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BTC sigue con presión a la baja, pero resiste sobre los USD 87.000.
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Japón debería recomprar bonos para calmar al mercado, sostienen desde la oposición política.
El precio de bitcoin (BTC) agudizó su caída, en correlación con los activos de riesgo, mientras el oro sube a nuevos récords. Los movimientos se ven influenciados por el aumento de los rendimientos de los bonos de Japón, así como por la escalada de la guerra arancelaria. Esto hace pensar a especialistas que una intervención del banco central japonés podría cambiar la dinámica actual de los inversores.
Hay una «correlación inversa muy fuerte entre BTC y el oro”, resumió el analista Michaël van de Poppe. A nivel técnico, considera que bitcoin necesita volver a superar las medias móviles de 21 y 50 días para recuperar impulso.
“Si estos se superan y el Banco de Japón interviene, tenga en cuenta que el oro puede caer como una piedra durante ese período y bitcoin podría ver un fuerte movimiento al alza del 4% al 6%”, expresó.
Recalcó, además, que el discurso reciente de Donald Trump en Davos “no movió mucho los mercados» y «está dando un empujón a bitcoin». Pues, el presidente de Estados Unidos arrojó optimismo para los activos. «El mercado de valores se duplicará», dijo el mandatario, pese a sus amenazas de aranceles a las importaciones de países europeos si no le permiten comprar Groenlandia y no se unen a su Junta de Paz.
Además, recordó Trump en Davos que está trabajando «para garantizar que Estados Unidos siga siendo la capital mundial de las criptomonedas». Antes las declaraciones, bitcoin frenó la caída, sosteniéndose sobre los 87.000 dólares (USD).

Bonos japoneses en el centro de la escena
Los rendimientos de los bonos a 40 años superaron esta semana el 4% con fuerza, marcando un nuevo máximo histórico, como reportó CriptoNoticias. Esto refleja una caída en sus precios, producto de mayor presión de venta. Yuichiro Tamaki, líder del Partido Democrático para el Pueblo (DPP), una fuerza opositora del gobierno, pidió una reacción firme de las autoridades.
“El gobierno y el Banco de Japón deberían responder de forma decisiva a los movimientos excesivos del mercado”, afirmó Tamaki, advirtiendo que la volatilidad está alcanzando niveles “algo anormales”. Según explicó, los responsables políticos podrían actuar mediante recompras de bonos o reduciendo la emisión de deuda de muy largo plazo.
El trasfondo de la presión de venta de los bonos está vinculado a comentarios de la primera ministra Sanae Takaichi. La misma propuso suspender durante dos años un impuesto a los alimentos y revertir una política fiscal considerada restrictiva. Esto elevó los temores de una mayor emisión de deuda.
En lo que respecta a mercados, Japón es clave en el carry trade global por sus tasas históricamente bajas. Inversores toman prestados yenes para invertir en activos de mayor rendimiento. Por ello, el aumento de los rendimientos de los bonos japoneses propicia una reversión de esa estrategia, lo que aumenta la presión sobre activos de alta volatilidad como las criptomonedas y las acciones.

Crisis de deuda y búsqueda de refugio
Desde una mirada más estructural, Robin Brooks, estratega jefe de divisas en Goldman Sachs, advirtió que una intervención del Banco de Japón no estaría exenta de costos. “El Banco de Japón puede intervenir para reducir los rendimientos, pero eso implica imprimir dinero, lo que agravará la depreciación del yen”, señaló.
Brooks fue más allá y planteó que el mercado podría estar entrando en una fase más delicada. “Estamos en las primeras fases de una crisis global de deuda”, sostuvo, al explicar que el alza de los rendimientos de largo plazo refleja el temor creciente a niveles de endeudamiento difíciles de sostener. En ese contexto, describió una “búsqueda desesperada de refugios seguros”, fenómeno que impulsa a los metales preciosos y favorece a países con baja deuda pública.
Para bitcoin, este escenario deja señales mixtas. Mientras algunos analistas ven la posibilidad de un rebote si mejora la liquidez, otros advierten que, por ahora, la moneda digital sigue expuesta a los vaivenes macroeconómicos que dominan el apetito por riesgo a nivel global.








