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Existe el temor que ordenadores cuánticos rompan la criptografía que protege a Bitcoin.
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El mercado no percibe a las empresas cuánticas como un refugio contra bitcoin.
La idea de que un ordenador cuántico pueda descifrar las claves privadas y robar bitcoin (BTC), ha despertado temores en todo el ecosistema. Como protección potencial contra una caída masiva del precio de bitcoin por causa del avance de la tecnología cuántica, en octubre del año pasado la firma Capriole Investments lanzó un Índice Cuántico.
El propósito del índice es puramente estratégico. Se basa en la tesis de que, si la tecnología cuántica avanza y pone en riesgo a Bitcoin, las acciones de las empresas del sector se revalorizarían exponencialmente (al tiempo que bitcoin se desploma).
De este modo, el índice funciona como una cobertura financiera transitoria. El inversor de este índice no busca proteger sus bitcoin, sino proteger su capital, moviéndolo hacia empresas líderes en desarrollo cuántico que se beneficiarían del mismo avance tecnológico que podría perjudicar a la moneda digital (al menos hasta que esta logre implementar mecanismos de protección post-cuántica).
Charles Edwards, fundador de la firma, expresó en el momento del lanzamiento de este índice una alta expectativa sobre su rendimiento financiero. De hecho estaba convencido de que las acciones cuánticas «superarían los retornos de bitcoin».
Pero los mercados no han seguido el guion esperado. Los datos sugieren que este índice podría no cumplir su objetivo principal de protección. Según destacó un reporte de la firma de gestión de inversiones NYDIG, en entornos de aversión general al riesgo, tanto bitcoin como las empresas cuánticas tienden a corregir en paralelo, reduciendo la efectividad de la cobertura del fondo.
Una correlación que invalida la cobertura
La correlación positiva entre bitcoin y las acciones de empresas del sector de computación cuántica —como IonQ (IONQ), D-Wave Quantum (QBTS), Rigetti Computing (RGTI) y Quantum Computing (QUBT)— se presenta cuando los precios de ambos activos se mueven en la misma dirección.
Este mes (febrero de 2026), el mercado muestra un fenómeno de convergencia. A pesar de que el precio de bitcoin retrocedió desde su máximo histórico de 126.000 dólares hasta los 60.000 dólares, su correlación de 90 días móviles con las acciones cuánticas subió bruscamente.
Tal medida técnica, que escala de 0,0 a 1,0, pasó de un nivel bajo de 0,2 a un significativo 0,6, indicando un movimiento mucho más sincronizado, como se aprecia en el gráfico.

“Si los avances cuánticos estuvieran erosionando la confianza en bitcoin, esperaríamos la dinámica opuesta”, expresa NYDIG.
Es decir, en un escenario donde el riesgo cuántico fuera el motor del mercado, se observaría una apreciación de las acciones cuánticas mientras bitcoin se deprecia. En cambio, ambos grupos de activos se mueven en paralelo, lo que apunta a un factor común: la sensibilidad al riesgo macroeconómico.
El factor de la liquidez y el crecimiento
NYDIG argumenta que tanto las empresas de computación cuántica como bitcoin son activos de larga duración (long-duration assets), es decir, para la inversión a largo plazo. Su valor depende principalmente de expectativas de crecimiento y adopción con el paso de los años, con valoraciones elevadas y alta sensibilidad a la liquidez y las tasas de interés.
Cuando el apetito por el riesgo se contrae, ambos se desvalorizan en paralelo. En cambio, cuando la liquidez es abundante y los inversionistas respaldan el crecimiento a largo plazo, tanto bitcoin como estas acciones cuánticas rinden bien.
Esto demuestra que, por ahora, el mercado no percibe a las empresas cuánticas como un refugio contra bitcoin, sino como activos que habitan el mismo ecosistema de riesgo.








