesita disponibilidad casi perfecta.
La industria minera de criptoactivos, además, lleva una década resolviendo el problema de localización que la IA todavía enfrenta, ya que empresas buscan instalarse en sitios con energía renovable más barata (represas con excedentes, pozos de gas quemado, parques eólicos con demanda local escasa).
No obstante, la infraestructura que los mineros ya conectaron en mercados como Paraguay, Pakistán o en zonas remotas de África con excedentes renovables representa, en varios casos, capacidad lista para alojar centros de datos de IA sin pasar por la cola de conexión que el informe describe.
De modo tal, el debate que el informe del WEF abre sobre cómo integrar una nueva clase de demanda eléctrica sin comprometer la estabilidad del sistema tiene, en la industria minera, un antecedente de una década que la discusión energética sobre IA todavía no terminó de procesar.








