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Trump llamó a Infantino antes de conocerse la reversión de la sanción
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La FIFA ya había aplicado el Artículo 27 con Cristiano Ronaldo en noviembre de 2025
Una institución puede declarar en su propio estatuto que actúa con neutralidad política, pero esa neutralidad solo existe mientras nadie con poder suficiente decida ignorarla. Es la diferencia entre una regla que se cumple porque alguien elige respetarla y una regla que se ejecuta porque el sistema no ofrece otra alternativa. Bitcoin plantea la segunda vía: un protocolo cuyas reglas de emisión y validación se aplican por consenso de la red, sin que ninguna autoridad central pueda suspenderlas caso por caso.
Un episodio reciente en la FIFA sirve para ilustrar la primera vía. El presidente estadounidense Donald Trump llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para preguntar por qué se había expulsado a Balogun y por qué eso derivaba en una suspensión, y un funcionario estadounidense señaló que el gobierno de Estados Unidos aportó evidencia adicional que se usó en el proceso de apelación, el cual es gestionado por un órgano independiente. Incluso el propio Trump señaló que para el no había falta, hecho que fue recalcado por Marcos Rubio, el secretario de Estados de EE. UU.
Como si fuese coincidencia, días después, la comisión disciplinaria de la FIFA optó por utilizar el Artículo 27 de su código, que permite al órgano judicial suspender total o parcialmente la implementación de una medida disciplinaria bajo un período de prueba. Trump confirmó la llamada públicamente y agradeció a la FIFA en Truth Social por revertir lo que llamó una gran injusticia.
Reglas escritas frente a reglas ejecutadas por protocolo
El Artículo 27 no es una norma nueva ni oculta. La misma norma ya había sido utilizada en años anteriores, pero únicamente para sanciones disciplinarias de varias jornadas, como ocurrió con Cristiano Ronaldo en noviembre de 2025. La comisión disciplinaria le hizo cumplir una jornada de la sanción y conmutó las dos restantes por un período de prueba de un año, citando su historial limpio, lo que lo mantuvo habilitado para los partidos inaugurales de Portugal en el torneo.
La Real Federación Belga de Fútbol apeló sin éxito la reversión de la sanción a Balogun. La comisión disciplinaria optó por aplicar el mismo mecanismo que ya existía, pero esta vez bajo circunstancias extraordinarias, y según la FIFA, el reclamo de la federación belga fue declarado inadmisible porque esa federación no era parte del proceso y, por tanto, no tenía legitimidad para apelar la decisión. La UEFA calificó la decisión como algo sin precedentes, incomprensible e injustificable. La reversión parece ser la primera vez desde 1962 que una tarjeta roja en un Mundial no resulta en una suspensión.
Lo relevante no es si el Artículo 27 es legítimo, sino que su aplicación quedó sujeta a una variable que ninguna regla escrita puede controlar: quién tiene la posibilidad de llamar por teléfono a quien decide. El código existía antes de la llamada y siguió existiendo después; lo que cambió fue el criterio con el que alguien decidió activarlo.
Aunque el fútbol, por su naturaleza, siempre requerirá interpretación humana para sancionar jugadas, sus procesos institucionales demuestran que los mecanismos de justicia son permeables al poder.
Otros ejemplos de la no-neutralidad
El fútbol ofrece otros ejemplos donde la neutralidad institucional se sostuvo mientras convino y se retiró cuando dejó de convenir. Días después de que Rusia invadiera Ucrania en febrero de 2022, la FIFA y la UEFA decidieron de forma conjunta suspender a todas las selecciones y clubes rusos de sus competiciones hasta nuevo aviso, lo que implicó la exclusión de Rusia del Mundial de Catar 2022. La sanción se mantuvo durante cuatro años; en 2026, sin embargo, Infantino planteó levantar el castigo pese a que el conflicto bélico seguía activo, argumentando que el veto «no ha conseguido nada, solo ha creado más frustración y odio», y semanas después FIFA confirmó el retorno de Rusia a sus competiciones.
Si bien el ejemplo de Rusia parece ser justo, no mide la misma vara como ocurre con Israel, lo que demarca una no-neutralidad. Desde octubre de 2025, la Federación Palestina de Fútbol y un grupo de expertos de la ONU pidieron a la FIFA suspender a la selección y a los clubes israelíes como respuesta al conflicto en curso en el territorio palestino ocupado. Se esperaba que la UEFA votara a favor de suspender a la federación israelí, y que el Consejo de la FIFA tomara una decisión al respecto la semana siguiente.
El Consejo de la FIFA no sometió la solicitud a votación. Infantino rechazó excluir a Israel de cualquier competición oficial pese a la presión por la guerra en Gaza, señalando que «no podemos resolver conflictos geopolíticos». Según reportó Yahoo Noticias, fuentes consultadas señalaron que el factor más determinante fue la relación entre Infantino y el presidente estadounidense Donald Trump, vinculado a su vez con el primer ministro israelí, además del interés de la FIFA en su relación con Estados Unidos como sede del Mundial 2026.
Ninguno de los dos casos resuelve, por sí solo, si una sanción era la correcta; ese es un debate político que distintas federaciones, gobiernos y organismos de derechos humanos han disputado públicamente y que sigue abierto. Lo que exponen, en conjunto con el caso Balogun, es que una misma institución aplicó criterios distintos ante situaciones que sus propios interesados calificaron como comparables entre sí, y que la variable que explicó la diferencia fue la relación de poder con quien tomaba la decisión, no una regla aplicada de forma uniforme.
El diseño que evita ese punto de falla
Este tipo de episodios ilustra por qué se diseñan sistemas donde la neutralidad no depende de un estatuto ético sino de una arquitectura técnica. En Bitcoin, la validez de una transacción o el cumplimiento de las reglas de emisión no se resuelve por una llamada, un cargo o una relación personal entre quien decide y quien es sancionado: cada nodo de la red aplica el mismo conjunto de reglas, sin excepción y sin posibilidad de que una autoridad las suspenda para un caso particular.
Esa es, según ese argumento, la distinción de fondo entre dos tipos de neutralidad: una que se sostiene porque alguien con poder elige no torcerla, y otra que no ofrece ese margen de decisión porque no existe una autoridad central capaz de intervenir sobre el protocolo. Un estatuto puede prometer imparcialidad; un protocolo la ejecuta.
El caso Balogun pone en duda que una institución como FIFA pueda sostener que sus reglas son parejas para todos cuando su aplicación, en la práctica, depende de quién tiene el poder de solicitar una excepción.









