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Empresas como Ledger y Tangem, con firmwares cerrados, sufrieron críticas por parte de la comunidad.
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Azul Alonso de Tangem opinó que el ataque a Coldcard afectó la confianza hacia las hardware wallets.
En la cultura Bitcoin, que una wallet fría, un dispositivo físico que guarda las claves privadas sin conexión constante a internet, tuviera un firmware cerrado, es decir, un software de funcionamiento interno que la empresa no hace público, se interpretó durante años casi como una señal de alarma. Era, para buena parte de la comunidad, un indicio de que la empresa tenía algo para esconder.
Coldcard, fabricada por la empresa Coinkite, es una hardware wallet de código auditable, es decir, con un software que cualquier persona puede revisar para verificar que no tuviera fallas ocultas.
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