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La Fed subió tasas a 3,75%-4%; Warsh dijo que la inflación es demasiado alta.
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Trump respondió que las tasas en Estados Unidos deberían ser de 1% o menos.
El hombre que fija el precio del dinero en la mayor economía del mundo se paró frente a los periodistas y dijo dos verdades. La primera, que la inflación es demasiado alta y lo ha sido por demasiado tiempo. Y la segunda, que quienes más la padecen son los que no tienen activos financieros. Es el asalariado, el que cobra en dólares y ahorra en dólares, el que no tiene acciones ni inmuebles que suban con los precios, el más afectado por la pérdida de poder adquisitivo producido por el impuesto inflacionario.
Horas después, el hombre que lo promovió para ese cargo le respondió que el dinero debería costar 1% o menos, lo que implica que debería haber más liquidez en el mercado, más masa monetaria, sin importar la inflación. Uno admite el daño de la inflación; el otro exige reducirla por decreto sin reparar en consecuencias, como si la economía pudiera controlarse a fuerza de voluntad y mandatos. Pero ninguno de los dos se pregunta si realmente el precio del dinero, el costo de los préstamos, debería decidirlo alguien en nombre de todos los demás.
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