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FR33D2M – Parte 1: Un pensamiento fuera de la blockchain

FR33D2M – Parte 1: Un pensamiento fuera de la blockchain

Un pensamiento fuera de la blockchain, eso es todo lo que necesitan los R para saber que estás despierto. Entonces se acabó, te desconectan de la red y pasas a ser material descartable. Siempre es peor cuando recuerdas cómo gritar. Apenas eres consciente de las esposas que te transportan. Das patadas de recién nacido en un mundo extraño, un mundo que solo tiene un propósito para ti.

Y has manifestado el único defecto de fábrica que no pueden ignorar.

Para cuando alcanzas el clímax de tu instinto de supervivencia ya es tarde: el láser es rápido y no deja evidencias. Tu mirada queda suspendida, fija en ese rincón de la habitación desde el que te observo. No te da tiempo de sorprenderte porque tengamos el mismo rostro, nunca te enteras, pero yo he tenido que ver esta escena tantas veces para poder asimilar la muerte, para entender que morir es la parálisis final, el cese de la respiración, y recordar el miedo.

No sé quién me despertó.

Las cápsulas de los seeds son herméticas. Dentro, el seed flota en posición fetal. Sus únicos contactos con el exterior son la sonda gástrica, las vías que lo conectan al monitor de signos vitales ubicado en una de las paredes de la cápsula y el Cable Madre que va unido a la coronilla de su cabeza, succionándole la energía.

Todavía puedo sentir la cicatriz que me dejó la incisión del cable. Fui arrancado. El dolor es el primer síntoma de la vida para mí. Fue el dolor lo que me hizo comprender que me descompenso sin la sonda gástrica. Así que estuve un tiempo rondando las cámaras de la colmena, intentando averiguar de qué manera podía volver a engancharme. No logré mucho, salvo intervenir el suministro de otros seeds. Mi propia cápsula había recibido un reemplazo poco después de mi eyección.

La colmena Cubix Z21 tiene 48 cámaras con 1,1 millones de cápsulas cada una. El Cubix hace años que no alberga otra forma de vida más allá de los seeds. En una de las cámaras había un viejo androide vigía que conservaba en su memoria interna todos los hechos que habían estado fuera de mi alcance. Descifré los patrones numéricos y conseguí asimilar la historia detrás de mis 30 años en la cápsula.

Entre los datos resguardados en el código estaban los R. “Depuradores” del sistema. Los seeds no debían despertar jamás y se había diseñado un protocolo para exterminarlos si fallaban a su propósito: generar energía para mantener los procesadores que sustentaban la blockchain.

Todavía no he encontrado la razón por la que no he sido detectado…

“…En Cubix queremos asegurarnos de que su información viaje al espacio con usted, incluidas sus criptomonedas… er…ahfo…ejf… ¡ener-gía que n-no afecccc-ta al pla-pla-neta!”. El holograma se reproducía sin falta cada 45 minutos entre los pasillos que vinculaban las cámaras 43 y 44. El hablante es muy parecido a nosotros. Excepto que su cabeza no tiene un Cable Madre y su contextura no se ha visto afectada por pasar toda su existencia sometido a  hipotermia terapéutica extrema y anticongelantes celulares. Caminar, moverse, hablar, emitir pensamientos coherentes, todo parecía tan fácil para él.

Ah, también estaba vestido.

… No te he dicho mi nombre. Me llamo Fr33D2M020101022*K, está impreso en mi brazo izquierdo. Puedes decirme Fr33 si alguna vez encuentras esta grabación. Creo que el viejo droide aguantará unos años más gracias a mi sabotaje con las cápsulas, que me ha permitido recargarlo. Sin embargo, no lo he activado por completo, debo asegurarme de que mis infracciones en el sistema continúen desapercibidas. De lo contrario, ya sabes: esposas, láser, sien, muerte.

¿Por qué estoy despierto?

No.

¿Para qué estoy despierto?

No.

¿Qué pasaría si todos despertáramos? ¿Hay suficientes esposas para contenernos a todos?

He empezado a tener sueños. Sueño con la Tierra. La antigua Tierra, esa en la que no había que construir fortalezas bajo la superficie por las tormentas de arena. Sueño con la Tierra verde, cuyas fotografías todavía conservan algunos satélites

Disculpa si desvarío mucho. Supongo que cuando te diseñan para usar el potencial de tu cerebro como una batería, quedas con una sobrecarga neuronal que tiene efectos secundarios a largo plazo… y, bueno… sí, ¿hace cuánto que estoy despierto? Lo suficiente para tener noción de que no solo proporcionamos energía, también utilizan el espacio disponible en nuestro cerebro para generar estímulos que ayuden en la minería de las criptomonedas (“el dinero di-di-gital que viaja seguro al espacio” —sic—). En individuos inconscientes que no pueden desarrollar memoria episódica, semántica ni declarativa, descubrieron un método de explotar la memoria procedimental en su beneficio. Por eso es que podían detectar a los emergentes, la conciencia servía como detonante de la experiencia personal y esta provocaba la ocupación de las funciones cerebrales invadidas por la blockchain. Si esto se controla de manera efectiva, voilà, se tiene un paso más para la ciencia y la tecnología: minar desde la Tierra y surtir a las colonias en las plataformas espaciales.

Solo hay un problema.

¿Por qué nosotros, los seeds, debemos permanecer en la oscuridad?

Miro a mis hermanos encogidos en sus cápsulas, devorados por el Cable Madre, sin ninguna otra opción y me pregunto, una vez más, ¿qué pasaría si alguien pudiera despertarlos a todos?

Fin de la primera parte.

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Acerca del autor

Natasha Rangel

Licenciada en Letras por la UCV. Correctora de estilo. Apasionada por la investigación, los compositores muertos, las bandas sonoras instrumentales, los videojuegos de terror psicológico y las nuevas tecnologías. No tomo café.

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