¿Qué es una cadena de bloques (blockchain)?

Si tuvieras “una blockchain” entre los dedos, ¿qué sería o a qué se parecería? ¿Un computador? ¿Un juego de legos? ¿Una caja fuerte? ¿Un dispositivo súper avanzado con símbolos alienígenas? Pues bien… la verdad es un tanto más aburrida.

Sería una pila de carpetas, seguramente. Carpetas llenas de hojas rellenas con “0s” y “1s”, como algún código secreto del FBI. A ese lenguaje se le llama en realidad “binario”, y es el único que saben las computadoras (antes de traducirlo para nosotros en imágenes y letras). Cuando lo desciframos con cualquier herramienta cutre en Google, hay que reconocer que el mensaje puede no ser muy interesante —en la mayoría de las blockchains—: simplemente se trata de un registro detallado de cientos, miles, millones de transacciones. Pero claro, todo esto viene en digital, porque eso de tener una pila gigante de carpetas no es ni muy práctico ni muy seguro.

Podemos decir así que una blockchain (en español, cadena de bloques) es un libro de cuentas digital sobre lo que sucede en una red de intercambio de valor. Se construye con matemática avanzada y puede ser pública o privada.

Como analogía didática, podemos decir que una blockchain (cadena de bloques) es como el gran libro donde se anotan todas y cada una de las transacciones con cierta criptomoneda, incluyendo cantidades y fechas exactas. Aunque esas transacciones también pueden utilizarse para representar otras cosas dentro de la cadena y validar su autenticidad: documentos, contratos inteligentes o mensajes de casi cualquier tipo.

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Moneda de Bitcoin colocada dentro de un libro. Fuente: piqsels/piqsels.com

La tinta con la que se escribe ese libro se llama criptografía, así que todos los mensajes allí dentro están cifrados para asegurar su autenticidad y proteger los datos de ojos indiscretos.

Para lograr eso último de forma distribuida, una blockchain debe poseer múltiples copias. Es más, miles de copias (o más) exactamente iguales en manos de diversos usuarios de esa misma criptomoneda o plataforma alrededor del mundo. Se supone que esos miles de usuarios deben tener su propia pila de carpetas con datos idénticos.

Mediante normas establecidas para el consenso general, cada uno de los poseedores de esa copia (los nodos) se pone de acuerdo con los demás para añadir nuevas transacciones o datos, de modo que todos consideren que son válidos y los datos del libro continúen siendo uniformes en todas sus versiones.

Se le llama “cadena de bloques” porque las hojas de este libro son en realidad “bloques” de información encadenados secuencialmente unos con otros desde el principio hasta el final. Lo que los entrelaza es la criptografía (matemática), y este mismo sistema busca que los datos sean inmutables, sí así lo decide la red que controla el “libro”. O sea, que no se puedan cambiar fácilmente después, como en Bitcoin.

Si nos ponemos un poco más técnicos, una blockchain es una base de datos digital construida con criptografía. En términos específicos, una blockchain está construida por archivos digitales de cierto tamaño que se van apilando unos sobre otros. Así, por ejemplo, la blockchain de Bitcoin son archivos de tipo bkl.dat, nunca mayores a 128 MB y “traducidos” a binario, aunque los datos se construyen con criptografía.

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Código Binario con fondo negro. Fuente: Jae Rue/pixabay.com

Las criptomonedas pueden tener blockchain propia o usar la de otra plataforma, pero deben registrar en alguna todas sus transacciones para poder funcionar de manera legítima.

Esa blockchain puede volverse “descentralizada” gracias a una red de nodos (ordenadores) distribuida (por distintos sitios) y un algoritmo de consenso para validar los datos, así como criptografía de llave pública para abrir nuevas “cuentas” o, mejor dicho, carteras. Puedes averiguar más de lo técnico por aquí. Pero podemos mencionar que el algoritmo de consenso con las reglas automáticas que toda la red acuerda para validar las transacciones o datos.

Asimismo, podemos recordar que existen dos tipos fundamentales de blockchain: privada (permissioned) y pública (permissionless). También podemos llamarlas con permisos y sin permisos. Las primeras son desarrolladas por entidades generalmente privadas, en muchos casos para uso interno, y los usuarios de estas necesitan permisos por parte de los administradores de la red para interactuar con el protocolo. Este es el tipo de blockchain que están probando los bancos: son centralizadas, es decir, controladas por la entidad y no por los usuarios.

En las segundas, por el contrario, no hay restricciones para poder realizar transacciones, crear nuevos bloques y utilizar cualquiera de sus funcionalidades, de modo que se ofrecen monedas o activos digitales nativos de la red como recompensa a los usuarios que quieran mantenerla. Tiende a la descentralización, tal como en Bitcoin.

Aplicaciones de las blockchains

Siendo esta una tecnología joven, seguramente aún no se han descubierto o desarrollado lo suficiente todas sus aplicaciones posibles. Sin embargo, hay un cierto número de usos que son bastante recurrentes.

– Criptomonedas: su función principal en este campo es registrar los valores transferidos entre individuos y validados por los nodos y mineros, usualmente de forma inalterable. Muchas criptomonedas han desarrollado su propia blockchain (libro contable criptográfico), como SolarCoin y Zcash. Otras, en cambio, prefieren confiar en la ya madura estructura de Bitcoin o Ethereum y se construyen en base a su plataforma, tal como los activos digitales de Counterparty y los cuasi infinitos tokens de Ethereum.

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Bitcoin y algunas de las altcoins más reconocidas. Fuente: Wit / stock.adobe.com

– Sistemas de pago: muchas redes asociadas a blockchains poseen cualidades como distribución instantánea de los datos, seguridad y, además, la privacidad que se ofrece a los usuarios a la hora de realizar transacciones. Por ello muchas empresas, en su mayoría bancos e instituciones financieras, han tomado este tipo de libro contable para construir sus propias plataformas que permitan una verificación más rápida y una mayor transparencia entre las partes. Buen ejemplo de ello es Ripple, que incluso ofrece sus servicios a distintas empresas.

– Registro de documentos: una blockchain es un gran registro al que muchas partes pueden acceder desde cualquier lugar del mundo. Y no solo puede registrar dinero, sino virtualmente cualquier cosa que pueda representarse con una transacción.

Por esto ya está siendo usada para registrar y verificar la autenticidad de toda clase de documentos, desde títulos universitarios y actas matrimoniales hasta historiales médicos, área que por cierto ha tenido mucha atención, pues permitiría unir en una sola plataforma a hospitales, aseguradoras y prestamistas, lo que aceleraría exponencialmente el proceso sanitario. Toda una conferencia sobre la blockchain en la salud ya fue llevada a cabo, mientras que la plataforma Stampery ya permite este tipo de registro.

– Cadena de suministro: saber exactamente de dónde provienen las cosas es siempre un problema, pero un registro como el que proporciona una blockchain es capaz de volver mucho más fácil el asunto. Con esta tecnología es posible marcar casi cualquier objeto con una huella digital única que seguirá todo su ciclo de vida desde el principio. Gracias a esta cualidad, resulta perfecta para su uso en la compleja cadena de suministro, algo que ya ha probado Provenance al implementar esta estructura para evitar la pesca ilegal, o Walmart, que la utiliza para asegurar la inocuidad de los alimentos. En la misma línea también está la gigante IBM, que está trabajando (entre otras muchas cosas) para resolver el problema de la última milla.

Cadena de suministro en la industria de transporte. Imagen de Gerd Altmann/pixabay.com

– Contratos inteligentes y aplicaciones descentralizadas (Dapps): sobre una blockchain también se pueden ccrear contratos inteligentes, es decir, acuerdos digitales automatizados en los que nuevamente se elimina la necesidad de confiar en terceras partes para su cumplimiento.

Los términos quedan establecidos en principio a conveniencia de las partes, y más tarde son cumplidos gracias al código, como una tarea programada. A su vez, estos abren una casi infinita gama de posibilidades que pueden traducirse en las aplicaciones descentralizadas: funcionalidades informáticas de todo tipo que no son controladas por una sola parte, sino distribuidas entre muchas. El ejemplo más famoso de ello es, sin duda, la plataforma descentralizada Ethereum.

– Entretenimiento: varios videojuegos y juegos de azar se han construido sobre una cadena de bloques o bien apoyándose en algún activo digital propio de ella. La velocidad, transparencia y, sobre todo, las recompensas, están aseguradas. En este ámbito tenemos a Spell of Genesis, un juego de cartas; Lightnite, al estilo Fornite pero usando Lightning Network; y los populares CryptoKitties, que son gatitos digitales coleccionables.

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CryptoKitties, gatitos digitales coleccionables en la blockchain de Ethereum. Fuente: CryptoKitties.

Por otro lado, también se encuentran las redes sociales que ofrecen micropagos en criptomonedas a sus usuarios a cambio del contenido que proporcionen y que es almacenado de forma transparente, inalterable y pública en una blockchain. Tal es el caso de Steemit.

– Comercio y mercados digitales: la transparencia y seguridad son certezas del código, así que su uso en el comercio era inevitable. Sobre sus propias cadenas de bloques se han construido plataformas de compra y venta electrónica como LBRY, la cual permite a los autores poner el precio que deseen a su trabajo creativo y cobrar todas las ganancias, sin intermediarios.

Asimismo, por el lado del comercio tenemos a las casas de cambio descentralizadas (DEX), en las que se pueden comprar y vender criptomonedas sin intermediarios. Dos de ellas son LocalCryptos y Bisq.

Pero seguramente este es sólo el comienzo. Las blockchains también se han utilizado para autenticar fondos de caridad, para optimizar procesos energéticos e incluso para mejorar el sistema de publicidad online. A este ritmo, muy pronto cambiará toda nuestra vida cotidiana.

Ahora bien, si quieres saber más sobre la estructura de esta cosa complicada, te invitamos a pasarte por esta página.