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Un cuento de criptonavidad: Parte II

Un cuento de criptonavidad: Parte II

El primero de los fantasmas se presentó en medio de olas que entraban y salían de la casa, desordenando por completo la pulcra habitación de Jesie y amenazando con ahogarla en cualquier momento. Se trataba de un hombre con rasgos asiáticos, un traje de Santa Claus naranja, lentes en forma de “B”, una cara inexpresiva y un aire de sabiduría.

Al recuperarse del shock inicial, Jesie comenzó a interrogar a esta extraña figura que flotaba a unos diez centímetros de la superficie del agua. También intentaba en vano buscar en el lóbulo de su propia oreja el microchip que la conectaba a Netflux, para confirmar si su visión era producto de haberse dormido en la plataforma (algo que resultaba muy peligroso para los usuarios ya que podrían quedarse atrapados allí permanentemente) pero no daba resultado.

“El terror a morir ahogada pudo más que su desconfianza en los demás…”

La inmutable aparición flotaba y le extendía la mano en silencio, como esperando una confirmación para realizar alguna operación. El terror a morir ahogada pudo más que su desconfianza en los demás y al notar que el nivel del agua subía cada vez más, Jesie se aferró a la mano del fantasma. Este la transportó sobre las calles del barrio que la vio crecer, cuando los zapatos desechables habían pasado de moda y muchas personas estaban perdiendo sus empleos. Pudo ver a su madre, una polaca muy hermosa que cuidaba de sus hijos; también vio a su padre utilizando su teléfono inteligente para dar sus primeras altcoins a las dos pequeñas en navidad.

El fantasma luego la llevó a una navidad en otra época (también parte del pasado) al cuarto donde veía clases en línea, participaba en videollamadas masivas donde los estudiantes se reunían para hacer “cosas de estudiantes”. En ese mismo lugar fue donde ella conoció el amor. Pero esta no es una historia de amor, así que no vamos a detenernos en la persona de quién se enamoró nuestra millonaria en su época de estudiante durante los días navideños.

Jesie también fue llevada al momento exacto cuando Chan le vendió sus bitcoin como una medida desesperada para intentar salvar su patrimonio. Como era de esperarse, Jesie no se vio afectada por las navidades que el fantasma le hizo recordar. Solo comentó ante el hombre del traje naranja, en el tono prepotente que la caracterizaba, que se podía haber ahorrado la cantidad de efectos especiales que acompañaron su presentación si el contenido de las historias iba a ser “tan poco interesante”.

– No sé qué tecnología estás utilizando para que todo parezca real. Mañana debo trabajar y no me has dejado descansar. Por favor, devuélveme a mi habitación y limpia el desastre que has ocasionado. Si no estás en posición de hacerlo, avísame ahora para programar a Nancy en una jornada de limpieza completa.

La aparición se desvaneció de forma mucho menos impetuosa que como apareció. Todo estuvo en orden casi instantáneamente (aunque permaneció mojado) así que Jesie se preparó para darse un baño y sacarse toda esa agua, de dudosa procedencia, de encima. Pero antes, entró a su vestidor (una habitación enorme, como la de todos los ricos en las películas) y paseó su mirada por las cientos de piezas de ropa interior que poseía para verificar que no estuvieran mojados, ya que esta era su pasión y el verdadero motivo por el que poseía Valeria’s Secret. Su negocio le permitía reunir a los mejores diseñadores del mundo para que confeccionaran sus piezas personales según su gusto y medidas.

Viendo aquel espectáculo al que estaba habituada, suspiró mientras se preguntaba si su hermana todavía usaba aquel pijama de seda amarilla que confeccionó su madre y que nunca pudo robarle. Mientras acomodaba las almohadas sentía un gran vacío por dentro, ya que no lograba explicar por qué su antiguo amigo se volvía en su contra de esa manera. Ella solo le había quitado 50 millones de dólares en altcoins, lo cual fue “generoso” de su parte considerando que pudo habérselas quitado todas con aquel malware experimental. ¿De qué se trataba si no era un error de la Netflux? Decidió sentarse en la cama a leer un libro de contabilidad de la empresa y no dormir por precaución.

El segundo fantasma llegó tranquilamente cuando sonaron las campanadas que indicaban las diez de la noche. Se trataba de un hombre joven, flaco, muy alto con ojos verdes y tez blanca. Venía montado en un unicornio y vestía una franela azul con un gran diamante estampado.

– Soy el fantasma de la navidad presente y voy a mostrarte de lo que te estás perdiendo.

El primer lugar al que la llevó fue al hospital donde el hijo de Chan, su asistente, se encontraba descansando. El niño estaba cubierto por un montón de tubos y cables que hacían las funciones del sistema circulatorio. No se movía y las enfermeras trabajaban cambiando la sangre que circulaba por el cuerpo maltrecho del pequeño.

Esta vez Jesie cambió la expresión de su rostro durante unos segundos y el fantasma comenzó a hablar sin parar. Le explicaba sobre temas de robótica, tecnología espacial y cómo se cultivaron con éxito las primeras plantas fuera del planeta. A Jesie le parecía interesante todo aquello, pero no podía evitar que ese niño en cama le recordara a su hermana y los dos hijos que recientemente se había enterado que tenía.

“Uno de ellos era una pequeña niña de cabellos negros, quien frente a uno de esos artefactos obsoletos que llamaban laptop (muy similar a la que llevaba el hacker en su bolsa) escribía su petición a una dirección de correo…”

Como si leyera sus pensamientos, el mismo fantasma la llevó a un orfanato donde, para su dolorosa sorpresa, se encontraban sus sobrinos. Uno de ellos era una pequeña niña de cabellos negros, quien frente a uno de esos artefactos obsoletos que llamaban laptop (muy similar a la que llevaba el hacker en su bolsa) escribía su petición a una dirección de correo llamada “el omnipotente”. Al parecer, la petición era lo suficientemente conmovedora, pues logró sacar una pesada lágrima de los ojos de la fría multimillonaria, quien pidió al espectro que la sacara rápido de allí.

Jesie tenía más de diez años sin llorar, desde que se hizo una operación para extirparse los lagrimales. Los ojos le dolían demasiado, así que fue con prisa al baño para lavar su rostro con agua caliente, pero Nancy (su aplicación predilecta) seguía sin responder.

La millonaria se detuvo en medio de la habitación y con un grito de dolor hizo que el fantasma de la navidad futura hiciera su aparición. Se trataba de un ser mitad hombre y mitad rana de piel color esmeralda. El personaje ocultaba sus partes nobles con un lienzo blanco y tenía una expresión bastante peculiar.

– Soy el croa espíritu de la navidad futura. Mi nombre croa es Pepe. No te llevaré a ningún lado, croa sólo vengo a mostrarte este documento croa.

Jesie abrió el documento que el hombre rana le transfirió de forma inalámbrica y un frío recorrió su espalda. Se trataba de la semilla de su cartera de bitcoin, la dirección y la contraseña que protegía sus operaciones. Se imaginó en la calle, sin la ropa más costosa y alimentándose de comida orgánica que tan mal sabía en comparación con la sintética. No lo podía soportar.

Al lado de Pepe se materializó el hacker que había anunciado la llegada de los fantasmas. La mujer desesperadamente le pidió que liberara sus BTC y juró estar dispuesta a hacer lo que él quisiera. El ciberdelincuente le proporcionó un documento con instrucciones de cómo debía proceder y la dirección donde debía ser depositada la mitad de los bitcoins que poseía. Después de aquella escena, Jesie finalmente se vio sola en su habitación y apoyó suavemente su cara en la almohada. Afuera comenzaba a nevar y al día siguiente habría mucho que hacer:

– Mañana compraré 500 pizzas para el orfanato, de hecho, llenaré una habitación entera con ellas y le regalaré gatos a cada niño, tantos gatos que no podrán diferenciar uno de otro. También le daré 10 minutos extra a Chan cada día para que visite a su hijo. Se dijo a sí misma con una gran sonrisa que ocupaba todo su rostro.

Fue entonces cuando Chan apagó los proyectores de hologramas y se fue a dormir. En realidad él nunca había tenido acceso a las llaves de la cartera BTC de su jefa, pero en medio de la conmoción ella no se percató de que las que tuvo frente a sus ojos no eran las correctas. Al ver la reacción que provocó en ella, el humilde pero astuto asistente estaba confiado de que la obra con Jesie había funcionado y que pronto ella le devolvería una cantidad de BTC mucho mayor a la que le quitó aprovechándose de su necesidad.

¡Feliz criptonavidad a todos!

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Acerca del autor

Zuleika Salgado

Entusiasta de la tecnología blockchain y el arte.

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