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Tras la conmoción inicial y caída de precio, bitcoin se recuperó rápidamente.
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Las criptomonedas han sido usadas por el Gobierno iraní para eludir sanciones.
La escalada militar en Irán ha puesto a bitcoin (BTC) y las criptomonedas en el centro de la atención internacional, mostrando cómo los activos digitales pueden funcionar no solo como inversión, sino también como herramientas de transferencia de capital, resguardo de valor y evasión parcial de restricciones financieras.
El 28 de febrero, cuando inició el conflicto bélico, el mercado global de criptomonedas mostró nerviosismo y volatilidad. Bitcoin cayó brevemente en precio tras la incertidumbre inicial hasta los USD 63.245 —un comportamiento típico ante shocks geopolíticos—. Sin embargo, rápidamente recuperó terreno, cerca de los USD 70.000, llegando a estar por encima de los USD 73.000 los días posteriores.
Este comportamiento resulta relevante porque se produce en un contexto donde el conflicto sigue activo, lo que refuerza la idea de que bitcoin no solo logra absorber el impacto inicial de eventos geopolíticos, sino que puede sostener una tendencia positiva incluso en escenarios de alta incertidumbre.
Tal resiliencia de bitcoin responde a una combinación de factores: la liquidez global del ecosistema, la demanda constante por parte de inversores y su creciente percepción como activo alternativo en contextos de inestabilidad.

Estrategias económicas de resguardo
Tras los ataques y el aumento de la tensión regional, se detectaron picos inusuales de retiros desde los exchanges iraníes. Datos citados por CriptoNoticias muestran que las salidas de fondos desde plataformas iraníes se dispararon hasta un 873 % en cuestión de horas, justo al inicio de los ataques (entre el 28 de febrero y 01 de marzo), con más de USD 2 millones retirados en la primera hora y alrededor de USD 10,3 millones transferidos hacia wallets de autocustodia y exchanges internacionales.

No todos estos movimientos provinieron de inversionistas individuales: parte de ellos podría estar vinculada a entidades cercanas al Estado o actores que buscan mover capital fuera del sistema financiero sujeto a sanciones. Firmas de análisis on-chain como Elliptic y Chainalysis han señalado que este tipo de picos en los flujos suele asociarse a dinámicas de fuga de capitales en contextos de crisis, lo que a su vez puede generar presión temporal sobre el mercado global de bitcoin.
Hay que tener en cuenta que el año pasado, el Banco Central de Irán adquirió al menos USD 507 millones en Tether (USDT) en lo que denominó una «estrategia sofisticada» para eludir el sistema bancario global.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica concentró el 56 % del volumen total de operaciones en dos de las principales plataformas de intercambio del Reino Unido entre 2023 y 2025, y transfirió USD 1.050 millones a 187 direcciones de monederos sancionados, incluyendo USD 10 millones a una billetera vinculada a los rebeldes hutíes de Yemen.
Incluso un apagón nacional de internet no detuvo completamente las transacciones con criptomonedas. Cuando la conectividad se redujo en aproximadamente 99 % durante los bombardeos, el volumen de operaciones cayó, pero no se detuvo. Plataformas y usuarios adoptaron estrategias defensivas: algunas acumularon transacciones en colas para transmitirlas en lotes cuando la conexión se reestableciera, teniendo en cuenta que ciertas wallets de autocustodia permiten iniciar y firmar transacciones sin conexión para transmitirlas más tarde.
Bitcoin y criptomonedas: activos de inversión y protección
Además de estas operaciones estatales, los ciudadanos iraníes han incrementado el uso de bitcoin y stablecoins para proteger sus ahorros frente a la devaluación del rial (moneda de curso de Irán) y facilitar pagos internacionales. La combinación de alta inflación, restricciones financieras y la necesidad de movilidad de capital ha convertido a las criptomonedas en un refugio práctico y funcional dentro del país.
La guerra en Irán confirma que las criptomonedas cumplen un rol dual: como activos de inversión y como herramientas de transferencia y protección frente a restricciones financieras y sanciones internacionales.
Esta combinación de recuperación de precio, flujos masivos de capital, resiliencia frente a apagones y adopción tanto estatal como privada demuestra que bitcoin y criptomonedas han dejado de ser solo instrumentos especulativos, consolidándose como una infraestructura financiera activa en contextos de tensión geopolítica.








