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Entre los nuevos modelos de almacenamiento en estudio están los UTXO, el mismo usado por Bitcoin.
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Buterin quiere un Ethereum más simple y seguro, en medio de un alza de ataques impulsados por IA.
Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, impulsó durante la última semana una serie de cambios que buscan reducir la complejidad del protocolo y que, sin mencionarlo explícitamente, acercarían su diseño a los principios de Bitcoin. La propuesta más concreta, publicada el 6 de julio en el foro de investigación ethresear.ch, reduce de unos 93 a solo 6 bytes los datos que la red debe almacenar por cada validador.
Las iniciativas de Buterin se apoyan en la hoja de ruta llamada Lean Ethereum («Ethereum ligero»), una visión a largo plazo para rediseñar y simplificar gran parte de la red, propuesta por primera vez en julio del año pasado por Justin Drake, uno de los principales desarrolladores de este ecosistema. A finales de 2025, Drake insistía con simplificar el protocolo.
Este 4 de julio, Buterin se refirió en X a Lean Ethereum y la describió como la tercera gran transformación del protocolo, después de la Fusión (The Merge), la actualización de 2022 que trasladó a Ethereum desde la minería hacia la prueba de participación (Prueba de Participación). «Ya lo hicimos antes, con la Fusión, podemos hacerlo de nuevo», escribió el desarrollador.
No es la primera vez que Vitalik Buterin pondera a Bitcoin y a su simplicidad. En mayo del año pasado, por ejemplo, había prometido que Ethereum sería “tan simple como Bitcoin” (algo que aún no consiguió) y propuso nuevas arquitecturas y estándares para hacer que la red sea más eficiente, segura y accesible.
Menos datos, más pruebas
Según detalló Vitalik en su posteo del 4 de julio, casi todos los componentes centrales del protocolo se reemplazarán a lo largo de tres a cuatro años. Entre los cambios que destacó, figura la verificación mediante pruebas STARK (argumento de conocimiento escalable y transparente), un método criptográfico que permite comprobar que un cálculo se ejecutó de forma correcta sin necesidad de repetirlo. Ese mecanismo reemplazaría la reejecución directa de cada operación por parte de los nodos.
Posteriormente, en su artículo compartido en la web ethresear.ch, Buterin explicó cómo la cadena de consenso de Ethereum, el sistema que coordina a los nodos validadores, podría reducir el estado que hoy almacena por cada participante empleando las pruebas STARK.
Como se ve en la siguiente imagen, actualmente cada validador ocupa unos 93 bytes de datos en la red entre su clave pública (48 bytes), sus credenciales de retiro (32 bytes), su saldo efectivo y varios números de epoch (períodos que marcan las distintas fases de la participación de los validadores):

La propuesta del desarrollador de Ethereum cambia la clave pública completa por un número de posición (el lugar que ocupa el depósito de cada validador dentro del registro), de apenas 5 bytes, y elimina del todo el cálculo de recompensas y penalizaciones que hoy ejecuta la red en cada epoch. En su lugar, cada validador debe generar diariamente una prueba STARK propia, que recorre la cadena desde el día anterior y demuestra cuánto participó y cuál es su nuevo saldo. El resultado, según el propio cofundador, es que el estado por validador se reduce a apenas 6 bytes frente a los 93 bytes actuales, una caída de más del 90%.
La inclusión de las pruebas STARK, enfatizó Vitalik, también permite que cada validador use una clave pública distinta cada día, lo que renueva su anonimato de forma constante y evita que se pueda rastrear su actividad a lo largo del tiempo. «La privacidad ya no es una idea de último momento, es un objetivo de primera clase» para el diseño futuro del protocolo.
El principio de guardar lo mínimo posible en la red y delegar en cada participante la prueba de su propia actividad es, en esencia, el mismo que sostiene a Bitcoin desde su creación en 2009.
En su comentario en X del 4 de julio, Buterin mencionó explícitamente a los UTXO (salida de transacción no gastada) entre los nuevos tipos de almacenamiento que evalúa para escalar el estado de Ethereum, el mismo modelo contable con el que Bitcoin registra sus transacciones sin depender de un registro de saldos por cuenta como el que usa Ethereum hoy.
Más simplicidad y seguridad frente al avance de la inteligencia artificial
Entre los objetivos declarados por Vitalik dentro de Lean Ethereum se incluye también la verificación formal de cada componente del protocolo, una técnica que revisa matemáticamente que el código haga exactamente lo que se espera de él, sin comportamientos imprevistos que un atacante pueda aprovechar.
Ese tipo de revisión, efectuada con herramientas computacionales, reduciría el margen de errores de código disponible para un exploit, la explotación de una falla para sustraer fondos, algo que gana relevancia en un contexto de récord absoluto en ataques a redes de criptomonedas, la mayoría asistidos por inteligencia artificial contra el ecosistema de finanzas descentralizadas (DeFi).
Asimismo, la verificación formal podría emplearse para cubrir otro frente de ataque: contratos olvidados. Se trata de viejos contratos inteligentes sin mantenimiento que conservan aprobaciones y fondos activos, como reportó CriptoNoticias, que en los últimos meses fueron vulnerados. En ese contexto, el investigador Robert Campbell sostuvo en un paper que la auditoría tradicional, revisada solo en momentos puntuales, ya no alcanza frente a la IA, y propuso reemplazarla por verificación formal continua, la misma prioridad que Buterin fijó para Lean Ethereum.
Una fundación con menos recursos para ejecutar el plan
Los cambios impulsados por Buterin ocurren en un contexto de reestructuración del ecosistema Ethereum, dado que la Fundación Ethereum (EF) recortó un 40% de su presupuesto este año y despidió a 54 personas, cerca del 20% de su plantilla, el 22 de junio pasado, como lo reportó CriptoNoticias. Parte de los investigadores salientes se reagruparon en Ethlabs, una nueva organización sin fines de lucro que, según trascendió, cuenta con fondos para operar entre dos y tres años.
El investigador Dankrad Feist consideró que el plazo de tres a cuatro años que planteó Buterin es «demasiado lento», mientras que el analista Ignas Fiodorovas, dudó de que la Fundación Ethereum pueda cumplir ese cronograma con recursos reducidos, y señaló demoras en hojas de ruta anteriores del protocolo.
La hoja de ruta de Buterin plantea así un Ethereum más simple, más privado y con un manejo del estado cada vez más cercano al que Bitcoin sostiene desde su origen, pero cuya ejecución depende de una organización que atraviesa, al mismo tiempo, su propio proceso de achicamiento.










