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UBS proyecta que la inversión en IA alcanzará 892.000 millones de dólares en 2028.
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El 35% del crecimiento del PIB de EE. UU. estuvo ligado a inversiones en IA.
La inversión en inteligencia artificial alcanzó niveles históricos, pero las dudas sobre su capacidad para generar retornos proporcionales comienzan a crecer entre los inversores. En un artículo publicado el 26 de julio de 2026 en Seeking Alpha, el articulista Daniel Jones advirtió que el aumento acelerado del gasto en infraestructura de IA presenta señales similares a otras burbujas tecnológicas, aunque destacó el potencial transformador de esta tecnología a largo plazo.
Según Jones, el riesgo no está en la utilidad de la inteligencia artificial, sino en una posible sobreinversión impulsada por expectativas demasiado elevadas. El autor sostiene que los grandes proveedores tecnológicos están destinando cantidades crecientes de capital al desarrollo de esta infraestructura, mientras algunos indicadores muestran que los beneficios económicos todavía avanzan a menor velocidad.
En este escenario, el gasto de los grandes proveedores de servicios tecnológicos en inteligencia artificial fue revisado al alza hasta 673.000 millones de dólares en 2026. Además, la Unión de Bancos Suizos (UBS) estima que la inversión continuará aumentando hasta aproximadamente 841.000 millones de dólares en 2027 y 892.000 millones en 2028.

Alphabet, matriz de Google, refleja esta tendencia. Durante el segundo trimestre de 2026, la compañía registró un crecimiento interanual de 24,2% en sus ingresos y un aumento de 40,8% en su flujo de caja operativo. Su división Google Cloud incrementó sus ingresos 81,8%, hasta 24.770 millones de dólares, mientras que sus beneficios operativos crecieron 211,9%, hasta 8.810 millones de dólares.
Sin embargo, el mercado reaccionó con cautela ante el nivel de inversión necesario para sostener esa expansión. Tras sus resultados, las acciones de Alphabet cayeron 6,7%, equivalente a una pérdida aproximada de 288.900 millones de dólares en capitalización bursátil. La caída estuvo relacionada con las dudas sobre su gasto de capital previsto, que alcanzará entre 195.000 millones y 205.000 millones de dólares durante 2026.
La productividad aún no refleja el tamaño de la inversión
Uno de los principales argumentos del análisis de Jones se basa en un estudio la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) publicado en marzo de 2026. La investigación, realizada con una encuesta a casi 750 ejecutivos corporativos, encontró que las empresas perciben mejoras de productividad asociadas a la inteligencia artificial, aunque esas ganancias superan a las mediciones reales.
Los investigadores identificaron una diferencia entre la productividad esperada y la observada, una situación denominada “paradoja de productividad”. Esto indica que, aunque las compañías reportan beneficios iniciales por la adopción de estas herramientas, el impacto económico medible todavía no alcanza las expectativas.

Esta brecha también aparece en los indicadores macroeconómicos de Estados Unidos. Según datos de la Reserva Federal citados por Jones, cerca del 35% del crecimiento del producto interno bruto durante el primer trimestre de 2026 estuvo relacionado con inversiones vinculadas con inteligencia artificial, como centros de datos, equipos informáticos, instalaciones eléctricas y software. El articulista estima que, sin ese impulso, el crecimiento económico habría sido cercano al 1,3% o 1,4% durante ese periodo.
La expansión de la IA enfrenta nuevos límites económicos
Además de las dudas sobre los retornos, Jones señala presiones derivadas del crecimiento acelerado de la infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial. Tal como reportó CriptoNoticias, los precios de componentes como la memoria DRAM aumentaron debido al incremento de la demanda de centros de datos, incluso mientras la producción de semiconductores también crecía. Para el autor, esta combinación muestra que la expansión del sector comienza a generar tensiones en las cadenas de suministro.
La energía representa otro desafío. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía citados en el análisis, el consumo eléctrico de los centros de datos especializados en inteligencia artificial aumentó un 50% durante el último año, mientras que la demanda mundial de electricidad de los centros de datos creció 17%.
Las previsiones apuntan a que esta presión continuará. El escenario base de la Agencia Internacional de la Energía contempla que el consumo eléctrico de los centros de datos podría multiplicarse aproximadamente por 2,5 entre 2025 y 2035, con un crecimiento anual promedio de 9,4%.

A pesar del panorama actual, Jones aclara que estos factores no eliminan el potencial económico de la tecnología. Su advertencia se centra en la diferencia entre las expectativas actuales del mercado y el tiempo necesario para que las inversiones se traduzcan en beneficios sostenibles.
Por los momentos, la inteligencia artificial entra así en una nueva etapa: después de la fase de construcción acelerada de infraestructura, el mercado comenzará a evaluar qué compañías logran convertir esa capacidad tecnológica en crecimiento rentable. La próxima ventaja competitiva podría depender menos del volumen de inversión y más de la capacidad para transformar ese gasto en productos, eficiencia y nuevos ingresos.









