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Paraguay mantiene el 4,3% del hashrate mundial con unos 43 EH/s, alimentado por energía de Itaipú.
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Brasil aplica arancel cero a importaciones de ASIC eficientes desde febrero de 2026.
La minería de Bitcoin redistribuye su poder computacional hacia Sudamérica, impulsada por una caída en la rentabilidad que está dejando fuera de servicio a los operadores menos eficientes del mundo. Mientras el mercado global ajusta sus márgenes tras el descenso del precio de la moneda digital pionera desde los 124.000 dólares en octubre de 2025 hasta los 65.000 dólares en febrero de 2026, Paraguay y Brasil emergen como refugios estratégicos. En estos países, la actividad ya se ve como una herramienta para gestionar excedentes de energía renovable en lugar de un problema para el medio ambiente.
Este reajuste operativo se detalla en el informe Global Hashrate Heatmap, publicado por Hashrate Index el 6 de abril. Los datos revelan que el poder de cómputo mundial, que recientemente superó la marca del zettahash (más de 1.000 EH/s), se contrajo un 5,8% en el segundo trimestre de 2026, estabilizándose en los 1.004 EH/s.
La reducción responde a que el hashprice, la métrica que mide los ingresos diarios por cada unidad de procesamiento, alcanzó mínimos históricos, volviendo inviables los equipos con una eficiencia superior a los 25 J/TH.
En este contexto, Estados Unidos se mantiene como el ancla estable del sector. A pesar de la contracción global, el país aumentó su tasa de hash un 39% interanual hasta alcanzar los 375 EH/s.

Bajo estas condiciones, la brecha tecnológica se ha vuelto determinante. Modelos de última generación como el Antminer S21 Pro, el Whatsminer M63S y el Avalon A1466I mantienen márgenes positivos gracias a su bajo consumo por terahash.
Por el contrario, equipos que fueron pilares de la industria, como el Antminer S9 o el Whatsminer M20S, operan actualmente con pérdidas en la mayoría de las redes eléctricas, convirtiéndose en los primeros en ser retirados del mercado global.
Paraguay y el aprovechamiento del excedente de Itaipú
En Paraguay, la estrategia para captar esta actividad se centra en el aprovechamiento de la represa de Itaipú. La estatal ANDE facilita la integración de proyectos que consumen energía hidroeléctrica sobrante, como la planta de Yguazú de la canadiense HIVE Digital Technologies, tal como lo reportó recientemente CriptoNoticias.
Al actuar como un comprador flexible, la minería digital permite monetizar excedentes que la red nacional no puede absorber, con una proyección de ingresos para el Estado de 125 millones de dólares hacia finales de año.
Sin embargo, el modelo genera debate interno. Esto debido a que sectores de la sociedad civil cuestionan si esta demanda industrial intensiva podría comprometer la estabilidad del suministro residencial en el futuro.
Brasil, por su parte, opta por incentivos fiscales para atraer hardware de alta eficiencia. Desde febrero de 2026, el gobierno eliminó los aranceles para ASIC (Circuito Integrado para Aplicaciones Específicas) de alto rendimiento, incentivando a empresas como la francesa ENGIE a estudiar la instalación de centros de datos en plantas solares como Assu Sol.

“Estamos evaluando sistemas de almacenamiento o centros de datos de minería de Bitcoin para hacer que la instalación sea más económica”, declaró la firma a Reuters, en referencia a la necesidad de aprovechar la energía generada que no llega a ser inyectada a la red.
A pesar del avance regional en Sudamérica, el poder de cómputo de la red mantiene una marcada polarización: Estados Unidos, China y Rusia controlan en conjunto el 65,6% del hashrate mundial. No obstante, esta hegemonía convive con una diversificación gradual en otras latitudes.
El ascenso constante de Etiopía, que escaló del décimo al octavo puesto en el último año, sumado al fortalecimiento de las posiciones en Oriente Medio y el Sudeste Asiático, señala una expansión hacia nuevas fronteras energéticas que comienza a desafiar la concentración en los polos tradicionales.
Esta transición indica que la infraestructura de Bitcoin está mutando hacia un modelo de supervivencia basado en la eficiencia extrema y la integración energética.
Mientras el hashrate global se estabiliza tras la contracción, la permanencia de Paraguay con un 4,3% de la participación mundial y el avance de los proyectos piloto en Brasil perfilan un cambio en la geografía de la minería, cuya consolidación dependerá de la evolución de los costos operativos en los próximos meses.








