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Una generación de ingenieros locales crea infraestructura usada por toda la industria global.
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Mientras otros gobiernos reprimen, Argentina formalizó con reglas claras.
Con la inflación interanual rozando el 289,4% en abril de 2024, el peso argentino pasó a ser pólvora encendida. La aritmética era inclemente porque la misma cantidad de dinero que en ese momento adquiría un kilo de pasta, doce meses después apenas alcanzaba para 255 gramos.
Tres cuartas partes del valor del sueldo se evaporaron en solo un año, en un país donde la moneda quemaba las manos de quien la sostenía. Esa realidad no era solo de Argentina. Venezuela, Nigeria y Turquía la sufrieron con la misma intensidad.
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