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Brigadas educativas con Aqua Bitcoin y My First Bitcoin llevan conocimiento que empodera.
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El proyecto muestra cómo la educación financiera cambia vidas en la ciudad de la "eterna primavera".
En Colombia, en las empinadas y coloridas calles de la Comuna 13 de Medellín, un barrio que durante décadas fue sinónimo de violencia extrema y narcotráfico en América del Sur, está surgiendo una transformación silenciosa, pero significativa.
Allí, donde el pasado marcó vidas con miedo y conflicto, organizaciones sin ánimo de lucro están impartiendo educación financiera centrada en Bitcoin (BTC).
Esta comuna, ubicada en una ciudad conocida por su clima templado que le otorga el título de «ciudad de la eterna primavera», es ahora escenario de iniciativas recientes.
En sus calles, brigadas educativas lideradas por la Fundación Satoshi Team, en estrecha colaboración con Aqua Bitcoin (una wallet de autocustodia desarrollada por JAN3) y la ONG salvadoreña Mi Primer Bitcoin, están impartiendo talleres prácticos a residentes, emprendedores y pequeños negocios locales, según publicaciones de la Fundación Satoshi Team.
Este esfuerzo busca empoderar a la comunidad con herramientas para gestionar su dinero de forma segura y descentralizada. Una meta relevante en un contexto donde el acceso a servicios bancarios tradicionales sigue siendo limitado, con solo el 62% de la población en Medellín teniendo cuentas formales, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de 2025, aunque la adopción de criptomonedas enfrenta desafíos como la volatilidad y una regulación aun pendiente en Colombia.
Esta iniciativa llega en un momento oportuno para la Comuna 13, que se ha convertido en un símbolo global de resiliencia. Tras décadas marcadas por operaciones militares y elevados índices de criminalidad –incluida la controvertida Operación Orión de 2002, que resultó en violaciones de derechos humanos con al menos 92 desapariciones forzadas, según la Comisión de la Verdad–, el barrio ha experimentado una notable recuperación que continúa.
Ha sido impulsada por inversiones estratégicas en infraestructura –de más de 100 millones de dólares desde 2011, según la Alcaldía de Medellín–, el florecimiento del arte urbano y un creciente turismo. Hoy, sus emblemáticas escaleras mecánicas, vibrantes murales y recorridos guiados, atraen a miles de visitantes anualmente, contribuyendo a la economía local y narrando una historia de superación, aunque persisten desafíos sociales como la desigualdad.
En este proceso de evolución, la educación en Bitcoin representa un paso adicional. Según sus promotores, el conocimiento sobre autocustodia de activos digitales, transacciones seguras y conceptos como la red Lightning permite a los residentes proteger ahorros frente a la inflación –que en Colombia ronda el 5-7% anual– y participar en la economía digital sin intermediarios tradicionales.
Los líderes detrás de este movimiento están observando su impacto directo. Lorena Almada, asociada con la Satoshi Team Foundation, ha descrito procesos similares en publicaciones como «llevar educación, libertad financiera y Bitcoin a las comunidades no es solo compartir conocimiento… es sembrar oportunidades».
En un video publicado recientemente, Almada ilustra un taller de autocustodia, mostrando el proceso paso a paso para que las personas tomen control de su dinero, como ha explicado en otras oportunidades.
Si comparamos con los registros históricos, la evidencia actual apunta a una transformación impulsada por inversiones públicas y líderes comunitarios.
Hoy, el barrio es un vibrante hub turístico, adornado con escaleras eléctricas, grafitis y arte urbano, pero la educación en bitcoin añade una dimensión económica que complementa el atractivo turístico.
Un paralelismo interesante en esta historia es la resonancia con iniciativas similares en otros países. En El Salvador, por ejemplo, precisamente Mi Primer Bitcoin ha extendido sus clases a municipios como Ilopango, zonas que antes estaban bajo el control de pandillas, como lo ha reportado CriptoNoticias. Esta es una muestra de que la educación financiera sobre bitcoin puede florecer en entornos post-conflicto, replicándose en el espíritu de cambio que se vive en Medellín.
Esta evolución no se limita a las aulas. En la Comuna 13, algunos participantes aplican lo aprendido en sus negocios locales; por ejemplo, se reportan guías turísticos y vendedores que utilizan carteras digitales para transacciones, según anécdotas en X de usuarios locales.

La aceptación de bitcoin se debe, en parte, a colaboraciones con eventos internacionales como la Bitcoin Medellín Conference 2026, celebrada el 16 y 17 de enero, que atrajo a desarrolladores y entusiastas de toda Latinoamérica. Estas experiencias fomentan redes comerciales y rutas de adopción que facilitan la integración digital.
Son iniciativas que buscan promover la soberanía económica en comunidades marginadas, ilustrando cómo la innovación digital puede llegar a rincones inesperados del mundo y contribuir a un futuro más inclusivo.








