-
Los bancos centrales deberán operar dentro de sistemas tokenizados para seguir siendo relevantes.
-
Las economías emergentes son identificadas como las más expuestas a los riesgos de esta transición.
El Fondo Monetario Internacional publicó este 1 de abril una nota técnica en la que respalda la tokenización de activos financieros. El documento, firmado por Tobias Adrian, director del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, promueve una versión de la tokenización construida sobre registros (blockchains) distribuidos con permisos, gobernados por instituciones reguladas y anclados en el dinero de los bancos centrales. Las redes públicas, abiertas y sin permisos —la infraestructura sobre la que operan bitcoin, ethereum y la mayoría de criptomonedas— no forman parte de esa visión.
El texto distingue la tokenización que ocurre dentro del sistema financiero regulado y la que opera en redes de criptomonedas abiertas. Para el primero de esos modelos, el FMI enumera beneficios: asentamiento en tiempo real, gestión continua de liquidez y cumplimiento normativo integrado. Para el segundo, el silencio es la respuesta: en 19 páginas de análisis técnico, el documento no menciona a Bitcoin ni a Ethereum.
Sin embargo, sí menciona que los sistemas tokenizados deben incorporar mecanismos de intervención que permitan pausar o ajustar la ejecución de contratos inteligentes bajo condiciones de emergencia. Esa capacidad de anulación es estructuralmente incompatible con el diseño de las redes descentralizadas, donde la inmutabilidad del código es una característica, no un defecto.
La nota describe tres categorías de dinero tokenizado: depósitos bancarios comerciales tokenizados, stablecoins reguladas con respaldo en activos seguros, y monedas digitales mayoristas de bancos centrales.
Al referirse a los stablecoins, el documento señala que incluso las que están respaldadas por activos de alta calidad dependen de la capacidad operativa de sus emisores para atender reembolsos y de la liquidez de los mercados de deuda pública subyacente.
Con esa descripción, el FMI las equipara funcionalmente a los fondos del mercado monetario, no al dinero del banco central. Es una distinción que tiene implicaciones directas: en la arquitectura que propone el organismo, las stablecoins privados no serían activos de asentamiento definitivos, sino instrumentos que requieren respaldo público para funcionar con seguridad sistémica.
El modelo que el FMI defiende
El documento propone como solución preferida el modelo de «moneda digital sintética de banco central» o CBDC (Moneda Digital de Banco Central en español), en el que emisores privados respaldados al cien por ciento con reservas del banco central ofrecen tokens regulados. En este esquema, la innovación ocurre en la capa de aplicación privada, mientras el asentamiento definitivo permanece en manos del banco central.
Para mantener esa arquitectura, el FMI propone cinco pilares:
- Dinero seguro: basar el sistema en dinero que sea confiable.
- Igualdad de reglas: aplicar el principio de «misma actividad, mismo riesgo, mismas normas» a lo cripto.
- Claridad legal: que no haya dudas sobre el estatus jurídico de los activos digitales.
- Conexión internacional: crear estándares para que los sistemas de distintos países trabajen juntos.
- Emergencias 24/7: adaptar los planes ante crisis para sistemas automáticos que funcionan a toda hora.
Lo que el documento no resuelve
El FMI advierte que las economías en desarrollo son las más expuestas a los riesgos de la tokenización: flujos de capital volátiles acelerados por automatización, sustitución de moneda local por stablecoins en dólares y erosión de la soberanía monetaria.
El documento tampoco aborda la trayectoria real del mercado que dice analizar. Mientras el organismo construye su hoja de ruta regulatoria, el valor total de activos del mundo real tokenizados o RWA (real world assets) en redes públicas superó los USD 17.000 mil millones de dólares, según lo reportado por CriptoNoticias.
El documento describe tres escenarios futuros para la arquitectura financiera, pero ninguno de ellos contempla que la adopción institucional ya está ocurriendo fuera del perímetro que el organismo considera deseable.
La nota cierra con una advertencia sobre la urgencia: la ventana para moldear la arquitectura del sistema financiero tokenizado está abierta, pero no lo estará indefinidamente.
Es la misma advertencia que el ecosistema de criptomonedas lleva más de una década escuchando de sus críticos institucionales, con la diferencia de que esta vez el organismo no pide detener la tokenización, sino conducirla hacia un destino específico: uno en el que los bancos centrales conserven el control del asentamiento definitivo y las redes abiertas queden fuera del sistema financiero regulado.








