-
Bitcoin es una pieza de escasez absoluta a nivel universal.
-
Las matemáticas con las que funciona bitcoin son válidas aquí o en el planeta más lejano.
Olvídese de los ETF de Wall Street o de las decisiones de la FED por un momento. El mercado de predicciones Polymarket acaba de poner sobre la mesa un escenario que deja pequeña cualquier gráfica de velas o análisis técnico: hay altas probabilidades de que se confirme oficialmente que no estamos solos en el universo.
Tras las recientes órdenes de desclasificación de Donald Trump y las curiosas «aclaraciones» de Barack Obama sobre los OVNI, las probabilidades de un anuncio oficial antes de 2027 han saltado hasta el 25% en Polymarket (¿acaso usted se atreve a dudar de la capacidad predictiva de Polymarket? ¡claro que no!).

Pero aquí es donde la cosa se pone verdaderamente interesante para los entusiastas de bitcoin. ¿Qué pasa si luego de entablar contacto con seres de otro mundo, estos extraterrestres son «evangelizados» con la Buena Nueva de Bitcoin, aceptan el mensaje de Satoshi Nakamoto, se convierten en lectores de CriptoNoticias y deciden que quieren comenzar a acumular sats en sus wallets interplanetarias?
Pero no vaya usted a pensar que este artículo es una broma (solamente). Imagínese que confirmamos vida, aunque sea a nivel celular o microscópico en las lunas de Júpiter. Eso cambiaría nuestra percepción sobre todo lo que conocemos y amplía la posibilidad de que exista vida inteligente en algún sitio.
En ese contexto, bitcoin adquiriría una relevancia universal. El protocolo creado por Satoshi Nakamoto es una obra de ingeniería matemática que solo existe —que sepamos— en nuestros servidores terrícolas.
Podría darse el caso de que la red de Bitcoin, con sus inamovibles 21 millones de unidades, sea literalmente el activo más escaso de todo el universo conocido. Mientras que un asteroide puede traer toneladas de metales preciosos y desplomar sus precios, nadie puede «minar» un asteroide para sacar más bitcoin.
Quizás, ya hay cvilizaciones avanzadas que podrían estar observando nuestra red monetaria descentralizada con envidia. ¿Por qué querrían seres de otros mundos poseer una parte de bitcoin? Porque es un sistema de confianza pura basado en leyes universales: las matemáticas.

Bitcoin no necesita un embajador ni un tratado de paz; solo necesita electricidad y matemáticas, dos cosas que cualquier civilización avanzada debería entender a la perfección.
Si se desatara una «manía» por poseer la moneda digital a nivel interplanetario, el precio actual nos parecería una propina. Estaríamos hablando de una demanda que no proviene de países, sino de mundos enteros buscando una pieza de la escasez absoluta de la humanidad.
Ya sea que el contacto ocurra con una civilización tipo II en la escala de Kardashov o con una humilde bacteria marciana, bitcoin se perfila como el lenguaje financiero universal. Después de todo, si los extraterrestres son tan inteligentes como dicen, seguramente podrán entender rápido el whitepaper y estarán esperando ansiosos el próximo halving.








