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El foco del sector migró de escalar cúbits físicos a construir ordenadores tolerantes a fallos.
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Expertos y analistas bitcoiners discrepan sobre la urgencia de la amenaza cuántica para Bitcoin.
La compañía Arthur D. Little (ADL), la primera y más antigua firma de consultoría de management del mundo, publicó una actualización de su reporte «Blue Shift» del 2022 sobre el estado de la computación cuántica. Allí concluye que, pese a los avances técnicos recientes y a miles de millones de dólares en inversión pública y privada, la comercialización masiva de esta tecnología aún enfrenta obstáculos significativos.
Tres años atrás, la industria apostaba a que aumentar la cantidad de cúbits físicos sería suficiente para construir máquinas útiles. Esa apuesta, según el nuevo reporte de ADL publicado el 21 de marzo por Quantum Zeitgeist, demostró ser insuficiente.
El foco migró hacia un objetivo más exigente: la computación cuántica tolerante a fallos (FTQC, por sus siglas en inglés), es decir, máquinas capaces de corregir sus propios errores en tiempo real sin que esa corrección introduzca más problemas de los que resuelve.
El problema histórico era que el proceso de corrección de errores generaba más errores de los que resolvía. Superar ese umbral, conocido técnicamente como «break-even», era el gran obstáculo pendiente del sector.
Así, el nuevo análisis de la consultora Arthur D. Little, fundada en 1886 en Boston (EE.UU.) por el químico del MIT Arthur Dehon Little, se centra precisamente en evaluar si los avances de los «últimos 12-18 meses» han permitido acercarse, o incluso cruzarlo.
Los hitos recientes en cuántica destacados por el equipo ADL
Avances recientes apuntados por ADL sugieren que el obstáculo señalado por esta consultora estaría siendo superado. Conforme a sus investigadores, compañías como Quantinuum, Google e IBM lograron mejoras significativas en corrección de errores y estabilidad de cúbits lógicos.

En febrero de 2026, como reportó CriptoNoticias, el procesador Helios de Quantinuum logró por primera vez que la corrección de errores fuera eficiente y el sistema resuelva más fallos de los que genera. Uno de los investigadores describió el logro como algo con lo que los físicos «solo podían soñar».
Google, por su parte, presentó en 2024 su chip Willow de 105 cúbits, que demostró que aumentar el tamaño de los cúbits corregidos puede reducir la tasa de error general, un resultado que invierte la lógica anterior donde más cúbits implicaban más ruido.

Asimismo, el estudio de ADL enfatiza en que, en diciembre de 2025, Google implementó una técnica llamada «cultivo de estados mágicos», que permite ejecutar un tipo específico de operación lógica considerada esencial para lograr aceleraciones exponenciales en algoritmos cuánticos.
IBM, por su lado, publicó a finales del año pasado su procesador Nighthawk, orientado a mejorar la conectividad entre cúbits usando tecnología existente y asequible.
Lo que aún falta para la consultora ADL
Sin embargo, desde ADL subrayan que ninguno de esos avances implica que una computadora cuántica comercialmente útil esté próxima. Para que una máquina FTQC sea aplicable a un rango amplio de problemas, el reporte estima que necesitaría al menos 100 cúbits lógicos, y las aplicaciones más valiosas demandarían miles.
Construir un cúbit lógico confiable requiere, dependiendo de la tecnología, entre cientos y miles de cúbits físicos, según un estándar aceptado en la industria. La brecha entre los sistemas actuales y ese umbral sigue siendo considerable.
Un camino intermedio que ADL identifica como más inmediato es la computación híbrida. Es decir, sistemas que combinan procesadores cuánticos con supercomputadoras clásicas, delegando en cada arquitectura las tareas para las que es más eficiente.
En junio de 2025, menciona el informe de ADL, IBM y el instituto japonés RIKEN combinaron un procesador cuántico con una supercomputadora clásica para simular cómo se comportan los electrones en estructuras moleculares, un tipo de cálculo útil para desarrollar nuevos materiales o medicamentos.
El experimento usó hasta 77 cúbits físicos y un récord de 10.570 compuertas cuánticas, las operaciones básicas de cálculo en una máquina cuántica. Según el reporte de ADL, ese modelo híbrido (donde la máquina cuántica resuelve las partes del problema que le resultan más eficientes y la supercomputadora maneja el resto) representa el horizonte más realista para aplicaciones útiles en el corto plazo.
El reporte menciona química y simulación de materiales como las áreas más prometedoras, sin especificar otras aplicaciones concretas.
¿Cuándo llega la amenaza real? El debate que divide a analistas
El reporte de ADL no establece plazos concretos para la llegada de una computadora cuántica capaz de comprometer sistemas criptográficos, como los de Bitcoin, Ethereum u otras tecnologías. Esa cautela contrasta con un ecosistema donde las estimaciones varían drásticamente.
En ese contexto, la firma financiera de Cathie Wood ARK Invest publicó en marzo de 2026 un informe elaborado junto a la empresa de custodia Unchained, en el que concluye que, en el escenario más probable y alineado con el consenso de compañías como Google, IBM, Microsoft y el NIST, pasarán entre 10 y 20 años antes de que exista una computadora cuántica capaz de amenazar la criptografía de Bitcoin.
ARK propone entender la amenaza no como un evento catastrófico único sino como un proceso de cinco etapas, donde la etapa actual corresponde a máquinas que existen pero no representan amenaza alguna. La etapa crítica, en la que una computadora cuántica podría romper la criptografía de curva elíptica que protege las claves de Bitcoin, llegaría según ARK en ese horizonte de una o dos décadas.
Sin embargo, esa proyección no es universal. Charles Edwards, CEO de la firma Capriole, considera que Bitcoin debería blindarse antes de 2028, un plazo significativamente más corto. Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, estima que la amenaza a los sistemas de firma de transacciones digitales que protegen tanto Bitcoin como Ethereum podría materializarse también en 2028.
En el otro extremo, Adam Back, cofundador de Blockstream, comparte la visión de ARK y ubica el riesgo a «una o dos décadas» de distancia.
La tensión entre esas posturas refleja con precisión la advertencia central del reporte de ADL: el verdadero riesgo no es solo técnico. Es la dificultad de calibrar con precisión cuándo actuar en un campo donde los anuncios de hitos se suceden mensualmente, los plazos se acortan con cada nuevo estudio y el consenso sobre la urgencia aún no existe.









