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En España, el 16% de la generación solar fue desconectada en el primer trimestre de 2026.
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La minería de BTC absorbe excedentes eléctricos y se apaga cuando la red eléctrica lo necesita.
Europa desperdiciará unos 40 teravatios-hora (TWh) de energía solar en los próximos meses, equivalente al consumo eléctrico anual de toda la zona metropolitana de Londres. Esto se debe a que sus redes no pueden absorber el excedente de producción, según un reporte de Bloomberg. Esa cifra representa un 25% más de lo desperdiciado en 2025.
Mientras países de ese continente tiran a la basura su energía solar, la minería de Bitcoin emerge como una de las herramientas más eficaces para absorber ese excedente, dada su capacidad de consumir energía cuando sobra y desconectarse rápidamente cuando escasea.
El fenómeno detrás del desperdicio se llama curtailment, una práctica de desconexión forzada de plantas solares durante las horas de mayor generación, cuando la producción supera lo que la red puede transportar o almacenar.
En España, el 16% de la generación solar fue cortada en el primer trimestre de 2026, el doble que un año antes; en Alemania, el porcentaje subió del 7% al 13%, conforme a estimaciones de London Stock Exchange Group citadas por Bloomberg en su artículo del 13 de mayo.

Como consecuencia, el excedente lleva los precios de la electricidad a terreno negativo: cuando hay más energía de la que el sistema puede consumir o almacenar, los productores deben pagar a otros para que la reciban, ya que no pueden simplemente apagarla de forma inmediata. En horas pico, el megavatio-hora llegó a cotizar a menos de EUR 500 (USD 580) en Alemania y Francia durante la primavera, según el mismo reporte.
Adicionalmente, la Comisión Europea estima que harán falta 1,2 billones de euros (USD 1,39 billones) en inversión en redes para 2040, una cifra que subraya cuán lejos está la infraestructura de ponerse al día con la generación, conforme al reporte de Bloomberg.
¿Cómo puede la minería de Bitcoin aprovechar este excedente?
Daniel Batten, especialista en energía y minería de Bitcoin, explicó a CriptoNoticias en declaraciones exclusivas que ninguna otra industria tiene la capacidad de respuesta que la minería ofrece a los operadores de red.
La minería de Bitcoin es la única industria que puede apagarse instantáneamente, de forma modular y mantenerse apagada durante días.
Daniel Batten, especialista en Bitcoin y de energía.
A diferencia de una fábrica o un centro de datos, que no pueden reducir su consumo eléctrico por debajo de un mínimo operativo sin detener su producción, una instalación minera puede apagar equipos individuales con precisión quirúrgica, devolviendo al sistema exactamente la cantidad de energía que el operador de red necesita en ese momento.
En el contexto europeo, donde el excedente solar aparece y desaparece según las condiciones climáticas y la demanda horaria, esa flexibilidad resuelve el problema que ni las baterías ni las líneas de transmisión han podido resolver a tiempo.
Cuando los precios caen durante las horas de mayor generación solar, los mineros se encienden y absorben lo que la red no puede colocar en otro destino, convirtiendo energía descartada en bitcoin. Cuando otros usuarios demandan esa electricidad y el precio sube, la minería deja de ser rentable y se retira sin intervención regulatoria.
La minería de Bitcoin no compite con otros usuarios de energía. Gran parte de la energía que usa es hidroeléctrica, solar y eólica: aprovechada en momentos del día en que de otro modo simplemente se desperdiciaría.
Daniel Batten, especialista de Bitcoin y de energía.

Esa lectura fue compartida por varios referentes del ecosistema en respuesta al reporte de Bloomberg. Wicked, desarrollador bitcoiner, resumió la situación en una línea: «La minería de Bitcoin prospera con el exceso de energía varada.»
Charles Guillemet, director de tecnología de Ledger, contestó con una ironía, aludiendo a Bitcoin: «Qué lástima que no exista una industria flexible e interrumpible que pueda absorber el exceso de electricidad cuando los precios son negativos… algún tipo de máquina que convierta felizmente la energía varada en dinero y se apague en el segundo en que la red la necesite de vuelta.»

Rachel Geyer, presidenta de la Asociación Europea de Energía Bitcoin (EBEA), había anticipado ese argumento en una entrevista de 2024, especialmente relevante ahora: «Los mineros de Bitcoin pueden apagarse cuando los precios de la electricidad suben y encenderse cuando bajan, lo que los convierte en un socio ideal para estabilizar las redes. No deberíamos estar cortando la producción de energía: deberíamos estar usándola.»
Un argumento con respaldo académico y límites documentados
El paper de Ibanez y Freier (2023), citado por Batten a CriptoNoticias, propone a la minería de Bitcoin como industria líder para descarbonizar redes eléctricas, precisamente por esa capacidad de absorción flexible.
Batten señala además que el modelo se expande a otros usos: el calor generado por los equipos de minería puede redirigirse para calentar hogares y edificios, y los mineros que usan gas de venteo o metano de vertederos pueden generar créditos de carbono al reducir emisiones que de otro modo se liberarían a la atmósfera.
Sin embargo, conforme reconoce el propio Batten, no hay casos europeos documentados a escala de minería de Bitcoin estabilizando redes solares. El modelo existe y crece en otras regiones, como por ejemplo en Pakistán, pero su aplicación en Europa permanece como propuesta técnica, no como práctica establecida.
La paradoja central que describe Bloomberg es que Europa invirtió durante años en energía solar limpia que ahora no puede usar: los paneles están ahí, la electricidad se genera, pero la red no puede transportarla ni almacenarla a tiempo, y termina descartándose.
Leonhard Birnbaum, CEO de la utility alemana E.ON., lo sintetizó diciendo que «los paneles solares que no pueden alimentar electricidad a la red no compensan ni una tonelada de CO2».
En ese contexto, la minería de Bitcoin es una de las pocas industrias que podría cambiar esa ecuación hoy, sin esperar a que la infraestructura europea se ponga al día.








