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BlackRock y otros gigantes ahora impulsan la tokenización como base financiera.
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Stablecoins superan a Visa y Mastercard en volumen, redefiniendo los pagos globales.
En Davos, Suiza, donde la élite mundial se reunió recientemente para trazar el rumbo económico global, resonó en 2026 un eco muy distinto a los eventos anteriores y tiene que ver con los activos digitales.
Los diálogos tradicionales entre banqueros y políticos cedieron terreno a términos como tokenización y stablecoins. Lo que presenciamos este año no fue un Foro Económico Mundial (WEF) convencional, sino una metamorfosis profunda. Con el evento se posicionó como epicentro de la economía digital, latiendo al ritmo de bitcoin (BTC) y las criptomonedas.
Sesiones dedicadas como «¿Es la tokenización el futuro?» y «¿En qué punto nos encontramos con las stablecoins?», atrajeron a figuras como Brian Armstrong (CEO de Coinbase), Brad Garlinghouse (CEO de Ripple), y representantes de instituciones como BlackRock y el Banco Central Europeo (BCE), como se reflejó en la agenda principal del evento.
Estos paneles marcaron un giro. Ya no se debatía si los criptoactivos pertenecen al sistema financiero, sino cómo integrarlos de forma rápida y responsable. Quedó en evidencia que Davos ya no es el foro económico que conocíamos. Se ha transformado en un espacio donde las conversaciones sobre bitcoin, criptomonedas y tokenización eclipsan con frecuencia creciente los debates sobre clima o desigualdad.
En 2026, el WEF elevó los criptoactivos a la programación central de manera más explícita que nunca. Larry Fink, CEO de BlackRock, urgió en un panel a “movernos más rápidamente con la tokenización en una blockchain común”. Esto para reducir costos, fricciones transfronterizas y corrupción.
Destacó así la forma en que bitcoin, ether (ETH) y las stablecoins están redefiniendo los mercados financieros.
Un salto indiscutible en la narrativa
En mi opinión, la tokenización no fue solo una tendencia, más bien fue la prioridad indiscutible de Davos 2026. Lo que antes eran experimentos incipientes se catapultó hacia despliegues masivos en clases de activos fundamentales como acciones y bonos.

Este salto señala la madurez de la tecnología y su adopción por instituciones tradicionales —desde grandes bancos hasta gestores de patrimonio— que ahora la implementan a escala sin precedentes.
La realidad es contundente. En Davos, el Gobierno de Bermuda anunció planes para convertirse en la primera economía nacional 100 on-chain, con apoyo de Circle y Coinbase. Esto con la idea de expandir pagos digitales de bajo costo, inclusión financiera y educación en activos digitales, tal como fue reportado por CriptoNoticias.
Paralelamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su intervención especial, resaltó la Ley GENIUS (firmado en 2025 para stablecoins) y la legislación en curso sobre estructura de mercado de las criptomonedas —que espera firmar pronto— con el objetivo de posicionar a EE.UU. como la “capital crypto del mundo”.
Estos pasos no son menores. Consolidan una nueva era regulatoria favorable para el ecosistema. El impacto es innegable y se viene manifestando desde hace varios años.
En 2024, las stablecoins superaron el volumen combinado de Visa y Mastercard en transferencias anuales (alcanzando unos 18,4 billones de dólares frente a los 15,7 billones de Visa y 9,8 billones de Mastercard). La tendencia continuó y se aceleró en 2025 con volúmenes totales de stablecoins cercanos a los 33 billones de dólares, tal como lo informó CriptoNoticias.
Este hecho muestra una transformación radical en pagos transfronterizos. La adopción se está dando porque son alternativas más rápidas, eficientes y de menor costo que evitan comisiones bancarias tradicionales.
Además, augura cambios en el rol de las monedas de reserva globales, al digitalizar y movilizar valor de forma casi instantánea, desafiando la hegemonía del dinero fíat en ciertos contextos.
Instituciones como Standard Chartered y el BCE participaron activamente en discusiones sobre stablecoins, reconociendo su crecimiento exponencial. USDC, por ejemplo, vio un aumento significativo en circulación (alrededor del 73% en capitalización de mercado durante 2025, posicionándose como infraestructura clave para pagos no custodiados y parte de un sistema financiero más eficiente.

La agenda abordó otros temas que fueron secundarios
Claro, no simplifiquemos los hechos. Davos sigue abordando temas globales de envergadura, como avances en inteligencia artificial, seguridad energética, guerras comerciales y geopolítica. Las discusiones sobre clima y desigualdad persisten en la agenda oficial, y el WEF prioriza —no sin esfuerzo— la interoperabilidad de redes blockchain, coordinación regulatoria global y adopción sostenible de activos digitales.
Sin embargo, el ímpetu de los criptoactivos eclipsa, por mucho, otros debates. Es definitivo que el foro ha completado su transición y ha pasado de ver a bitcoin como amenaza, a reconocerlo como herramienta esencial para el futuro financiero. Las instituciones pasando del debate a la implementación activa a una velocidad asombrosa.
La hipérbole del título de este artículo no niega la diversidad temática; pero subraya esta metamorfosis profunda. Aunque queda espacio para otras agendas, los activos digitales dominan el espíritu del nuevo Davos y marcan el pulso de la conversación.

El futuro es on-chain, sin dudas, pero ¿para quién?
En 2026, Davos confirmó que los activos digitales no son una moda pasajera, sino la base robusta de la economía global. Tanto es así que los gobiernos exploran la tokenización de activos nacionales.
Las stablecoins actúan como puentes financieros cada vez más sólidos, y la infraestructura de bitcoin se consolida como capa fundamental para la inteligencia artificial y más allá.
Precisamente en esta consolidación radica el mayor riesgo. El peligro está en que el establishment financiero y político, al reconocer el poder de esta revolución, intente cooptarla para preservar el control. Las advertencias resuenan en debates sobre monedas digitales de bancos centrales (CBDC), que prometen eficiencia, pero plantean interrogantes serios sobre privacidad y centralización monetaria.
De igual modo, la discusión creciente sobre las recompensas en las stablecoins —atractiva en apariencia— podría replicar riesgos y desigualdades del sistema tradicional.
Entonces es definitivo que Davos se ha abierto a la innovación de los activos digitales. Y lo ha hecho aceptando también a las finanzas descentralizadas. Pero ¿se respetará en su esencia… o se convertirá, irónicamente, en el Comic-Con de las finanzas digitales. Es decir, en un evento para insiders debatiendo su propia burbuja, mientras el resto del mundo espera?
En definitiva, el futuro es on-chain. Pero, la gran incógnita —y la que debería preocuparnos a todos— es quién definirá sus reglas y a quién beneficiarán realmente.
Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.








