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Un cuento de criptonavidad: Parte I

Un cuento de criptonavidad: Parte I

“¿Qué mejor regalo hay que el amor de un gato?”

Charles Dickens

En la televisión de cristal interactivo que ocupa la totalidad de la pared, los canales estaban secuestrados por programación navideña. Jesie Dilon, la multimillonaria dueña de la empresa Valeria’s Secret, dedicada a la fabricación de ropa íntima para hombres, mujeres y androides, se mostró realmente irritada por este hecho: “A veces me gustaría encontrar entretenimiento más allá de  Netflux, pero es imposible”.

Netflux es una plataforma en línea de realidad virtual mediante la cual los usuarios con bastante dinero pueden conectarse a internet para vivir historias previamente escritas por guionistas de cine, y Jesie destina 20 minutos diarios para entretenerse en ella, aunque la mayoría de los usuarios desprecian su figura pretenciosa y demandante, que generalmente trastoca la historia y hace que ella sea, de entre todos, la única con final feliz y la que siempre acaba llevándose algunos satoshis a la bolsa.

Hora de continuar trabajando. Jesie parpadeó y en sus lentes de contacto con computadora integrada constató que ya se había pasado por dos minutos. Tendría que amonestar nuevamente a Chan Block por no llevar el tiempo correctamente. Se trataba de la tercera vez en que este, su asistente, se equivocaba en algo. La excusa de tener un niño enfermo ya había sido utilizada hacía tres meses. “Este hombre está comenzando a abusar” pensó Jesie.

La puerta de madera de bambú, una planta que se extinguió hace una década y que ahora es muy difícil y costosa de conseguir, se abrió rápidamente y apareció Chan Block, un hombre de una edad indescifrable que vio el surgimiento y auge de las criptomonedas y que incluso hipotecó su casa para comprar bitcoin.

Sin embargo, Chan no pudo soportar mirar cómo el precio del criptoactivo pasaba de 40.000 dólares a 9.000 en un mes, y vendió todas sus monedas a Jesie. Ahora bitcoin vale 200.000 dólares, ella posee una fortuna de 30.000 BTC y Chan tiene que ayudarla a escoger vestidos, mientras que se hospeda junto a su familia en una casa bastante deteriorada, propiedad de un pariente lejano que no soportó verlos en la calle.

– Tienes un retraso de dos minutos y lo sabes, Chan.

– Mi señora, tengo un niño con una enfermedad terminal y hoy le tocaba probarse un conjunto de venas sintéticas a ver cuál le servía. Lo que sucedió es que uno de los contenedores llegó plagado de los nanobots que se escaparon del laboratorio y desarrollaron autonomía, infectando con ransomware los organismos mejorados con tecnología biológica y hubo que cambiar de contenedor. Afirmó Chan mientras le pasaba la falda de piel de panda a su jefa.

– Tienes un total de nueve minutos de retraso, te recuerdo que cuando llegues a catorce minutos ya no trabajarás conmigo.

Es claro que Jesie estaba acostumbrada a la puntualidad. Una de las condiciones que necesitaba cumplir para mantener su beca en el M.A.T. (el mejor instituto de robótica del mundo) era no acumular más de una hora de retraso a ninguna de las clases online. Ella se graduó con honores y enorgulleció a su familia de humildes fabricantes de zapatos desechables, aunque tenía más de 15 años sin hablar con su hermana, el único pariente vivo que le quedaba.

Mayores detalles acerca de la manera en que Jesie Dilon es una mujer odiada por todos, que no comparte ni un satoshi o un centavo y es adicta al trabajo se pueden ahorrar, porque el “Cuento de Navidad” de Charles Dickens es conocido por la mayoría. Aunque claro, Jesie no es un hombre mayor como Ebenezer Scrooge y utiliza una buena parte de su fortuna para vestirse muy bien (como hemos visto) y para comprar joyas y tratamientos de belleza que mantienen su rostro como el de una veinteañera.

Bueno, vamos a lo que nos interesa: los tres fantasmas que la visitarán esta noche. El anuncio llegó de la mano de lo que claramente era un pirata informático, ya que llevaba una gran túnica negra con capucha que ocultaba su rostro y una bandolera en la que se podía guardar una laptop. Además, llevaba una gran guadaña en su mano izquierda, que seguramente usaba para dejar sin electricidad a edificios enteros.

“Soy alguien que conoces, debes redimirte esta Navidad o tu futuro será el mismo que yo tuve”, dijo, mientras abría la gran túnica y mostraba múltiples heridas sangrantes, una franela hecha jirones y un pantalón rasgado.

Jesie reconoció a su antiguo compañero del M.A.T., que en algún momento había sido su amigo también. Él le había explicado cómo ir amasando poco a poco su fortuna mediante la compra de altcoins que luego podía cambiar por bitcoin, la primera criptomoneda en ser minada en su totalidad. Llegó a enterarse de que este hombre se había hecho una gran carrera en el desarrollo de robots que cambiaban de aspecto con un material maleable muy parecido al silicón, y también cómo éstos se habían vuelto en su contra, por lo que habían sido desactivados. Del paradero de su antiguo amigo nadie había vuelto a saber.

– ¿Cómo te atreves a pisar mi alfombra de oso polar con esos pies tan sucios y llenos de sangre? ¡Te ordeno que te vayas de inmediato de aquí, tan solo un centímetro de esa alfombra vale más que tu vida entera!

Un gran estruendo retumbó por toda la habitación y un “ESCUCHA” obligó a Jesie a guardar silencio.

Has desperdiciado tu vida, no tienes amigos ni nadie que te aprecie. Los hijos de tu hermana ni siquiera saben que tienen una tía obsesionada con el poder y hay una gran amenaza que se cierne contra ti: pronto las personas y los robots dejarán de utilizar la ropa tradicional, gracias a un invento de tu peor rival, Charles Leeon, con el cual todo atuendo podrá materializarse con solo pensarlo.

– Siempre tendré mi fortuna en BTC. No intentes asustarme.

– Recibirás la visita de tres fantasmas: el de la Navidad futura, el de la presente y el de la pasada. Si no aprendes la lección, enviaré a mis nanobots infectados contra tu cartera y me robaré todos tus fondos.

El pirata informático desapareció rápidamente sin que Jesie se percatara de que había saltado por una de las ventanas. Ella quedó helada con su declaración ¿Cómo Nancy, su casa inteligente, había dejado pasar a ese ser repugnante? Si logró pasar la seguridad de Nancy, definitivamente se trataba de un ciberdelincuente hábil. Trató de comunicarse con los agentes de defensa que conocía, pero la señal de sus lentes había sido bloqueada, así como todas las salidas de la casa.

Jesie mantuvo la calma. Estaba dispuesta de recibir esos “fantasmas” que había nombrado el hacker y despacharlos lo más rápido que se pudiera…

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Acerca del autor

Zuleika Salgado

Entusiasta de la tecnología blockchain y el arte.

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