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Bitcoin (BTC) ha reaccionado con fuerza a cada decisión y gesto político de Trump.
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La dependencia de BTC frente a las señales de Trump no parece un fenómeno casual.
Desde 2025, bitcoin (BTC) está viviendo atado a una variable que hace algunos años hubiera sido inesperada, pero que ahora es evidente: Donald Trump, el presidente de Estados Unidos.
Con el triunfo electoral de Trump, en noviembre de 2024, el comportamiento de BTC comenzó a reaccionar con fuerza a sus decisiones y gestos políticos. No como un fenómeno aislado, sino como una señal de algo más profundo.
La primera señal clara de este nuevo comportamiento apareció pocas horas después de la victoria presidencial de Trump, con bitcoin (BTC) alcanzando un nuevo máximo histórico tras casi tres años y superando el nivel previo al tocar los 76.000 dólares.

Esta dinámica se apoyó, en gran parte, en las promesas electorales de Donald Trump de impulsar un entorno regulatorio más favorable para los activos digitales.
El entonces candidato prometió el final de lo que el sector consideró una persecución contra la industria. Una política que se intensificó durante el mandato de Gary Gensler al frente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de Estados Unidos, el cual terminó junto con el del expresidente Joseph Biden.
En paralelo, BTC fue creciendo en capitalización, adopción institucional y presencia en carteras corporativas. Ese proceso, que se viene profundizando desde al menos 2020, hizo que el activo comenzara a comportarse cada vez más como otros instrumentos financieros tradicionales.

Bitcoin baila al ritmo de Trump
De este modo, el precio de bitcoin dejó de responder exclusivamente a las dinámicas internas del ecosistema, como el halving —el evento que reduce periódicamente a la mitad la emisión de nuevos BTC — y el ciclo histórico de cuatro años. A esas variables se sumaron factores externos propios de los mercados financieros tradicionales.
Entre esos factores comenzaron a pesar con mayor fuerza las expectativas regulatorias, como los cambios en la política de la SEC o la posible aprobación de leyes como GENIUS. También empezaron a tener gran impacto los ciclos de liquidez global, condicionados por las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y el apetito por activos de riesgo.
En ese contexto, las señales políticas pasaron a tener un peso decisivo en la cotización de bitcoin. Desde los aranceles anunciados por Trump en el llamado “Día de la Liberación”, pasando por amenazas de escaladas bélicas.
Tampoco hay que dejar de mencionar la creación de una reserva nacional estratégica de bitcoin, que no terminó de cumplir con todas las expectativas del mercado (se esperaba que Estados Unidos comprara BTC, algo que finalmente no ocurrió).
Los movimientos y declaraciones empezaron a impactar de forma casi inmediata en el precio del activo. Lejos de disiparse, esa dinámica se sostuvo así hasta hora.
Solo basta con ver que las tensiones de EE. UU. con la Unión Europea, reavivadas a partir del conflicto en torno a Groenlandia, tal como informó CriptoNoticias. Ese escenario volvió a impactar en el ánimo de los mercados y reforzó la sensibilidad de bitcoin frente a la agenda política y geopolítica de Washington.
El resultado fue una dependencia cada vez más visible. En ese contexto, BTC podría estar acercándose al pulso de Wall Street y a la agenda política estadounidense, alejándose progresivamente de su narrativa histórica de independencia y resistencia frente al poder político.
La dependencia de BTC frente a la política estadounidense también refleja un cambio de estrategia de las principales empresas del ecosistema de los activos digitales, que comenzaron a involucrarse de forma directa en el financiamiento y la disputa política.
Este entramado de vínculos financieros y políticos ayuda a explicar por qué bitcoin pasó a reaccionar con mayor sensibilidad a los movimientos de Trump. Cuando algunas de las empresas más grandes e influyentes del sector alinean capital, intereses y expectativas regulatorias con un mismo actor político, el mercado deja de interpretar sus gestos como retórica y empieza a descontarlos como hechos con impacto real.
En ese contexto, cada declaración o promesa asociada a Trump encuentra una vía directa hacia el precio de BTC.
El aporte de la industria a la campaña de Trump
Este nuevo comportamiento del mercado no se explica solo por gestos discursivos o promesas regulatorias. Detrás del giro político también hubo un involucramiento directo de actores clave de la industria.
Desde Coinbase, Binance y Circle, tres de los gigantes de la industria vinculada a bitcoin, hasta firmas como Ripple Labs y Solana Labs, varias de las principales compañías quedaron directa o indirectamente involucradas con Trump.
Para el analista reconocido en X como MastrXYZ, no se trata de hechos aislados, sino de un patrón que se consolidó durante el último año y que contradice de forma frontal los principios fundacionales del sector.
“Durante los últimos 12 meses emergió una estructura que va en dirección opuesta a la descentralización, la independencia y la resistencia a la captura política”, escribió el autor en X.
Esto es porque algunas de las empresas más grandes e influyentes de la industria de los activos digitales se alinearon financieramente con la red política de Trump. Lo hicieron mediante donaciones a su fondo de inauguración de 2025 y a distintos comités políticos vinculados a su entorno.
Los registros públicos y las revelaciones presentadas ante la Comisión Federal Electoral (FEC) muestran que más de 18 millones de dólares provenientes de empresas relacionadas con criptomonedas fueron destinados a la iniciativa de toma de posesión de Trump.
Entre los donantes reportados figuran Ripple Labs, con aportes cercanos a los 4,9 millones de dólares en XRP. Un escalón por debajo aparece Robinhood, con unos 2 millones.
En ese listado aparecen los exchanges Coinbase, Kraken, Crypto.com, Circle, Solana Labs, Galaxy Digital y Ondo Finance, cada una con contribuciones en torno al millón de dólares.
A la lista se suman Input Output Global (Cardano), Yuga Labs, Consensys y figuras individuales como Fred Ehrsam III, Charles Cascarilla y Kyle Samani, además del fondo Paradigm Operations LP.
La “trump-dependencia”
Para MastrXYZ, este nivel de involucramiento financiero no es neutro. “Cuando los actores más grandes del ecosistema financian redes políticas a esta escala, la idea de un mercado independiente deja de ser creíble”, sostiene.
Ese alineamiento entre capital y poder político tuvo efectos visibles más allá del mercado. Los resultados observados en los 365 días posteriores a la irrupción de Donald Trump en el centro de la escena refuerzan esta lectura.
En ese período, el patrimonio neto de la familia Trump habría pasado de unos 3.900 millones de dólares a cerca de 7.000 millones, un incremento de entre el 80% y el 90%, según estimaciones de la revista TIME. De acuerdo con ese análisis, una porción sustancial de ese aumento está estrechamente vinculada a eventos y proyectos relacionados con bitcoin y el ecosistema de las criptomonedas.
En paralelo, el propio Trump y su entorno empresarial habrían generado más de 800 millones de dólares en ingresos a partir de iniciativas vinculadas a criptoactivos, licencias y acuerdos comerciales.
Este proceso se dio en un contexto más amplio de concentración de riqueza. En Estados Unidos, los multimillonarios incrementaron su patrimonio en alrededor de 1,5 billones de dólares.
Por su parte, los 20 mayores donantes políticos del país se volvieron unos 380.000 millones de dólares más ricos.
Para MastrXYZ, estos datos no pueden leerse como hechos aislados sino que forman parte de un mismo proceso en el que la política y el capital comenzaron a entrelazarse de forma explícita dentro del ecosistema. “No es solo una historia de bitcoin o de las criptomonedas; es una historia clásica de captura de poder y transferencia de riqueza”, resumió el analista.
El escenario que emerge conecta varios puntos: empresas que financian estructuras políticas, acuerdos multimillonarios con plataformas de intercambio, promesas regulatorias favorables y eventuales indultos presidenciales. “Por un lado, los políticos monetizan la atención y la liquidez del sector. Por otro, los exchanges y proveedores de infraestructura los financian”, explicó MastrXYZ.
El resultado es un ecosistema que comienza a parecerse cada vez más al sistema financiero tradicional que bitcoin buscaba desafiar. En lugar de reducir intermediarios y dependencias, se consolidan nuevas relaciones de poder, ahora atravesadas por incentivos políticos y acceso regulatorio.
En ese marco, la creciente dependencia del comportamiento de BTC respecto de las señales que emite Trump no aparece como un fenómeno casual.
Es la consecuencia directa de una convergencia entre poder político, expectativas de regulación favorable y flujos de capital cada vez más sensibles al calendario electoral estadounidense.








