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El gran escándalo del Laboratorio Blockchain

El gran escándalo del Laboratorio Blockchain

Son las 2:00 de la mañana. Insomnio. Semanas haciendo lo mismo por las noches: no duermo, solo pienso. Hace mes y medio que no tengo noticias de la Alianza.

Lo último que hicimos fue desalojar la Gran Mina. Una operación nocturna en la que movilizamos unos 10 camiones con todos los mineros dentro. La idea era llevarlos a posiciones seguras, a distintos puntos del país.

El edificio quedó completamente abandonado. Hace exactamente una semana y media, funcionarios del gobierno hicieron una redada contra nuestra base. Nos salvamos, pero parece que eso terminó con la Alianza. Lo peor es que no tengo cómo comunicarme con ninguno. Al parecer, las amenzas con terrorismo y la campaña mediática contra nuestra organización ha sido suficiente para evaporarla.

Tengo dinero suficiente como para irme del país. Si me voy, probablemente nunca volveré a ser el mismo, pero al menos no estaré bajo este yugo sin cuartel. Dudo de la Alianza. En realidad, en este punto ya dudo de todo.

Cacería

Alguien toca la puerta. Primero dos golpes suaves, luego un golpe seco, luego dos golpes suaves. ¡Es Kepler!, pienso emocionado. Me abalanzo hasta la puerta y efectivamente, encuentro a Kepler en el pórtico. Está pálido, un poco sudoroso.

– Necesito que veas esto. Me arroja un periódico.

En la primera plana se lee un titular grandilocuente: “‘Vamos a cazar a esos perros’: lo que dijo el presidente sobre el supuesto video”. Revisa el artículo, revisa la página 8.

Empiezo a leer. En resumidas cuentas, el gobierno mantiene la acusación de terrorismo, pero esta vez han tejido unas conexiones con gobiernos de otros países y miembros de la Alianza. Un complot para sacarlos del poder, aseguran. Además, se habla de un supuesto video con el que estarían extorsionando al presidente, un video en el que se ve comprometida su moral, aunque no queda claro el contenido del mismo. El artículo termina con la cita del presidente: “Vamos a cazar a esos perros. Nosotros no le tenemos miedo a nada. Somos un pueblo de libertad y verdad”.

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Empieza la cacería. Perros, terroristas. Así nos llama el gobierno por defender la privacidad y promover el uso de Bitcoin. Fuente: Pexels/Pixabay.

Hace tiempo que la gente está decepcionada del gobierno, descontenta. Ellos se sostienen en el poder solo por el control y la represión, su propia criptomoneda, consumo regulado, trabajo inútil, ocupaciones para inmovilizarnos. Un gran escándalo podría ser demasiado en un país en el que, casi a diario, hay protestas de todo tipo, que son reprimidas con mayor ferocidad cada vez. El frente interno empieza a arder. A nivel internacional hay acusaciones y dudas. Todos están pendientes de nuestro destino.

– Mira la página 8, me urge Kepler.

Abro la página en cuestión, y veo una colección de fotografías de la gente de la Alianza. En distintos momentos, uno a uno, los miembros de la organización han sido retratados. La imagen más grande tiene el rostro de Kepler. “No identificado. Jefe del Grupo Terrorista Alianza Sin Nombre”, se lee bajo la fotografía. “Utilizan criptomonedas prohibidas. Difunden mentiras sobre el COLT y el gobierno. Peligrosos”.

Busco mi cara y no la consigo. ¿Aún soy invisible?

– Eres el único que no aparece. El único. No voy a huir pero sé que me siguen. Es cuestión de tiempo para que me atrapen. Aprovecharé eso, pero aún queda una última misión. Esta es una buena oportunidad. Es, en definitiva nuestra, última opción, ¿estás preparado?

Asentí.

El Laboratorio Blockchain

Kepler, efectivamente, tenía un video en el que se observaba al presidente faltando a su moral. Pero no se trataba de un video sexual, ni mucho menos, sino de una ejecución. Por alguna extraña razón, algún miembro del círculo más cercano del presidente grabó la ejecución del primer equipo de científicos que creó el COLT y su blockchain.

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La creación del COLT y del Laboratorio Blockchain fue seguida de cerca por la Alianza. Esto le costó la vida a varios miembros de la organización. Fuente: Boskampi/Pixabay.

Al darse cuenta de las intenciones reales del gobierno, los sujetos amenazaron con revelar todos los planes del presidente y el alto gobierno. Tuvieron que sacarlos del camino. El video llegó a manos de Kepler, previo pago de miles de bitcoins a un secuaz del gobierno que se exilió con esta fortuna. Miles de bitcoins por lavarse las manos.

El sadismo y el goce del presidente y su círculo íntimo presenciando la ejecución resultarían en un gran detonante para el momento difícil que atravesaba el gobierno, al menos de cara a la opinión pública nacional. Protestas a diario, un presidente probadamente desalmado, una rebelión popular parecía un escenario probable, aunque la idea era que no hubiese violencia.

Además, un escándalo de esta magnitud podría precipitar una mayor presión internacional, a fin de concretar la realización de elecciones con el sistema de votaciones de la Gran Unión Internacional, una institución internacional en donde los gobiernos del mundo debatían los grandes problemas socio-políticos, económicos y financieros del mundo, bajo cuyo software se realizaban todas las elecciones de los países miembros.

Miembros del Laboratorio Blockchain original también fueron parte de la Alianza. No podíamos dejar que experimentaran con esta tecnología sin saber qué hacían. Fue demasiado; siempre han querido el poder. Solo eso. Ahí estaban Descartes, Schrördinger y Galileo. Todos murieron a manos de esta basura. Toma, -me entregó dos pequeños discos duros- en ambos está el video. A todos nos buscan, muchos ya cruzaron, otros están presos, algunos cuidan los mineros, escondidos. Yo crearé una distracción. Quedan dos personas que recibieron ayuda de la Alianza en el Centro de Transmisiones. Debes llevar al menos uno de los discos hasta allí. Ellos te dejarán entrar y deberás colocar el video en transmisión nacional. Hemos creado un software que permite que se retrasnmita de manera indefinida una vez esté en su sistema, así que tendrían que desconectar el sistema completo y eso lleva tiempo. Es nuestra última carta. Ese será mi día, amigo mío.

Sonreí.

Creo que nunca había visto tanto entusiasmo y optimismo en nadie, menos en una situación de desventaja semejante. ¿Has visto la cara de la muerte? Kepler era todo aceptación. Lo que fuera que haría, parecía iba a ser su acto final. El plan era demasiado simple. Me preocupé, lo juro. Todo un gobierno sin control, todo un Estado en nuestra búsqueda, contra el plan más simple de todos. Una hora, una puerta. Dos personas, descripción física y el lema “me llaman aliado”. Un cuarto, una conexión. Extremadamente simple.

– ¡Y boom! Luego tienes que huir como puedas. Esto lo haremos en 48 horas a partir de ahora. Debes estar atento a las transmisiones. Tendrás noticias de mí. Asegúrate de ser puntual. 48 horas exactas. Son las 2:45. Ya debo irme. Me entregó un sobre y me dijo: adentro hay casi 1.000 bitcoins. Si sobrevives, puede que te sean de ayuda. Ya no te quedes más aquí.

Nos despedimos.

El día

Nunca había sentido tanta tensión en mi vida. Ya habían pasado 46 horas y aún no había visto a Kepler en las transmisiones. Ansiedad. Los videos en el bolsillo. El sobre millonario resultó ser una cartera de papel, viejísima, de 12 palabras. Si sobrevivía, iba a ser millonario. Las memoricé y me deshice del papel. Me había estado quedando en un hotel de mala muerte. Solo me aseguré de tener un televisor, para poder ver las noticias. Llegó el momento.

De acuerdo con la periodista, acababan de abatir al presunto líder de la Alianza, el peligroso grupo terrorista. El sujeto en cuestión había acudido a las puertas de la casa presidencial, bien entrada la noche, supuestamente cargado de explosivos, para inmolarse. Sin embargo, fuentes extraoficiales afirman que al sujeto solo se le encontraron una importante cantidad de volantes con una leyenda: “Mi intención es demostrar que la máquina celestial no es como un ser divino, sino como un reloj. Usa bitcoins”. Kepler había muerto.

No se ofrecieron más detalles, pero el cuadro horrendo de los volantes ensangrentados fue bastante esclarecedor. El gobierno había dado muerte a un sujeto aparentemente pacífico, acusado de terrorismo y la opinión pública ya se había enterado. Media hora más.

La transmisión de un mensaje público del gobierno, todos los altos funcionarios, cuerpos de seguridad. Todos, a esa hora de la madrugada a más de 100 kilómetros de mi objetivo. Vi el rostro regordete del presidente. Esa era mi señal.

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En la transmisión estaban todos los funcionarios del alto gobierno, miembros de los cuerpos de seguridad, funcionarios de cuerpos especiales. Kepler los concentró a todos en un mismo lugar. Fuente: Methodshop/Pixabay.

Salí del cuarto. Dejé pagas 5 noches más. Pedí expresamente que no se hiciera la limpieza del cuarto hasta que yo llegara. Pagué un poco más por llevarme la llave conmigo. Dejé una de las copias del video bien escondido en ese cuarto, y una nota breve sobre su contenido, por si nunca regresaba. Necesitaba tener éxito. Todos lo necesitábamos.

Estuve frente a la puerta acordada a la hora justa. Toqué la puerta. Las dos personas descritas me atendieron al momento. “Me llaman aliado”, dije apenas los vi. Asintieron y me dejaron entrar. No había nadie en ningún lugar del edificio, solo nosotros. Las grandes causas siempre encuentran su hora precisa.

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Logramos transmitir el horrendo video. El presidente y su risa. La opinión pública entró en cólera. Fuente: mimisof/Pixabay.

El cuarto, la conexión. Habíamos triunfado definitivamente.

Elecciones transparentes

Para cuando el gobierno tuvo noticias del desastre, era imposible detener las consecuencias. El goce del presidente viendo morir a los científicos, los aplausos y el sadismo de su risa. Un loop grotesco. Las calles ardieron a las pocas horas de mi incursión en el Centro de Transmisiones. Familiares de los asesinados, conocidos y en general la gran mayoría del país, indignada. Para cuando el gobierno llegó al lugar, yo ya había recuperado el otro disco, y esperaba pacientemente para poder reactivar mi monedero millonario. El sencillo plan de Kepler funcionó completamente.

El país entero exigía la renuncia del presidente y elecciones libres. El gobierno se reagrupó, pero reprimir semejante movimiento popular, tras el asesinato de Kepler y la divulgación del video hubiese supuesto un costo muy alto, una probable corrección internacional por la vía de la violencia.

Probablemente habría entre ellos el que hubiese aceptado gustoso, pero el gobierno cedió, aplastado por las evidencias de sus actos. La presión de la Gran Unión Internacional finiquitó la voluntad de la gente. Habrían elecciones, y el presidente y buena parte de los funcionarios de su gobierno enfrentarían procesos judiciales.

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Elecciones transparentes, con un sistema de contabilidad distribuido a nivel global. Una implementación tecnológica para garantizar el funcionamiento de las elecciones a nivel mundial. Fuente: Cler-Free-Vector-Images/Pixabay.

El sistema de la Gran Unión tenía nodos en cada país miembro, y el registro de las votaciones era completamente público, de manera que se podía seguir perfectamente la realización y desenlace de las votaciones en todo el mundo, con observadores de todas las nacionalidades, lo que garantizaba la inviolabilidad de los resultados. Cada país pagaba un pequeño porcentaje de su Producto Interno Bruto para mantener el funcionamiento de esta red global. El consenso internacional a hombros de esta tecnología. Al menos ahora podríamos reconstruir nuestro país, ya sin el control y la devastación del gobierno del Movimiento Nacional.

La gente eligió un gobierno de coalición civil. Los actores políticos que habían dominado la escena nacional hasta entonces quedaron relegados. El gobierno se había constituido con ciudadanos de renombre y no había una figura única, sino un gran equipo. Una promesa de reconstrucción verdaderamente popular, profundamente civil.

¿Y yo? Verdad. Ventana. Reto. Máscara. Causa. Pelusa. Verde. Daga. Arete. Bienvenido. Niño. Consenso. Solo pensaba en las palabras. Las memoricé vehemente. Las decía a la carrera. Con el dinero que me dejó Kepler logré reactivar nuestra red. Preferí contactar a los miembros de la Alianza y recuperar nuestros equipos de minería antes que irme. Ya no tendríamos que estar en la clandestinidad y podríamos enseñar sobre criptomonedas y privacidad abiertamente.

Si bien el gobierno había cambiado y se olvidó completamente la cacería de la Alianza, nuestras actividades aún no cesarían. La Alianza sin nombre aún sería útil para la reconstrucción del país, enarbolando las banderas de la privacidad financiera y personal, enarbolando las potencialidades de Bitcoin y las criptomonedas para el beneficio de los ciudadanos, para que gobiernos autoritarios no vuelvan al poder.

Imagen destacada por Sergey Nivens / stock.adobe.com


Descargo de responsabilidad: Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos o hechos que aparecen en la misma son producto de la imaginación del autor o bien se usan en el marco de la ficción. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia.

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Acerca del autor

Javier Bastardo

Filósofo poseedor de una curiosidad incurable. Entusiasmado por las potencialidades de las criptomonedas y blockchain en el mundo que viene.

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