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Tecnologías y herramientas de código abierto buscan cobrar por el auge de la IA.
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El mercado de tokens de IA ya mueve miles de millones de dólares al año.
La inteligencia artificial (IA) mueve hoy decenas de miles de millones de dólares al año. Gran parte de ese negocio surge del uso de modelos de lenguaje, que cobran según la cantidad de tokens que procesan. Alrededor de ese gasto creció una nueva capa de tecnologías de código abierto que, aunque distribuyen su código gratuitamente, encontraron formas de capturar parte del valor generado por la IA.
La magnitud de ese mercado ayuda a entender por qué existe una oportunidad económica alrededor de estas herramientas:
- OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, superó en agosto de 2026 un ritmo de facturación anualizado de más de USD 40.000 millones.
- Anthropic, la empresa detrás de Claude, alcanzó en mayo de 2026 un ritmo anualizado de USD 47.000 millones.

Esas cifras permiten dimensionar el flujo de dinero que generan los modelos de IA y, al mismo tiempo, el mercado potencial para las tecnologías que se construyen sobre ellos.
La principal unidad utilizada para medir ese consumo es el token. En inteligencia artificial, un token es una unidad de texto que un modelo procesa para interpretar una instrucción de un usuario y generar una respuesta. Puede corresponder a una palabra, una parte de ella, un número o un signo. Los proveedores de modelos cobran según la cantidad de tokens procesados, por lo que cada nueva aplicación que utiliza IA puede convertirse en una nueva fuente de consumo y de ingresos.
Ese flujo de dinero está creando una economía alrededor de los modelos de IA. La paradoja es que buena parte de las herramientas que permiten aprovecharla son gratuitas y de código abierto. El negocio, entonces, no necesariamente está en cobrar por el código, sino en construir servicios, infraestructura y productos alrededor de él.
Esa economía está tomando dos formas. Una se financia con capital de riesgo tradicional, como cualquier empresa de software. La otra busca que los propios agentes de inteligencia artificial puedan pagar y cobrar de forma automática por recursos digitales mediante criptomonedas. Ambas intentan capturar valor de una misma actividad: el creciente consumo de tokens de IA.
El código abierto financiado como una empresa de software
LangChain es un conjunto de herramientas de código abierto que ayuda a los programadores a conectar modelos de lenguaje con bases de conocimiento y otras aplicaciones. Su utilidad está precisamente en facilitar la construcción de productos que consumen modelos de IA y, por lo tanto, generan más demanda de tokens.
La empresa detrás de ese proyecto reporta ingresos anuales de entre USD 12 y 16 millones y alcanzó una valoración de USD 1.250 millones en octubre de 2025, según datos de la firma de análisis Sacra, aunque actualmente esta última cifra cayó más del 50%.
Hugging Face sigue una lógica similar. Es una plataforma de código abierto que funciona como repositorio de modelos de inteligencia artificial entrenados y de bases de datos utilizadas para entrenarlos. Su infraestructura permite a desarrolladores y empresas acceder, compartir y utilizar modelos que después pueden incorporarse a productos comerciales.
La compañía facturó unos USD 130 millones en 2024, sobre una valoración de USD 4.500 millones, de acuerdo con estimaciones de Sacra publicadas en su perfil de Hugging Face.
Los ingresos de ambas empresas pueden parecer grandes, pero son pequeños frente a los de los grandes laboratorios de IA. Juntas facturan menos del 0,4% de lo que genera solamente OpenAI. Al mismo tiempo, buena parte del código que sostiene estos proyectos es desarrollado por comunidades que no cobran directamente por utilizarlo.
Ahí aparece el primer modelo de negocio alrededor del código abierto y los tokens de IA: el código puede ser gratuito mientras la empresa cobra por la infraestructura, los servicios o las herramientas que permiten utilizarlo para desarrollar aplicaciones que consumen modelos de inteligencia artificial.
El código abierto que se paga en criptomonedas
Existe una segunda posibilidad: que los propios programas paguen por los servicios que necesitan sin intervención humana.
L402 es un protocolo de código abierto, sin dueño ni token propio, que permite que un programa de inteligencia artificial pague o cobre de forma automática por cada consulta que realiza. Su gobernanza pasó a manos de la Fundación Linux en julio de 2026, con el respaldo de empresas como Visa, Mastercard, Google, Amazon, Cloudflare y Ripple, como reportó CriptoNoticias.
La idea conecta directamente el consumo de tokens con los pagos. Un agente de IA puede necesitar consultar una base de datos, acceder a una API, utilizar una herramienta o recuperar información de un sitio web. En lugar de depender de una persona que autorice cada operación, un protocolo como L402 permite automatizar el pago por ese recurso.
Ese respaldo institucional tampoco se limita a la gobernanza del protocolo. Amazon lanzó en mayo un sistema llamado Bedrock AgentCore Payments para que sus agentes de IA paguen de forma autónoma por recursos digitales. Cloudflare también empezó a cobrarles a los rastreadores de IA que consultan el contenido de los sitios web que administra.
En todos estos casos aparece el mismo fenómeno: los modelos de IA generan demanda de información y servicios porque necesitan procesar cada vez más tokens, y esa demanda empieza a convertirse en transacciones económicas entre programas.
El protocolo L402 en sí mismo no cobra por esas operaciones, igual que el código de LangChain o Hugging Face no cobra por ser utilizado. El negocio aparece en las capas construidas alrededor del código: las wallets que pueden convertirse en la puerta de entrada de esos agentes, las empresas que emiten las stablecoins utilizadas para pagar y los proveedores que empiezan a cobrar a la IA por recursos que antes ofrecían gratuitamente.
El dinero real todavía está lejos de las valoraciones
Un análisis de la firma Artemis señaló que el auge de los pagos de agentes de L402 todavía es un espejismo. Según su investigación, una parte importante de las transacciones corresponde a pruebas internas o pagos entre wallets controladas por un mismo usuario, y no a intercambios comerciales reales entre agentes independientes.
El patrón se repite en los dos modelos de negocio que están surgiendo alrededor del código abierto de IA. LangChain y Hugging Face convierten herramientas gratuitas en empresas mediante servicios e infraestructura. Mientras protocolos como L402 buscan convertir el consumo automatizado de recursos digitales en pagos entre programas.
En ambos casos, el activo económico fundamental es el mismo: el uso de la inteligencia artificial. Cuantos más modelos consumen los usuarios y los agentes, más tokens deben procesarse; cuantos más tokens se procesan, mayor es la demanda de infraestructura, datos, herramientas y servicios que pueden monetizarse alrededor de esos modelos.
Por ahora, existe una brecha considerable entre ese potencial y el dinero que efectivamente generan algunas de estas tecnologías. Las valoraciones pueden alcanzar miles de millones de dólares mientras el volumen real de pagos todavía es reducido.
El código abierto, por lo tanto, no necesita cobrar por cada línea de código para convertirse en un negocio. Puede hacerlo capturando una parte del valor que genera el ecosistema de IA: mediante servicios, infraestructura, acceso a modelos o, en una nueva etapa, mediante sistemas que permitan a los propios agentes pagar por lo que necesitan.
La pregunta que queda abierta es cuánto de ese valor terminará realmente en esas capas abiertas a medida que los agentes de IA aumenten su consumo de tokens y comiencen a operar y pagar entre ellos de forma autónoma.








