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“Aave está enfrentando su prueba existencial más severa desde su creación”, dice empresario.
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USD 7.000 millones salieron de las DeFi en 1 día luego del hackeo de Kelp DAO.
El ecosistema de finanzas descentralizadas (DeFi) enfrenta una de sus crisis de confianza más profundas tras el hackeo de 292 millones de dólares sufrido por Kelp DAO el pasado 18 de abril. El evento no solo drenó liquidez de los principales protocolos, como Aave, sino que ha desatado una reacción en cadena de pesimismo entre inversores y desarrolladores.
Según datos de mercado, el sector registró una salida de 7.480 millones de dólares en las últimas 24 horas, lo que representa una contracción cercana al 8,2 % del valor total bloqueado (TVL). Este dato cuantifica la magnitud del impacto inmediato.
Ante tal escenario, la comunidad de este sector de la economía digital manifiesta un agotamiento emocional que trasciende lo técnico.
Néstor, inversor conocido como @lodelascripto en redes sociales, relató su experiencia personal durante la madrugada del ataque: «A las 3 de la madrugada, de viaje y durante el cumpleaños de una persona importante para mí, tuve que ponerme a deshacer todas mis posiciones en Aave. Lo peor ya no es el pobre rendimiento o los riesgos por la seguridad de los protocolos, sino que no puedes nunca estar tranquilo».
El emprendedor señaló que, a diferencia de otros ciclos donde las ganancias compensaban el riesgo, «ahora ya vamos todos perdiendo la fe en todo». Esta visión personal ilustra el agotamiento colectivo.
Esta pérdida de seguridad es compartida por otros participantes como Guillermo (@GuillermoElor), quien es desarrollador de software. Él sentenció: «creo que nunca volveremos a estar tranquilos con DeFi». Para Guillermo, la integración de nuevas tecnologías en manos criminales agrava el panorama.
«Ahora tienen la inteligencia artificial (IA); los hackers siempre van a estar un paso adelante, por más parches que le pongan a los protocolos, va a ser muy difícil recuperar», alertó.
Aave enfrenta una “prueba existencial” tras el hackeo
El impacto técnico se ha centrado en Aave, considerado el pilar de los préstamos descentralizados, donde las consecuencias se han materializado con mayor crudeza. Anndy Lin, analista del sector y autor literario, afirmó que el protocolo «está enfrentando su prueba existencial más severa desde su creación».
Según Lin, aunque es improbable un colapso total de ese protocolo de préstamos descentralizados, el mecanismo de solvencia está afectando directamente a los usuarios.
«Si eres un staker en el WETH Umbrella Vault, actualmente estás siendo ‘penalizado’. Tu WETH stakeado está siendo quemado sin permisos para saldar la deuda incobrable», explicó el analista, detallando que el módulo de seguridad solo cubre cerca del 28% de la deuda generada por el hackeo de rsETH.
Por su parte, el director estratégico de Spark, bajo el pseudónimo monetsupply.eth, advirtió sobre los efectos secundarios de las medidas de mitigación de Aave. Él cree que, al reducir las tasas de interés para mantener posiciones apalancadas, se podría estar concentrando el riesgo en un grupo menor de usuarios.
«Cualquier recorte atribuible al hack de rsETH se distribuye entre un conjunto más pequeño de usuarios que permanecen atrapados en WETH, lo que aumenta el porcentaje de pérdida», señaló.
La desconfianza ha llegado incluso a plataformas de intercambio. Federico Ogue, CEO del exchange de criptomonedas argentino Buenbit, confirmó que esa plataforma retiró todo preventivamente el 18 de abril ante la falta de liquidez en las principales monedas dentro de ese protocolo. «Muy feo lo que está pasando en Aave», comentó.
Esta decisión subraya el temor al contagio sistémico que el hackeo del puente de Kelp DAO, basado en LayerZero, ha inyectado en el mercado.
Como informó CriptoNoticias, el ataque contra Kelp DAO se ejecutó mediante la falsificación de instrucciones de mensajería, permitiendo al perpetrador drenar 116.500 rsETH, equivalentes al 18 % del suministro total de dicho activo.
Mientras el token de gobernanza AAVE se desploma un 20%, el debate sobre las pérdidas y la invulnerabilidad de estos sistemas sigue abierto. La comunidad parece coincidir en que, más allá del código vulnerado, lo que se ha quebrado es la psicología de un mercado que ya no encuentra refugio en la descentralización.








