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Michael Saylor, Daniel Batten y Paolo Ardoino fueron algunos de los que respondieron a Johnson.
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La comunidad bitcoiner corrigió a Johnson: BTC no tiene emisor, promotor ni rendimiento garantizado.
Boris Johnson, ex primer ministro del Reino Unido, expresó el 13 de marzo en X que sospecha «que Bitcoin es un gigantesco esquema Ponzi» y añadió que «ahora escucho historias de desgracia que me hacen temer que tengo razón».
El comentario no fue acompañado de ningún fundamento y la respuesta de la comunidad bitcoiner fue inmediata: referentes del ecosistema salieron a educarlo.
Michael Saylor, fundador de Strategy, el mayor tenedor institucional de bitcoin (BTC), quien fue directo:
Bitcoin no es un esquema Ponzi. Un Ponzi requiere un operador central que promete rendimientos y paga a los inversores tempranos con fondos de los nuevos. Bitcoin no tiene emisor, no tiene promotor y no tiene rendimiento garantizado: solo una red monetaria abierta y descentralizada, impulsada por código y demanda de mercado.
Michael Saylor, fundador de Strategy.
La definición técnica respalda el argumento de Saylor. Un esquema Ponzi ilusiona con rendimientos artificialmente altos con poco o ningún riesgo. Bitcoin no cumple ninguna de esas condiciones. Su valor lo determina exclusivamente el mercado libre, el código es completamente público y auditable, nadie manipula la emisión de BTC y su uso es voluntario: nadie puede obligar a otro a usar ninguna versión particular del protocolo.
Fred Krueger, analista e inversionista de criptoactivos, en la misma sintonía que Saylor, apuntó a la contradicción implícita en la crítica de Johnson: «Un Ponzi generalmente necesita un operador central, Boris. Bitcoin solo tiene matemática. Tu sistema tiene el Banco de Inglaterra».
En adición, Daniel Batten, especialista en energía y Bitcoin, optó por la pedagogía sin rodeos: «El dinero puede ser difícil de entender. Permíteme explicártelo de forma simple, Boris», escribió, acompañando su respuesta con una imagen comparativa.

A la izquierda, el gráfico de la deuda nacional de EE. UU. entre 1900 y 2020: una curva que sube de forma exponencial y sin techo visible, con suministro ilimitado, sin respaldo en ningún activo y bajo control centralizado.
A la derecha, el suministro de bitcoin desde el bloque génesis en 2009 hasta la actualidad: una curva que crece pero se aplana progresivamente a medida que se acercan los halvings sucesivos, con un techo fijo de 21 millones de unidades, respaldado por energía y sin posibilidad de control centralizado.
El mensaje implícito de Batten fue que, si Johnson busca un esquema insostenible que crece sin límite y depende de la confianza en una autoridad central, la referencia correcta no es Bitcoin sino el sistema monetario que ya conoce: el fíat.
Paolo Ardoino, CEO de Tether, fue breve: «Superado en votos por las notas de la comunidad», en referencia al mecanismo de corrección colaborativa de X que etiquetó el comentario de Johnson como impreciso.
El patrón de las respuestas es consistente: ningún referente del ecosistema trató la declaración de Johnson como una crítica legítima que requiriera defensa. La abordaron como un error de comprensión que merecía explicación.
Johnson no es el primer político en usar la narrativa del Ponzi contra Bitcoin. Durante su primer mandato, Donald Trump participó de la misma estrategia de desprestigio, calificando a BTC de activo sin valor y herramienta para criminales.
Sin embargo, al inicio de su segunda campaña presidencial, Trump viró radicalmente: adoptó un discurso favorable a Bitcoin y las criptomonedas, captando casi el 50% del gasto electoral corporativo del sector, unos USD 197 millones, y prometiendo convertir a Estados Unidos en la capital mundial del sector.
Una vez en el poder, como lo reportó CriptoNoticias, el protagonismo fue migrando de Bitcoin hacia las stablecoins y otros activos digitales, con la Reserva Estratégica de Bitcoin quedando en segundo plano y sin fecha exacta de aplicación.








