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Chamath basó su postura en que la energía de minería vale más si se destina a servir a la IA.
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Brian Armstrong y Jack Mallers creen que el ajuste de dificultad protege el precio de BTC.
El inversionista Chamath Palihapitiya planteó en una publicación en X de este 19 de julio que «la energía marginal para minar BTC vale 10 a 20 veces más si se reasigna para servir tokens de inteligencia artificial».
Mientras el precio de bitcoin (BTC) se ubica en los USD 65.500, Palihapitiya consideró que la migración de mineros hacia la IA, a la que calificó de un cambio «estructural», representa un problema para los alcistas de bitcoin, es decir, para quienes esperan que su precio continúe subiendo, aunque aclaró que podría estar equivocado.

Palihapitiya no detalló, en su publicación, un mecanismo puntual sobre cómo esa migración de energía afectaría el precio de bitcoin, pero la lógica que se desprende de su planteo es que buena parte de la inversión en infraestructura de minería había reflejado, hasta ahora, una apuesta de esas empresas mineras a que el precio de bitcoin seguiría creciendo. En contrapartida, si esa inversión se reasigna hacia la inteligencia artificial, según su razonamiento, bitcoin perdería una fuente de demanda que acompañaba esa expectativa alcista.
Con «energía marginal», Palihapitiya se refiere a la última porción de electricidad disponible que un operador minero puede destinar a una u otra actividad, una vez cubiertas sus necesidades básicas de funcionamiento. Esa porción suele ser la primera en cambiar de comprador cuando aparece alguien dispuesto a pagar más por ella, y es también la razón por la que, según su planteo, no hace falta que un operador abandone la minería por completo para que el fenómeno avance: alcanza con que destine esa última porción de energía a otro comprador, en este caso, una empresa de inteligencia artificial, para que el negocio de minar bitcoin empiece a perder terreno frente a esa alternativa.
Esa alternativa, la inteligencia artificial, ya ganó terreno entre empresas públicas de minería de bitcoin dada la inmensa demanda que existe actualmente por centros de IA. Varias de esas compañías mineras migraron su infraestructura parcial o incluso completamente hacia esa actividad, abandonando su modelo de negocio original vinculado a minar BTC, como el caso de TeraWulf (WULF), entre otras.

Primeras respuestas a las conclusiones de Chamath
Frente a las declaraciones de Palihapitiya, Brian Armstrong, cofundador y director ejecutivo de Coinbase, respondió que la cantidad de energía destinada a minar no determina, por sí sola, el precio de bitcoin.
Armstrong destacó el mecanismo automático de ajuste de dificultad que contiene la red de bitcoin (cada 2016 bloques): si una parte de los mineros apaga sus equipos porque le resulta más rentable vender esa energía a otro comprador, eso haría caer el hashrate y por ende también la dificultad, lo que conduciría a que el cálculo que deben resolver los mineros restantes se vuelva más sencillo, disminuyendo la competencia entre ellos y haciendo la minería más rentable.
Adicionalmente, enfatizó Armstrong, aunque baje el hashrate, es decir, la potencia de cómputo total dedicada a minar, Bitcoin no deja de funcionar ni pierde por eso su valor.
En la misma línea, Jack Mallers, fundador y director ejecutivo de Strike, coincidió en que bitcoin no depende de que exista una cantidad mínima de energía dedicada a minar.
Mallers recordó que fue el propio Satoshi Nakamoto quien diseñó el protocolo para adaptarse de forma automática a la energía disponible en cada momento. «El hashrate cambia, la dificultad se ajusta y bitcoin sigue produciendo bloques», escribió Mallers, para sostener que la red seguirá funcionando mucho después de que pasen las burbujas de especulación y de tecnología que existan en cada momento.
De igual modo, el economista Max Resnick, que trabaja en la firma Anza, cuestionó la magnitud del problema planteado por Palihapitiya. Resnick sostuvo que el mecanismo de ajuste de dificultad ya está preparado para absorber cualquier variación en la energía dedicada a minar, por lo que no ve en ese punto un riesgo adicional para Bitcoin.
¿Determina la energía de minería el precio de bitcoin?
El inversionista y maximalista de bitcoin Martin Varsavsky ofreció una mirada intermedia entre ambas posturas. Varsavsky planteó que la minería de bitcoin compite, ante todo, por conseguir electricidad barata, mientras que las empresas de inteligencia artificial compiten por otros factores, como la velocidad de respuesta de sus servicios y la cantidad de clientes que puedan atender.
Esa diferencia, según explicó, hace que una misma planta de energía tenga compradores dispuestos a pagar sumas muy distintas según el uso que le den, y es la razón por la cual, a su juicio, el megavatio marginal que hoy se destina a minar bitcoin es el primero en cambiar de dueño cuando aparece un comprador dispuesto a pagar más.
Una lectura distinta: ¿esta vez es diferente?
No todas las voces del sector coinciden con esa relectura moderada del planteo de Palihapitiya. Charles Edwards, fundador del fondo Capriole, sostuvo que el fenómeno que describe Palihapitiya es más profundo de lo que reconocen quienes lo cuestionaron.
Edwards señaló que nunca antes se había visto a la totalidad de los mineros públicos de bitcoin, es decir, las empresas mineras que cotizan en bolsa, moverse en conjunto hacia la inteligencia artificial. Para Edwards, la inteligencia artificial no solo le disputa energía a la minería de bitcoin, sino que además compite por el mismo capital que hasta ahora financiaba esa actividad, y considera que representa una amenaza de seguridad para otras criptomonedas distintas de bitcoin.
Edwards sumó a ese diagnóstico un riesgo adicional que suele mencionar en sus análisis: el de la computación cuántica, un tipo de tecnología de cómputo todavía en desarrollo que, según distintos especialistas, podría en el futuro debilitar los métodos criptográficos que hoy protegen el acceso a los fondos en bitcoin. Con ambos factores combinados, la migración de mineros hacia la IA y el riesgo cuántico de mediano plazo, Edwards concluyó que son cada vez menos los actores del sector dispuestos a sostener, al mismo tiempo, todos esos frentes abiertos.
El otro punto de la discusión de Chamath: la liquidez
Finalmente, además del planteo sobre minería y energía, Palihapitiya incluyó en su publicación otro punto, referido a algo que llamó «liquidez marginal». Según él, el dinero fresco que busca dónde especular prefiere hoy volcarse a los mercados de predicción y a los mercados de acciones antes que a bitcoin.
Brian Armstrong respondió que, a diferencia del punto sobre minería, este segundo problema le parece «temporal». Para Armstrong, en el largo plazo, el precio de bitcoin refleja sobre todo cuánto miedo a la inflación tienen los inversores, en un contexto donde, según dijo, no se ve que los gobiernos de las principales democracias vayan a dejar de gastar por encima de lo que recaudan.









