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El Bitcoin contra el dólar: relato de una guerra

El Bitcoin contra el dólar: relato de una guerra

La ciencia es peligrosa; hemos de tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada. Aldous Huxley, “Un mundo feliz”.

Era la primera vez que la familia viajaba en tren con dirección a Europa desde la estación de Buenos Aires, Argentina. Desde hacía una década se había abierto esta ruta, junto a la de Río de Janeiro y la de Viña del Mar, con el fin de conectar ambos continentes.

Su destino era la ciudad de Ámsterdam. Igor, el padre, le mostraba a Getta que el equipaje había sido exitosamente registrado en la blockchain. Desde que se implementó esa técnica nadie había vuelto a perder sus maletas. De igual forma, los trenes llegaban y salían con absoluta puntualidad debido a que la tecnología de contabilidad distribuida podía coordinar con precisión sus salidas y entradas.

Getta se dirigía al lugar donde esperaban sus hijos, Vicky, de 5 años, y Camilo, de 16. En la pantalla de hologramas que había a un lado de los jóvenes se proyectaba de nuevo un anuncio de la campaña “Unidad Mundial”, la que pretendía erradicar de una vez por todas las fronteras, y terminar el trabajo que ya estaba bastante adelantado, puesto que las nacionalidades habían sido eliminadas y los gobiernos habían sido reemplazados por un “Consejo de Ciudadanos”, donde todas las personas mayores de 14 años tenían el derecho de decidir ante cualquier cuestión que se encontrara siendo discutida con tan solo un clic en sus dispositivos portátiles.

Por las noches, el abuelo de Vicky narraba historias asombrosas sobre unos elementos que las personas guardaban en sus bolsillos y servían para intercambiar por todo tipo de cosas. La pequeña, de tan sólo 5 años, no comprendía cómo funcionaban estas ‘moneras’, pero sí recordaba que su abuelo alguna vez dijo que servían para pedir deseos. Se moría de ganas por lanzar estas ‘moneras’ a los pececitos que nadaban alrededor del tubo No.5 de la estación subacuática donde se encontraban esperando para abordar.

Igor aprovechó que su mujer y los niños estaban entretenidos y se dirigió al extremo de la estación donde se veía la profundidad azul de un océano que en algún momento la humanidad consideró como algo misterioso. Una vez allí, puso a descargar las últimas actualizaciones para sus pulmones biomecánicos, los cuales tuvieron que ser reemplazados a consecuencia de una explosión ocurrida durante la “Guerra de las Corporaciones”, mejor conocida como “El Bitcoin contra el Dólar”, en la cual luchó del lado de los “Ciudadanos Unidos”.

Igor recordó lo mal que lo había pasado en esta guerra tan cruenta que cobró muchas vidas cercanas a él. Fue impulsada por los grandes bancos del mundo y corporaciones multimillonarias que en la época en que la blockchain estaba siendo descubierta habían invertido mucho capital para apropiarse de esta tecnología. El movimiento en su contra se afianzó con el minado del último bloque de Bitcoin, y los ciudadanos, cansados de los gobiernos y con la ayuda tanto de hackers de sombrero negro como de blanco, lograron derrotar y apresar a sus principales líderes. Sin embargo, algunos de ellos lograron huir, y no se había sabido de ellos en mucho tiempo.

Camilo había subido el volumen de la música estroboscópica que coloreaba todos sus sentidos con cada sonido, para no escuchar los molestos chillidos de su hermana menor. La verdad es que no quería viajar a Europa, “¿para qué hacerlo físicamente si ya lo he hecho tantas veces con realidad aumentada?” se preguntaba. Sin embargo, su madre no lo dejaba pasar mucho tiempo a solas desde el rumor de que estaban secuestrando personas para minar criptomonedas, así que tenía que aguantar lo más que pudiera. Por suerte, su dispositivo móvil tenía la batería que más duraba en el mercado, y durante unas horas no tendría que preocuparse por recargarla.

Una de las notificaciones que interrumpieron la música que estaba proyectándose en los ojos de Camilo fue la de GyHaf65, uno de sus amigos del instituto, el cual le transmitía varias fuentes en las que se reseñaba un motín en contra de los “Ciudadanos Unidos”, organizado por esas personas que defendían el uso del dólar incluso después de su caída y se autodenominaban “dolaristas”. Según la información recibida por Camilo, el movimiento daría un golpe en Buenos Aires, principal defensora de la caída de las fronteras, en cualquier momento.

Camilo, como todo muchacho parte de la generación Baby Alpha-Z-X, no hizo caso a estos rumores, al fin y al cabo, la información databa de cuatro horas atrás, demasiado viejo para ser verdad.

La familia abordó el tren escaneando el código QR y tomó las píldoras antipresión, las cuales los preparaban para el viaje por el lecho marino. Vicky estaba tan emocionada que quería saltar, pero el asiento transmagnético la mantenía en su sitio. Sobre el tubo que separaba el tren del océano varios trabajadores vestidos con modernas escafandras se daban a la tarea de limpiar los parásitos y las algas que entorpecían la vista de los viajeros. Getta les dio una propina en litecoin, la moneda usada para pagar sus sueldos.

Un gran grito de Vicky pudo estremecer incluso a Camilo, quien se encontraba teniendo un encuentro neuronal-sexual con uno de sus amigos. “¡Es una sirena, con cola y larga cabellera, lo es!”, gritaba la niña. Todos voltearon hacia un objeto que se acercaba rápidamente hacia el tubo. Apretando los ojos, Camilo no tuvo la oportunidad de darse cuenta de que aquel objeto se trataba de un torpedo hipersónico lanzado por los dolaristas, quienes efectivamente habían lanzado su ataque. La calma del océano se vio interrumpida por el inicio de una guerra que seguramente traería mayores consecuencias que la anterior…

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Acerca del autor

Zuleika Salgado

Bitcoiner y aficionada a la literatura.

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