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Analistas prevén que el gasto bélico obligue a la FED a inyectar liquidez masiva.
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La prolongación del conflicto redefiniría el flujo de capitales hacia activos de reserva.
HSBC Private Bank, una de las organizaciones de servicios bancarios y financieros más grandes del mundo, publicó un informe técnico que analiza el impacto de un conflicto prolongado entre Irán, Estados Unidos e Israel en la economía global.
El documento prevé un fortalecimiento del uso de activos refugios tradicionales y una reconfiguración de los flujos de capital, mientras analistas del sector tecnológico anticipan ajustes en la política monetaria estadounidense para financiar operaciones de defensa.
Willem Sels, Director Global de Inversiones (CIO) de HSBC, sostiene que un conflicto prolongado elevaría el precio de las materias primas de refugio, como el petróleo y el oro, además de aplanar las curvas de rendimiento de los bonos.
Cuanto más dure la guerra con Irán, más fuertes serán el petróleo crudo, el oro y el dólar, y será difícil para las acciones evitar la debilidad. La estructura de sucesión y los efectos económicos globales son todos inciertos.
Informe de HSBC Private Bank.
El informe destaca que el estrecho de Ormuz es un punto clave por donde pasa el 19% del suministro mundial de crudo y que la suspensión o no de la navegación en esta ruta determinará la inflación, los precios de las materias primas y la volatilidad en todo el mercado financiero.
Si bien Irán tiene el control físico de esta vía, un cierre total afectaría sus propias exportaciones hacia aliados clave como China. No obstante, HSBC subraya cómo la mera amenaza de suspensión en esta ruta es suficiente para disparar los precios de las materias primas y la volatilidad financiera.

Paralelamente, se difunde la narrativa de bitcoin como «oro digital» y que gana tracción ante la posibilidad de que la Reserva Federal (FED) facilite el acceso al crédito, al abaratar el costo de los préstamos mediante una reducción de las tasas de interés, para apoyar los objetivos gubernamentales en la región.
El dólar se fortalece, por ahora…
Todo este escenario ha generado un aumento de la volatilidad en los mercados, que tiene su origen en las operaciones militares contra objetivos iraníes y la muerte del líder supremo de Irán. La administración de Donald Trump actúa impulsado por su intención de transformar la política regional, lo que implicaría un gasto público de gran escala.
En este punto, el informe cita una dinámica que suele confundir al mercado: a pesar de que financiar una guerra implica un gasto masivo, el dólar tiende a fortalecerse inicialmente frente a otras divisas.
Tal hecho ocurre por el fenómeno de «vuelo a la calidad»: en una crisis, el mundo no busca «ganar dinero», sino «protegerlo», y el dólar es la moneda más líquida. Por tanto, aunque Estados Unidos gaste más, el resto de las monedas (euro, libra, pesos) caen más rápido por su exposición al shock energético, haciendo que el dólar parezca más fuerte por comparación.
Justo aquí reside la gran controversia del sector. Si bien el dólar puede ser la moneda más «fuerte» del tablero (fortaleza cambiaria), al mismo tiempo, puede perder valor real frente al encarecimiento de la comida o el combustible (inflación).
En ese sentido, el debate se centra en si la FED podrá financiar el conflicto, sin desatar una espiral inflacionaria que erosione el poder adquisitivo. Todo esto mientras el oro y bitcoin se mantienen posicionados como refugios contra esta pérdida de valor real.
Bitcoin ganaría terreno a largo plazo
Como lo informó CriptoNoticias, si el conflicto se prolonga, Trump podría presionar a la FED para flexibilizar su política monetaria, reduciendo los tipos de interés o inyectando liquidez. Esta situación actuaría como catalizador para activos con suministro limitado, como bitcoin. Así lo apunta Arthur Hayes, cofundador de BitMEX.
El momento óptimo para comprar bitcoin es justo después de que la FED baje los tipos de interés o imprima dinero para apoyar los objetivos del gobierno en Irán.
Arthur Hayes.
El escenario base de HSBC contempla que, aunque la volatilidad inicial sea significativa, el incremento en los precios de estos activos, el decir, el oro, petróleo y divisas como el dólar, a largo plazo podrían ser limitados.
Al mismo tiempo existe una controversia activa sobre si la FED podrá mantener su autonomía frente a las necesidades de financiación del Ejecutivo. Mientras algunos inversores ven en el oro y bitcoin la salvaguarda definitiva, otros temen que el cierre, incluso breve, del Estrecho de Ormuz desate una crisis financiera sistémica difícil de contener.
Por lo tanto, la situación iraní se consolida como el evento clave para determinar el rumbo económico del año. El mercado se mantiene expectante sobre si la escalada deriva en negociaciones. En ese caso, los precios del petróleo podrían estabilizarse y los activos de riesgo recuperarse; de lo contrario, la transición hacia activos duros, petróleo, oro y bitcoin, marcará el nuevo orden financiero global.








