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El inversor paga el precio de un ticker que nadie supo proteger.
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Un EURR vale 0,55 dólares. El otro, 1,00. Mismo nombre, distinto valor.
StablR, una stablecoin con emisor registrado en Malta bajo la regulación MiCA, sufrió un ciberataque el 24 de mayo de 2026 provocado por una falla elemental en sus controles internos. Su sistema requería la aprobación de solo uno de los tres administradores registrados, lo que permitió al atacante tomar el control operativo y autorizar transacciones de forma unilateral.
Tras explotar esta vulnerabilidad, el atacante se añadió como administrador, revocó los accesos de los usuarios legítimos y comenzó a emitir tokens de forma masiva.
En cuestión de minutos, generó 4,5 millones de EURR, la stablecoin de StablR referenciada al euro, y 8,35 millones de su par en dólares (USDR), lo que supuso una inyección de 13,5 millones de dólares en valor nominal carente de cualquier respaldo financiero.
La reacción del mercado fue inmediata. El EURR perdió su paridad hasta cotizar en 0,55 dólares frente a un euro que cotizaba a 1,16, mientras que el USDR se desplomó a 0,40 dólares.
Ante el colapso, StablR congeló la emisión e intercambio de activos, notificó a la Autoridad de Servicios Financieros de Malta (MFSA) y activó los protocolos de emergencia previstos en la Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA, por sus siglas en inglés).
Según la firma de ciberseguridad Blockaid, el incidente respondió a «un fallo en la gestión de claves y gobernanza, no a un error en el contrato inteligente». La precisión técnica, sin embargo, no evitó el impacto en los inversores ya que una stablecoin nacida bajo el amparo de la normativa europea perdió el 50 % de su valor en cuestión de horas.
Tres meses después del hackeo, el 26 de agosto, Revolut lanzó su propio stablecoin en euros. Lo llamó EURR, tal como lo informó CriptoNoticias.
Con el mismo ticker e idéntica promesa de paridad con la divisa europea, el nuevo token pertenecía a un emisor independiente: Bridge Building S.A., filial de Stripe que logró su licencia MiCA en Luxemburgo solo 19 días antes del lanzamiento. Revolut actuaría como canal de distribución a través de su entidad en Chipre, respaldado por su red de 80 millones de usuarios, con más de 16 millones activos en el sector de las criptomonedas.

Con una distribución acotada a Dinamarca, Polonia y Portugal, la salida al mercado arrancó con un volumen de unos 250.000 EURR en circulación, respaldados íntegramente por la misma cantidad de euros en efectivo en sus reservas.
La industria reaccionó con perplejidad. Patrick Hansen, de Circle señaló que «va a ser interesante seguir la evolución de ambos tokens EURR». No reacción del sector no era para menos porque el ticker EURR ya pertenecía, en la práctica, a la stablecoin de StablR, que a pesar del desastre mantenía una capitalización residual.
Dos EURR, una regulación, pero cero coordinación
La realidad actual en el mercado presenta una complejidad añadida en comparación con los eventos de mayo.
El EURR de StablR ya no vale 0,55 dólares. Hoy, tres meses después, el mercado lo ha empujado de vuelta a la paridad y hoy cotiza a 1,02 dólares, con una capitalización de 12,13 millones de dólares y un suministro circulante de 11,88 millones de tokens. Para el inversor que solo mira el precio, parece una stablecoin sano y recuperado.

No obstante, ese precio es un espejismo.
El volumen de negociación en 24 horas es de apenas 74 dólares. No hay liquidez. Es un activo ilíquido que mantiene el tipo gracias a operaciones testimoniales mientras su emisor mantiene la suspensión de acuñaciones y rescates. Binance ya no lo lista, pero otros exchanges menores y DEXs sí lo hacen. Y el símbolo sigue siendo el mismo: EURR.
Mientras, el EURR de Revolut cotiza en el mismo rango, respaldado 1:1 y con liquidez real. Misma cifra, misma paridad, pero con dos estructuras de respaldo radicalmente opuestas. El inversor que busque el euro digital de Revolut puede toparse con el de StablR, ver que ambos valen lo mismo y elegir el equivocado sin percatarse de que adquieren un activo con operaciones suspendidas.
¿Y MiCA? El marco regulatorio que prometía orden no dice una palabra sobre la unicidad de los tickers.
La normativa exige requisitos estables de autorización, gobernanza, auditorías y reservas, pero no establece mecanismos sobre la unicidad de los identificadores ni contempla una base de datos centralizada.
Así, StablR procesó sus notificaciones en Malta, Bridge se registró en Luxemburgo y Revolut operó desde Chipre. Son tres jurisdicciones distintas regulando bajo el mismo ticker sin una instancia de coordinación central.
La relevancia del problema responde a la magnitud de las proyecciones del sector. Según cálculos de S&P Global, la oferta de stablecoins vinculadas al euro podría alcanzar los 1,1 billones de euros para 2030, en un mercado donde ya conviven más de 20 emisores autorizados bajo el marco europeo y sobre los cuales el Banco Central Europeo ha reiterado sus prevenciones relativas a sus debilidades estructurales.
El escenario planteado por el identificador EURR expone una falla estructural en la aplicación de la normativa: aunque MiCA impuso exigencias estrictas a las entidades emisoras, omitió establecer mecanismos de integración en el mercado.
El resultado es la convivencia en las plataformas de intercambio de un token afectado por una brecha de seguridad junto a un activo operativo de reciente emisión, ambos operando bajo las mismas siglas.








