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La reutilización de calor residual y renovables reducen la huella y mejoran los márgenes operativos.
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El halving de 2024 obligó a exprimir cada vatio; ahora el costo de la energía decide la viabilidad.
En 2026, minar criptomonedas ya no se parece en nada a la escena de garajes llenos de rigs improvisados. El 2025 estuvo marcado por récords de hashrate y una energía cada vez más cara. La minería se ha consolidado como una actividad industrial. Es intensiva en capital y muy sensible a la eficiencia.
En este nuevo contexto, los pools han pasado de ser simples «repartidores de bloques» a convertirse en plataformas integrales. Estas condicionan la rentabilidad y el grado de profesionalización de los mineros.
Por qué 2026 es un año clave para la minería
El halving de 2024 redujo a la mitad la recompensa por bloque de Bitcoin (BTC). Esto obligó a todos los mineros a exprimir cada vatio y cada terahash. En 2025, la red alcanzó un hashrate histórico cercano a los 900 EH/s. La subida fue de casi 30% en apenas medio año. Fue impulsada por la entrada masiva de equipos ASIC de nueva generación. También influyó la expansión de grandes granjas en Norteamérica, Latinoamérica y Oriente Medio. Ese crecimiento se ha trasladado a 2026 con una consecuencia evidente: la competencia por cada bloque es más dura que nunca.
En paralelo, el coste de la electricidad se ha consolidado como el factor que puede hacer viable o inviable una operación. Diversos análisis sitúan la factura eléctrica entre el 40% y el 60% de los costes operativos totales de un minero. Esto depende de la región.
Cuando las recompensas se reducen y la dificultad se mantiene alta, la diferencia de precios es crucial. Pagar 0,04 o 0,12 dólares por kWh marca la frontera entre seguir encendiendo las máquinas o pulsar el botón de apagado. Este trasfondo explica por qué 2026 está obligando a repensar la localización de las granjas. También afecta la forma de participar en los pools.
La eficiencia energética como factor decisivo, no como plus
Si algo ha quedado claro tras 2025 es que la eficiencia ya no es una ventaja competitiva opcional, sino una condición de supervivencia. Los mineros han pasado de “comprar más máquinas” a preguntarse primero cuánto hashrate útil pueden obtener por cada kWh consumido.
Por un lado, el mapa energético condiciona cada decisión. Regiones con abundante hidroeléctrica o energía subsidiada ofrecen tarifas más bajas. Algunas áreas de Canadá, Paraguay o ciertos países de Oriente Medio tienen tarifas por debajo de 0,04 dólares/kWh. Esto permite mantener operaciones rentables incluso con márgenes más estrechos.
En cambio, mercados con electricidad cercana o superior a 0,10-0,15 dólares/kWh fuerzan a muchos mineros a tomar decisiones difíciles. Cuando el precio de BTC no los beneficia, deben apagar equipos. Otra opción es migrar físicamente su infraestructura.
No es casual que los principales pools dediquen creciente espacio en sus blogs y materiales educativos a temas como la evolución de la refrigeración, el diseño térmico de granjas o el aprovechamiento del calor residual.
ViaBTC, por ejemplo, ha analizado en detalle el paso de sistemas aireados a soluciones basadas en agua e inmersión. Estas tecnologías se alinean con el objetivo de reducir el coste por terahash y alargar la vida del equipo. No se trata solo de «minar más», sino de «minar mejor» en términos energéticos.
La profesionalización de los pools
Otro rasgo distintivo de la minería en 2026 es la concentración de poder de cómputo en unos pocos pools. Ya a mediados de 2025, los cinco grandes pools (ViaBTC, Foundry, AntPool, F2Pool y Binance) concentraban aproximadamente el 80% del hashrate de Bitcoin, manteniendo un crecimiento sostenido.
Sin embargo, más allá del número de EH/s, el dato clave es la correlación entre hashrate y capacidad real de minado. En ese mismo periodo, ViaBTC minó alrededor del 13,88% de los bloques de la red. Tuvo una producción de bloques muy alineada con su participación en el hashrate. Esto sugiere una infraestructura madura y bien optimizada.
Para los mineros que utilizan esquemas de pago como PPLNS, esa estabilidad no es un matiz técnico: se traduce en ingresos más predecibles y menor volatilidad en sus flujos de caja.
Esta profesionalización se refleja en el tipo de servicios que ofrecen los pools. La capa básica (conectarse, aportar hashrate, recibir recompensas) se ha quedado corta. Esto es cierto para un entorno donde las operaciones gestionan millones de dólares en hardware y energía. Grandes como ViaBTC han evolucionado hacia una oferta «todo en uno».
- Infraestructura técnica robusta, con nodos desplegados globalmente para reducir latencia y un sistema de control de riesgos de múltiples niveles orientado a mantener la estabilidad 24/7.
- Estructuras de pago flexibles (PPS+, PPLNS, SOLO) que permiten a cada operador elegir entre ingresos más estables o mayor exposición a la red.
- Paneles de control para seguir hashrate en tiempo real, alertas ante caídas de rendimiento y herramientas de administración multi-cuenta pensadas para granjas y operadores profesionales.
Esta combinación de tecnología, servicios y gestión de riesgos impulsa la minería hacia un modelo similar a otras industrias digitales: pocos proveedores grandes, alta densidad de capital y estándares operativos elevados.
Diversificación de monedas… y de estrategias de minado
Con una red de Bitcoin cada vez más competitiva, un número creciente de mineros explora estrategias de diversificación. Esto no siempre implica abandonar BTC. En su lugar, combinarlo con otras monedas de prueba de trabajo (PoW). Ejemplos son BCH, LTC, DOGE o activos emergentes. También utilizan herramientas de auto-conversión para gestionar mejor la exposición al precio.

Los pools multiprotocolo permiten concentrar la operación técnica en una sola plataforma y repartir el riesgo entre distintos activos. ViaBTC, por ejemplo, ofrece minería para más de 20 criptomonedas PoW, junto con la posibilidad de convertir automáticamente las recompensas y gestionar un monedero multi-activo dentro del propio entorno del pool. Esta “capa financiera ligera” integrada en el pool rebaja fricciones operativas (como mover fondos entre wallets y exchanges) y facilita a los mineros ajustar su estrategia sin desconectarse de la infraestructura de minado.
La diversificación, sin embargo, ya no se limita al qué se mina, sino a cómo se gestiona el balance entre BTC minado, liquidez en efectivo y protección frente a la volatilidad. La conversación ha pasado del eterno “nunca vendas tus bitcoins” a un debate más sofisticado sobre tesorería: vender, endeudarse contra las reservas o cubrirse con instrumentos financieros.
En esta línea, ViaBTC ha popularizado un “playbook de flujo de caja” para mineros que describe tres grandes familias de estrategias: venta inmediata de lo minado para cubrir gastos, uso de préstamos colateralizados con activos como BTC, LTC, BCH o DOGE, y coberturas mediante derivados para estabilizar ingresos en entornos volátiles.
El énfasis no está tanto en recomendar una táctica única como en señalar que gestionar liquidez y riesgo es ya tan importante como elegir ASIC o negociar el contrato eléctrico.
Dónde y cómo minar para seguir siendo rentable en 2026
La pregunta aparece de forma recurrente y la respuesta rara vez es blanco o negro. La rentabilidad de la minería en 2026 depende de una combinación de factores: coste eléctrico local, eficiencia del hardware y de la refrigeración, nivel de profesionalización operativa y calidad del pool elegido.
Desde el lado de los ingresos, entran en juego la elección del pool y el uso de herramientas financieras. Pools con baja tasa de bloques huérfanos, pagos frecuentes y esquemas PPS+, como ViaBTC, reducen la incertidumbre en el ingreso diario, lo que facilita planificar flujos de caja y repagos de deuda.
Al mismo tiempo, el acceso a préstamos colateralizados o estrategias de cobertura puede evitar ventas forzadas de BTC en momentos de precio deprimido, mejorando el resultado final de la operación en horizontes de varios años.
En definitiva, 2026 marca el momento en que la minería de criptomonedas termina de abandonar su fase experimental y se consolida como un negocio intensivo en ingeniería, datos y finanzas. En ese nuevo paisaje, los pools que consigan combinar eficiencia técnica, profundidad de servicios y alineación con las necesidades reales de los mineros serán los que definan cómo se participa (y quién puede seguir haciéndolo con éxito) en la búsqueda de nuevos bloques.
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