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Los países asiáticos son los que más dependen del petróleo de Medio Oriente.
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En América Latina, todavía no se han tomado medidas de contención ante la potencial crisis.
Ha pasado casi un mes desde que se lanzó la Operación Furia Épica el 28 de febrero de 2026, el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán que sumió al mundo en un caos energético sin precedentes.
El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, lo cuantificó sin rodeos: el conflicto provocó la pérdida de 11 millones de barriles de petróleo diarios. Ante ese panorama crítico, más de una decena de países implementaron en los últimos días medidas de emergencia para contener el impacto.
El nudo del problema, tal como CriptoNoticias lo ha estado reportando, es el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del consumo global de petróleo y que permanece prácticamente bloqueado desde el inicio de las hostilidades.
Según algunas estimaciones, podrían pasar hasta seis meses antes de que se restablezca el suministro desde el Golfo, lo que podría desencadenar la crisis energética más grave de la historia reciente.

Asia, en el ojo de la tormenta
Los países asiáticos, estructuralmente dependientes del crudo que pasa por Ormuz por razones geográficas, fueron los primeros en actuar.
En Corea del Sur, cuyas reservas podrían no durar dos meses según analistas citados por Reuters, el presidente Lee Jae-myung convocó una campaña nacional de 12 medidas de ahorro que incluye duchas más cortas, carga diurna de vehículos eléctricos y reducción del uso de electrodomésticos.
El gobierno surcoreano también anunciará un presupuesto suplementario de 25 billones de wones —equivalente a unos 16.600 millones de dólares— para asistir a consumidores y empresas.
Japón, por su parte, liberó reservas estratégicas del sector privado y anunció medidas adicionales para garantizar el suministro.
Filipinas creó un «comité de crisis» por orden ejecutiva del presidente Ferdinand Marcos Jr., con el mandato de supervisar el suministro de combustibles y alimentos, y diseñar respuestas ante posibles disrupciones.
Vietnam, con reservas para apenas 20 días, promovió el trabajo remoto para reducir la demanda. Pakistán y Bangladesh recortaron semanas laborales y limitaron el consumo de combustible en el sector público, mientras Tailandia instó a reducir el uso de aire acondicionado.
Europa y Oceanía activan sus reservas
Australia liberó 762 millones de litros de gasolina y diésel de sus reservas estratégicas y flexibilizó temporalmente las normas de calidad del combustible para mezclar gasolina sin plomo con mayores niveles de azufre en el suministro local.
En Europa, los ministros de Energía de la UE se reunieron de urgencia en Bruselas. Eslovenia limitó la compra de combustible a 50 litros diarios por persona; Hungría y Croacia fijaron precios máximos. España aprobó un paquete de 80 medidas que incluye la reducción del IVA sobre combustibles del 21% al 10%, rebajas fiscales al transporte, al campo y la pesca, y peajes energéticos reducidos para industrias electrointensivas.
Respuesta coordinada de la AIE
A nivel global, los 32 países miembros de la Asociaeción Internacional de Energía aprobaron por unanimidad la mayor liberación de reservas estratégicas de su historia: 400 millones de barriles. El mayor contribuyente es Estados Unidos, con 172 millones de barriles, seguido de Japón con casi 80 millones.
América Latina no implementó medidas específicas de emergencia hasta el cierre de esta nota. Los países productores de la región como Colombia, Ecuador, México y Venezuela podrían beneficiarse de mayores ingresos de exportación.
¿Qué tiene que ver bitcoin con el precio del petróleo?
Algún lector podrá preguntarse cuál es la relación de esta noticia con el tema central de este portal informativo: bitcoin (BTC).
Lo cierto es que, como hemos visto durante el último mes, hay una correlación entre el precio del petróleo y el de bitcoin que se manifiesta principalmente a través de las expectativas de inflación y política monetaria.
Un choque energético de esta magnitud dispara los costos de transporte y producción a nivel global, lo que se traduce en un aumento inmediato del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Ante un escenario de inflación descontrolada, los inversores suelen buscar refugio en activos de suministro limitado; sin embargo, si los bancos centrales responden endureciendo las tasas de interés para frenar el consumo, la liquidez general del mercado disminuye, presionando a la baja el precio de los activos considerados «de riesgo», incluidos aquí bitcoin y el sector de las criptomonedas.








