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El dinero condiciona la preferencia temporal y esta determina qué dinero se elige.
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Bitcoin exige un salto cultural: postergar el consumo y pensar a largo plazo.
«El que vive según los placeres del cuerpo vive como un animal, persiguiendo saciedades inmediatas que traen más dolor después; en cambio, el filósofo, al postergar y disciplinar esos deseos, alcanza placeres superiores y más duraderos».
Platón
El dinero que usas determina tu preferencia temporal. Pero también tu preferencia temporal determina el dinero que usas. Es una relación bidireccional, en buena medida condicionada por el contexto material al que se está sujeto en un momento y lugar determinado, así como al conocimiento disponible para esa misma espacio-temporalidad.
La preferencia temporal se refiere al grado de paciencia o impaciencia que una persona está dispuesta a tolerar para la satisfacción de su deseo, de acuerdo con el grado de bienestar que dicha satisfacción le reportará en relación con cuánto tiempo espere por ella. El economista de la escuela austríaca, Hans Hermann Hoppe, distingue así entre un alta y una baja preferencia temporal:
«De acuerdo con su alta preferencia temporal, puede querer ser un vagabundo, un errante, un borracho, un drogadicto, un soñador o simplemente un tipo despreocupado que quiere trabajar lo menos posible para disfrutar al máximo cada día. (…) Sin embargo, independientemente de cuál sea la tasa original de preferencia temporal de una persona o la distribución original de tales tasas en una población dada, una vez que es lo suficientemente baja como para permitir cualquier ahorro y formación de capital o bienes de consumo duraderos, se pone en marcha una tendencia a la caída de la tasa de preferencia temporal, acompañada de un proceso de civilización.»
Democracia, el Dios que falló – Hans-Hermann Hoppe
En pocas palabras, alta preferencia temporal: comer en restaurante todos los días; baja preferencia temporal: ahorrar comiendo en casa para montar un restaurante.
El caso venezolano, con sus distintos niveles socioeconómicos y la convivencia de distintas calidades de dinero como el bolívar, el dólar, bitcoin y USDT, es paradigmático para ilustrar cómo un mal dinero lleva a una alta preferencia temporal, pero también cómo una alta preferencia temporal inclina hacia el uso de un mal dinero.
El bolívar o almacenar valor en pescado
Partamos del bolívar. Como cualquier moneda hiperinflacionaria de la historia, el bolívar contrae el horizonte temporal. Como si fuera pescado, una moneda hiperinflacionaria no sirve para almacenar y transportar valor en el tiempo porque se pudre, empieza a oler mal y, si se consume a destiempo, enferma.
El bolívar, sabemos, caduca vertiginosamente. No cabe extrañarse, en tanto que se le han restado 14 ceros en menos de dos décadas. Apenas lo obtienes, recibes junto con la moneda una sensación de prisa: debes salir de él cuanto antes porque cada segundo que pasas con él es un segundo en que estás perdiendo valor, en que se pudre.
Esta premura por salir de la papa caliente o del pescado podrido ya es sintomática de la enfermedad mental y cultural que impone el dinero hiperinflacionario. Como discutimos con el psicólogo Paulo Márquez en el episodio 8 del podcast Separando el Dinero y el Estado (SDE), esta carrera es el mal dinero es un estresor que funciona como caldo de cultivo del universo de patologías y/o comportamientos límite por mutilar la perspectiva de futuro.
La imposibilidad del ahorro vuelve a una sociedad nihilista, tal como expresó Josef Tetek de Trezor en el segundo episodio de SDE. Si tu capacidad de ahorro se limita a unos pocos minutos, la vida se reduce, con suerte, a la satisfacción de las necesidades básicas.
Si apenas vives al día, la cobertura de tus necesidades fisiológicas se mantiene como una continua interrogante, la familia se tambalea, el cultivo de relaciones afectivas se ve truncado, cae la autoestima, y la autorrealización espiritual o el desarrollo de la virtud se vuelven quimeras si siquiera pasan por la mente.
Asumiendo que somos seres de sentido, quiero decir, que el significado y dirección de nuestra vida se configura a través de aquello que hacemos con lo que nos es dado en el mundo, usar una moneda que imposibilite la perspectiva de futuro nos vacía de sentido, volviéndonos una cáscara que se arrastra por el día a día.
Claro que hablamos de los casos más extremos y sabemos que no toda persona que viva en bolívares, menos cuando la inflación es leve, habita tal estado de necesidad. Pero, en todos los casos, la persona que gana en bolívares buscará una manera de deshacerse de ellos para atisbar un vislumbre de ahorro y, por tanto, de futuro.
El dólar o pedir prestado al futuro
El dólar brinda un estadio intermedio de percepción temporal y un respiro de quietud ante la agitada premura del bolívar. Ganar en dólares permite habitar con más sosiego el presente y, dependiendo de cuánto se gane, incluso acumular para el futuro.
No obstante, toda moneda fíat, al no tener anclaje en dinero real (como el oro) e incluso por decisión macroeconómica, ha sido históricamente inflacionaria. La diferencia entre inflacionario e hiperinflacionario es de grado, no de naturaleza: algunas, en ciertos momentos históricos, son más inflacionarias que otras. Como los alimentos, algunas monedas tienen una fecha de caducidad más próxima, mientras que otros duran un poco más. Pero almacenar valor en alimentos siempre está condenado a caducar.
Por razones que exceden el ámbito de este texto, los latinoamericanos en general, pero, en este caso, los venezolanos tienen al dólar estadounidense en un pedestal y no reparan en que también está sujeto a las políticas inflacionarias de los regentes de turno. Con todo, considerando que sus monedas locales suelen ser de peor calidad que el dólar, tiene sentido que se inclinen por el mal menor.
La lógica que promueven las economías dolarizadas es la del endeudamiento, el consumo y el gasto. Así fue diseñado desde Keynes y aún sigue siendo el canon del establishment económico. El ahorro se penaliza pues, se dice, ralentiza la economía, mientras que el gasto la dinamiza. Así se justifica teóricamente la inflación como benefactora para la sociedad.
Bajo esta visión, la acumulación de valor en dólares solo es posible en el mediano plazo. Para el tiempo que se ahorra, digamos, para una casa o para un negocio, lo más probable es que los precios hayan subido y ya no alcance para pagarlo.
La estructura del juego promueve vivir bajo deuda, teniendo que tomar prestado del futuro para poder adquirir bienes y servicios presentes. Es por esto también que es común que los estadounidenses tengan que volverse inversionistas a tiempo parcial, pues no cuentan con un dinero que sea bueno transportando valor a largos plazos.
Pero también es por vivir bajo esta realidad que algunos estadounidenses entienden más rápido Bitcoin como reserva de valor, mientras que muchos venezolanos prefieren atesorar la moneda que los estadounidenses están buscando desechar.
Bitcoin y USDT: no siempre lo mejor es lo más útil
Los primeros venezolanos en adoptar Bitcoin lo hicieron como una forma de escapar del bolívar, así como adoptaron dinero de videojuegos como RuneScape, World of Warcraft o Tibia. Pronto lo entendieron como un dinero fuera del control de cualquier gobierno, lo cual resonó como algo favorable en el marco de su traumática experiencia monetaria. También lo entendieron como un negocio lucrativo en el contexto de la electricidad subsidiada, por lo que comenzaron a minar. Sobre la experiencia de adopción de Bitcoin en Venezuela hemos escrito extensamente en CriptoNoticias.
En aquella época no eran tan populares las stablecoins y tampoco había la infraestructura existente en la actualidad para operar con ellas. Es curioso pensar que, a pesar de que Venezuela fue pionera en la adopción de Bitcoin, y a pesar de la gran revalorización de bitcoin desde aquellos primeros años, y la gran depreciación del dólar en el mismo marco de tiempo, el efecto rebaño de la adopción de criptomonedas en Venezuela se esté dando a través de stablecoins.
Cada vez está más extendido en el país que las personas usen Binance y USDT. El mercado p2p de Binance incluso se ha vuelto referencia para la tasa de cambio en el mercado paralelo. A pesar de los esfuerzos por promover bitcoin, el privilegio que goza el dólar en el imaginario colectivo venezolano hizo más sencillo que calara esta versión digital entre la población.
Evidentemente, hay ventajas prácticas. La estabilidad de precio a corto en un país con ingresos bajos brinda mayor sosiego que la volatilidad de bitcoin. También el hecho de que aparenten ser los dólares de toda la vida reduce la fatiga mental de tener que aprender qué es esa moneda nueva de bitcoin. No se repara en el riesgo de contraparte de que Tether y Binance sean empresas mientras que Bitcoin es un commodity; solo se confía en que, en la medida en que tanta gente lo está adoptando, debe ser seguro.
USDT cala más fácilmente en Venezuela también por una razón más profunda: no estamos acostumbrados a pensar y planificar la vida en los plazos de Bitcoin. La sociedad venezolana, en general, es inmediatista y hedonista. Postergar la satisfacción del deseo actual en pos de un bien superior, pero más lejano, es una rareza en la escala de valores venezolanos.
Esto puede estar ligado, como mencionamos, a la determinación de la preferencia temporal que impone un dinero tan malo como el bolívar, con lo que alcanzar un medio plazo de visión y estabilidad como la que ofrece el dólar parece más que suficiente. Pensar en un ahorro a diez, veinte, treinta años, mucho menos un ahorro generacional, suele ser algo impensado.
Bitcoin causa este efecto. Luego de entender sus mecánicas internas y su calidad como dinero, y al experimentar su apreciación en el tiempo, en vez de la acostumbrada depreciación de la moneda, se comienza a postergar el consumo y a pensar más en el largo plazo. Se pone en marcha ese proceso civilizatorio que menciona a Hoppe, en el que se empieza a pensar hasta en legado para próximas generaciones.
Obviamente, es injusto querer que una persona que gane solo lo necesario para la subsistencia diaria, piense en ahorrar siquiera un dólar en bitcoin. Pero también sabemos que esa no es la totalidad de la población.
Suele decirse que usar stablecoins y plataformas como Binance es una puerta de entrada hacia Bitcoin. Sin duda es algo que facilita la alfabetización sobre las herramientas disponibles. Pero realmente el salto para usar una moneda u otra depende también de un salto en la preferencia temporal y en cómo valoramos la satisfacción de nuestros deseos en el tiempo, lo que también supone un salto cultural.
Queremos creer que con los cambios políticos que está viviendo la Nación, no sea un momento en que el dólar se ratifique como el estándar y que, mientras los estadounidenses se deshacen de ellos en favor de Bitcoin, los venezolanos terminen acumulando ese deshecho.
Confiamos en que la apertura mental a nuevas formas de dinero y, potencialmente, a nuevos estándares de vida traiga consigo una actualización en la preferencia temporal y, con ello, en el dinero que se utiliza para transportar valor en el tiempo.
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