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La deuda aumentó 168% más rápido que la economía en año y medio, presionando presupuestos futuros.
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El traslado intergeneracional es claro: contribuyentes de hoy y mañana pagan con más impuestos.
La deuda pública de México, medida por el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), alcanzó 18,68 billones de pesos al cierre de abril de 2026 (1,07 billones de dólares), equivalente al 50% del Producto Interno Bruto (PIB).
Al dividir esta cifra entre la población, alrededor de 133-134 millones de habitantes, resulta una carga teórica de 151.000 pesos por mexicano, es decir, cerca de 8.000 dólares por persona.
Esta deuda creció más de un billón de pesos (57.300 millones de dólares) en solo un año. El incremento tiene claros desencadenantes: déficits fiscales persistentes provocados porque el gasto público en pensiones, subsidios, salarios y el servicio de la propia deuda ha superado consistentemente los ingresos por impuestos y petróleo.
Para cubrir esa brecha, el gobierno emite nuevos bonos y contrae préstamos que, en gran medida, refinancian obligaciones anteriores, acumulando pasivos que se trasladan hacia el futuro.
La SHRFSP representa la medición más amplia de la deuda e incluye no solo al Gobierno Federal, sino también a la petrolera Pemex, entidades paraestatales y la banca de desarrollo.

No se trata de una factura individual, sino del total de obligaciones contraídas por el Estado, que en última instancia se pagan con impuestos presentes y futuros, a través de inflación o reduciendo gasto en otras áreas.
Actualmente, el pago de intereses ya supera el 3,7% del PIB —más del doble que en 2008— y compite directamente con rubros como inversión productiva, educación o salud.
Aunque el ratio deuda/PIB se mantiene en niveles moderados frente a otros países de la región, el rápido crecimiento per cápita y el hecho de que los pasivos aumenten más rápido que la economía generan preocupación.
Entre octubre de 2024 y el primer trimestre de 2026, la deuda creció 12,4% nominalmente, mientras el PIB solo avanzó 4,6%. Este panorama abre un intenso debate.
El gobierno y la Secretaría de Hacienda defienden que el 50% del PIB es una carga manejable, con deuda mayoritariamente en pesos, a tasa fija y plazos largos, lo que reduce riesgos cambiarios.
Sin embargo, analistas independientes como el CIEP, México Evalúa e IMCO advierten que el indicador subestima la presión real, el servicio de la deuda desplaza inversión productiva, el endeudamiento crece de forma desbalanceada y la carga per cápita afecta especialmente a quien ahorra en pesos, mediante inflación y menor espacio fiscal futuro.
«Para dimensionar el aumento en el ritmo de endeudamiento, en 2026 el Gobierno contratará deuda por 4.349 millones de pesos cada día, lo cual equivale a comprar diariamente unas 2.175 casas con un valor aproximado de 2 millones de pesos. Este ritmo de endeudamiento es incluso superior a los 4.274 millones diarios estimados para 2025», resalta el reporte de México Evalúa.
Se cuestiona si se trata de un manejo responsable o de un mecanismo que funciona como tributación diferida sobre generaciones que no aprobaron directamente esos gastos.
Cada mexicano carga hoy una deuda pública de aproximadamente 8.000 dólares que nunca solicitó. Aunque el endeudamiento es una herramienta fiscal legítima y común en todo el mundo, su uso sostenido por encima del crecimiento económico convierte los déficits de hoy en impuestos o menor bienestar mañana.
Para los ciudadanos, especialmente los ahorradores en pesos, esto se traduce en erosión silenciosa del poder adquisitivo y oportunidades perdidas en infraestructura y crecimiento, como lo ha explicado CriptoNoticias en la sección educativa, Criptopedia.
La sostenibilidad de esta deuda dependerá de mayor disciplina en el gasto, eficiencia recaudatoria y, sobre todo, un crecimiento económico robusto que amplíe la base sobre la que se sostiene esta carga. Mientras tanto, esa cuenta invisible sigue pesando sobre las familias mexicanas.








