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La computación cuántica sería la próxima amenaza que deberá enfrentar Bitcoin.
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Entre SegWit y Taproot pasaron más de 4 años para poder implementarlo.
James O’Beirne (Jamesob) advirtió que Bitcoin sufre un estancamiento técnico desde 2021, priorizando el precio sobre la innovación en su protocolo.
El pasado 10 de enero, el desarrollador James O’Beirne (Jamesob) encendió las alarmas en el ecosistema al afirmar que Bitcoin atraviesa un periodo de «estancamiento importante». Según el experto, la red está viviendo de las rentas de hitos financieros pasados, mientras que el progreso técnico en el protocolo base se ha detenido.
Para O’Beirne, la situación es evidente al observar el debate público. Tras años de construir hitos como los ETF, la adopción institucional y el interés de tesorerías corporativas, el impulso parece haberse agotado en el precio, dejando un vacío en la evolución tecnológica profunda.
El desarrollador señala que no ha ocurrido ninguna mejora sustancial desde la activación de Taproot en 2021. Aunque esta actualización se diseñó para facilitar funciones más complejas, la falta de cohesión en la comunidad técnica ha impedido que esas herramientas se utilicen por completo.

Esta parálisis podría preocupar a los especialistas. La historia muestra que los cambios en Bitcoin son lentos: pasaron más de cuatro años entre SegWit (2017) y Taproot (2021). Esto, no obstante, tomando en cuenta que hubo un periodo de 2 años y medio de tiempo de espera, en promedio, desde la propuesta hasta la implementación de estas mejoras. Sin embargo, hoy no parece haber un consenso claro sobre cuál será el siguiente paso importante, aunque todo apunta que será del lado de la cuántica.
La amenaza cuántica: una carrera contra el tiempo
Uno de los mayores riesgos de este letargo técnico es la vulnerabilidad ante la computación cuántica. Mientras el desarrollo base se estanca, el avance de las computadoras cuánticas podría comprometer la seguridad de la red antes de que Bitcoin esté preparado.
Actualmente, se estima que el 33% de todos los bitcoins en circulación son vulnerables a un ataque cuántico. Esto se debe a que están almacenados en formatos de dirección antiguos (como P2PK o P2PKH) que exponen las llaves públicas, permitiendo que un ordenador cuántico derive la llave privada.
La implementación de firmas resistentes a la computación cuántica es una tarea monumental. Requiere no solo consenso técnico, sino una ejecución rápida para evitar que una parte masiva del suministro sea sustraída en el futuro.
A pesar del pesimismo por el estancamiento, ya existen esfuerzos experimentales para mitigar este riesgo. Recientemente se lanzó una testnet (red de pruebas) de Bitcoin con protección cuántica, según reportó CriptoNoticias, diseñada para probar firmas post-cuánticas sin poner en riesgo fondos reales. Este avance es vital, pues demuestra que la tecnología existe, pero su integración en la red principal sigue frenada por la burocracia técnica.

Expertos han señalado que la protección post-cuántica debe ser una prioridad inmediata. La espera prolongada, sumada a la falta de «cohesión técnica» que denuncia O’Beirne, juega en contra de la red. Si Bitcoin no acelera su capacidad de actualizarse, podría quedar expuesto a una obsolescencia de seguridad crítica.
De SegWit a Taproot: la cronología de la espera
El conservadurismo de Bitcoin es su mayor fortaleza, pero también su principal freno. La brecha de cuatro años entre las últimas grandes actualizaciones demuestra lo difícil que es modificar el protocolo base.
En el ciclo anterior existía una hoja de ruta más definida. Hoy, el panorama está fragmentado. Propuestas como los covenants (contratos inteligentes más avanzados) siguen en el aire sin una vía clara de implementación, lo que refuerza la tesis de Jamesob sobre la falta de dirección.
James O’Beirne sostiene que Bitcoin ha «quemado» sus mejores narrativas en 2025. Al centrarse solo en el valor de mercado, se corre el riesgo de descuidar la infraestructura que sostiene ese valor a largo plazo.
En conclusión, el mensaje de Jamesob es un llamado a la acción. Sin una evolución técnica constante y mecanismos para resolver desacuerdos, Bitcoin corre el riesgo de convertirse en un activo estático frente a desafíos tecnológicos, como la computación cuántica, que no se detienen.



