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IonQ proyecta 1.600 qubits para 2028, un salto técnico clave para la computación a gran escala.
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La llegada del Q-Day podría causar un congestionamiento nunca antes visto en la red.
Joseph Kearney, investigador en criptografía postcuántica, publicó un análisis que pone cifras concretas a la amenaza cuántica sobre Bitcoin, el pasado 5 de marzo.
Según su investigación, la red cuenta con al menos 186,7 millones de salidas de transacciones no gastadas (UTXO) que deben migrar a nuevos esquemas de firma antes de que las computadoras cuánticas logren romper el algoritmo de criptografía actual, ECDSA-256.
El análisis de Kearney determina que, en un escenario teórico donde el 100% de la capacidad de los bloques de Bitcoin se utilizara exclusivamente para esta migración —deteniendo por completo cualquier otra actividad económica—, se requerirían 76 días consecutivos para completar el proceso. No obstante, Kearney advierte que este «piso teórico» es irreal, ya que la red debe seguir procesando transacciones comerciales y pagos cotidianos mientras se protege.
Bajo una proyección más realista, basada en la hoja de ruta de la empresa IonQ —que estima alcanzar los 1.600 qubits lógicos para finales de 2028, según lo reportado por CriptoNoticias—, Bitcoin tiene aproximadamente 1.032 días para actuar. Para llegar a la meta sin colapsar el uso de la red, se debería reservar al menos un 7,4% del espacio de cada bloque empezando de inmediato. Cada día de retraso en el consenso técnico eleva este porcentaje, reduciendo el espacio disponible para el resto de los usuarios.
El conflicto principal no es solo el avance del hardware cuántico, sino la limitación física del protocolo. El «espacio de bloque» es el almacenamiento limitado (aprox. 4 MB con SegWit) que se genera cada 10 minutos.
La investigación de Kearney concluye que el riesgo no es solo la pérdida de fondos individuales, sino la congestión extrema que sufriría la red si intenta migrar a última hora. Si el porcentaje de bloque requerido para la seguridad sube debido a la inacción, las comisiones por transacción (fees) podrían escalar a niveles que dejen a los pequeños ahorristas atrapados en direcciones vulnerables, al no poder costear el «pasaje» hacia una dirección segura antes de que llegue la era cuántica.
Bitcoin ya ha sufrido periodos de congestionamientos, en los cuales se han visto alzas importantes de precio por transacción, que afectan el uso normal de la red. La última alza importante ocurrió en abril de 2024, en un punto específico el precio por transacción alcanzó un máximo histórico sobre los 124 dólares.
Un punto importante a destacar es que la llegada de la computación cuántica no se refiere al fin de Bitcoin, sino que podrían atacarse a los BTC almacenados en direcciones vulnerables. Esta situación, como señala Kearney, requeriría una migración masiva de fondos a direcciones protegidas. Según Project Eleven, el 33% de los BTC circulantes, cerca de 7 millones de BTC, son vulnerables a la cuántica.
El reto del consenso y el financiamiento cuántico
La urgencia del planteamiento de Kearney reside en los tiempos históricos de actualización de Bitcoin. Mejoras previas como SegWit o Taproot tomaron años de debate técnico y consenso social antes de activarse. Actualmente, no existe un plan de actualización en marcha contra la amenaza cuántica, no obstante los desarrolladores de Bitcoin si están trabajando en mejoras post cuántica como la BIP-360, que protege las claves públicas para no ser relevadas en la red.
El avance del hardware cuántico no es una posibilidad remota. Empresas líderes del sector como IonQ han consolidado su posición como la mayor compañía cuántica tras recibir importantes inyecciones de financiamiento en Estados Unidos. Este respaldo de capital acelera la llegada de procesadores capaces de ejecutar algoritmos de Shor, diseñados específicamente para vulnerar la criptografía de clave pública que hoy protege los fondos en la blockchain.









