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Preso por un bitcoin manchado: cuando el anonimato jugó en mi contra

  • La empresa BlockCryp es uno de los servicios de intercambio más usados del mundo.
  • Contrataron un equipo de hackers y sus investigaciones me han llevado injustamente a la cárcel.
Preso por un bitcoin manchado: cuando el anonimato jugó en mi contra

Estoy tras las rejas por crímenes que no cometí, pero no tengo forma de demostrar mi inocencia. Fui víctima de hackers, pero también de mi propia negligencia.

Mi historia puede resultar un poco confusa. Ella comienza hace seis meses, cuando la empresa BlockCryp compró una firma de ciberseguridad de pasado oscuro. No le presté atención sino cuando ya estaba bajo sus investigaciones, y nada los detuvo hasta verme encarcelado. Yo, inocente, era el punto más alto en una pirámide de crímenes de alcance internacional.

BlockCryp es la empresa líder del mercado de criptomonedas de Estados Unidos, aunque sus servicios funcionan a nivel global. Su fuerte es la sencillez de la interfaz, especialmente diseñada para la captación de nuevos usuarios.

No soy exactamente un trader ni el máximo de los bitcoiners, pero tengo al menos un año y medio con mi cuenta en su plataforma. He verificado mis datos de identificación, de manera que, al momento de iniciar su investigación en mi contra, tenían un gran trecho avanzado.

Como dije, hace seis meses BlockCryp compró una pequeña firma de ciberseguridad. Hasta hace apenas unos días ignoré ese acuerdo; y es que, siendo un simple usuario ¿por qué me iba a preocupar por las decisiones corporativas de una empresa?

BlockCryp y WhiteHat Inc.

WhiteHat Inc., y BlockCryp llegaron a este acuerdo para que la firma de ciberseguridad pase a ser propiedad de la casa de cambio y preste sus servicios de investigación forense digital a su plataforma. Entre estos servicios se incluye la revisión exhaustiva de las cadenas de bloques de los diferentes criptoactivos que se comercian a través de la criptobolsa. Pero, ¿qué es WhiteHat Inc.? La firma, aparentemente nueva, tiene antecedentes oscuros. En realidad había sido un grupo de mercenarios de la red, unidos con el propósito de desarrollar herramientas de investigación y desencriptación de alto nivel, para seguir el rastro de grupos o personas.

Estas herramientas eran vendidas sin ningún escrúpulo a gobiernos e instituciones autoritarias, con el costo de sangre que algo así conlleva. De hecho, cinco años después de la creación de Bitcoin, la empresa vendía Servicios de Comunicación Enriquecida (RCS) para acceder de forma remota a dispositivos de comunicación y a monederos de bitcoins (información de transacciones, saldos, entre otros), así como para monitorear cualquier correo electrónico relacionado con Bitcoin.

Solo vinieron a sembrar un señuelo, que terminó conmigo encarcelado por una serie de delitos de los que soy inocente pero que no puedo probar no haber cometido. Fuente: RyanMcGuire / pixabay.com

Este software fue vendido por el equipo de WhiteHat Inc. (entonces Lizard Co.) a gobiernos autoritarios en Latinoamérica y Medio Oriente, y sirvió para dar caza, no solo a grupos calificados como “terroristas” por esos gobiernos, sino también a medios disidentes, financiados con donaciones y bitcoins.

La muerte de periodistas a manos de mercenarios se acrecentó con la puesta en marcha de estas herramientas, cuyo origen había sido Lizard Co.

Dicha empresa, ahora extinta, que es la base sobre la cual se fundó WhiteHat Inc. De manera que, mi proveedor de servicios de custodia e intercambio de criptomonedas literalmente contrató sicarios de Internet, quién sabe con qué propósito (aunque yo sí que lo sabría. Por desgracia).

Jugar con bitcoins

En casa alojamos huéspedes. Hace al menos 3 años hemos utilizado una habitación que nos sobra para que visitantes, extranjeros principalmente, se queden cuando vienen al país por negocio o turismo y no quieren alojarse en hoteles. Hace 3 meses recibimos una visita de unos lituanos. Una pareja. Hicimos clic de inmediato, pues uno de los trabajos que venían a realizar era sobre criptomonedas.

Se quedaron dos semanas en la casa, pero tras los primeros días, luego de algunos paseos por la ciudad, nos hicimos amigos (o eso creí). Hablamos sobre BlockCryp, hablamos sobre cuánto tiempo tenía en Bitcoin, qué sabía, y cuánto había movido. No me pareció sospechoso entonces, pero ahora entiendo mejor.

Cuando se enteraron de que yo nunca había tenido 1 BTC entero, se rieron y me dijeron que ellos podían enviarme algunos a mi monedero, no como regalo, sino para aumentar mis límites de negociación en la plataforma. Eso me daría la posibilidad de negociar con mayor apalancamiento.

Un simple bitcoin marcado me llevó a la cárcel. La desanonimización de la blockchain es una realidad. Fuente: Icons8_team / pixabay.com

Ante una propuesta tan simple, acepté. Después de todo, me parecía que estos lituanos eran personas confiables. Se estaban quedando en mi casa, ofrecieron pagarme un poco más con tal de no usar la aplicación de alojamiento y estadías y casi no se sintieron durante el tiempo en el que estaban en la casa. ¡Ni siquera utilizaron nuestro wifi! Ellos venían por negocios, así que cuando no estaban en reuniones, estaban en la habitación o conmigo, hablando, paseando.

Poco después de llegar a aquel acuerdo, recibí su bitcoin, lo tuve un par de días y se los reenvié; aunque no directamente, sino a un monedero distinto y ellos después buscarían la forma de reenviarlo al suyo. Me dijeron que la idea era mantener la privacidad de la transacción, que nadie supiera cómo recibí el dinero, para que no pusieran en duda que podía negociar esas cantidades.

Al final, (y, repito, para mi desgracia), no tenía cómo probar quién me había enviado el bitcoin. Es más, ni siquiera podía probar que había alojado a Martha y Jos (si es que esos eran sus nombres) en mi casa.

Secuestro, extorsión, venta de drogas: soy un capo

Comencé a leer avisos de la empresa en mi cuenta a los pocos días de haber enviado el bitcoin. Primero se me solicitó corroborar mis datos de identidad. Luego enviar una foto de mi cara junto a mi pasaporte y, finalmente, se me informó que mi cuenta había sido bloqueada temporalmente y que se estaban haciendo investigaciones. Estos trámites se demoraron más de dos meses.

Al mismo tiempo, empezaron a publicarse noticias sobre una gran red de extorsión, secuestro y otros delitos, de la que el supuesto cabecilla había sido identificado gracias a una “importante empresa de intercambio de criptoactivos”. No pensé directamente en mí. De hecho, me alegré de que esto sucediera. Sin embargo, poco a poco los medios se llenaron de más información que, a pesar de lo extraño que parezca, cada vez iba perfilando mejor mi origen, ciudad de residencia y “coartada” para delinquir. Mi vida pasó a ser de dominio público, al menos en la comunidad de usuarios de criptomonedas.

Me volvieron un capo, mi vida real solo una coartada para mis delitos. Fuente: rebcenter-moscow / pixabay.com

Foros de Reddit empezaron a filtrar información cada vez más personal, hasta que, al final, encontré mi rostro y mi nombre en una noticia: “Interpol está muy cerca de capturar al cyber-capo Antonio Derrida”.

¿Qué había pasado? Pues los lituanos (si es que ese era su verdadero país de origen) vinieron a sembrar una evidencia falsa en mi casa. Todo el caso que habían conseguido hilar entre la Interpol, el FBI, la CIA y otros cuerpos de inteligencia y seguridad del mundo (cual película de espías) terminó dando con mi dirección IP, así como con toda la información sobre mi identidad digital y física, gracias a la colaboración de BlockCryp y WhiteHat Inc.

Traté de explicarlo a las autoridades. A mí me pareció tan sencillo en un principio. No podía creer que no pudiese probar mi versión de la historia para salvarme de la cárcel o de una suerte peor. Sin embargo, la pareja no dejó rastro de su estadía en mi casa. Además de que no dejaron evidencia física, como basura o ropa, ni siquiera conseguí una forma digital de probar que habían estado allí. Nunca nos comunicamos directamente por teléfono, la reservación fue eliminada, me pagaron en efectivo la estadía, en un sobre.

Solo vinieron a sembrar un señuelo, que me llevó a la cárcel por una serie de delitos de los que soy inocente, pero que no puedo probar no haber cometido. Fuente: B_A / pixabay.com

¿Y la dirección a la que envié la moneda manchada? Nada, a partir de allí se ocultó su destino y, de hecho, el bitcoin se dividió en muy pequeñas fracciones, de apenas unos pocos millones de satoshis cada vez; lo que hizo más complicado hallar al destinatario. Los monederos de destino replicaron la misma fragmentación y, al final, la investigación de WhiteHat demostró que el bitcoin sencillamente se utilizó para un ataque de polvo, para mostrar otras direcciones señuelo. El último “dueño” identificable de la moneda fui yo.

La investigación de WhiteHat fue presentada como prueba para la demanda que me puso tras las rejas y ningún abogado pudo sostener argumentos a mi favor; pues, a pesar de que mi aparente coartada (es decir, mi vida misma) había sido coherente, el Bitcoin que recibí provino de una dirección comprometida con una red de delitos a la que yo, usuario incauto y víctima de la desanonimización de la red, terminé dándole nombre y rostro.

Como he dicho: Estoy tras las rejas por crímenes que no cometí, pero no tengo forma de demostrar mi inocencia.

 

Imagen destacada por: Bits and Splits / stock.adobe.com


Descargo de responsabilidad: Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos o hechos que aparecen en la misma son producto de la imaginación del autor o bien se usan en el marco de la ficción. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia.

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Acerca del autor

Javier Bastardo

Filósofo poseedor de una curiosidad incurable. Entusiasmado por las potencialidades de Bitcoin y su ecosistema.

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